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24 mar 2021

El mareo de la noche.



Qué ocurre, de repente me ví acompañado de tres amigas, pero algo me ha hecho virar a los lados, he subido al transporte, es sábado 2 de mayo, 2009. Pasan los minutos y sé que aproximandome a las 8 de la noche, algo pasará que me hará sinuosa la intención de querer salir de mi casa, el día se ha colocado en tonos grises, hay un frío extraño y el resoplo del viento ha hecho que hasta los codos me duelan.

    Tengo $500.00, estoy ansioso porque, veré a mi amada en unos momentos, no es el sitio que me gustaría estar con ella, pero estaré con ella.

    He subido al transporte, francamente siento miedo y el frío de una noche en la que acaba de llover, no ha hecho más que complicar las cosas y el ambiente. "Puente de Vigas" luce tan tétrico, desde antes de salir de casa ya había recibido las primeras reprendas acerca de mi salida, y parecía que ya me habían marcado el destino ahí. Mi teléfono queda sin señal, está oscuro, camino en línea recta regresando de un punto a otro, hasta que decido subir la cuesta de la avenida, subir el puente y llegar al sitio acordado por mi amada, he librado el peligro de estar a 6 km de mi hogar, nos han recibido en el sitio, hemos pagado "un cover" que ya nos ha dejado acceso a comidas, bebidas y baile.
    
    No imaginan cuánto odio esos sitios, la gente se llena de humo, luces, y son sitios para ir de cacería. Nos han llevado vodka, nos han llevado "Malibú", ella me ve con un poco de reserva, quizás dentro de sí hay algo de reserva hacia mi persona, creo que ella está midiendo distancias, y me es inevitable no sentirlo.

    Hay un par de furtivos hombres, han visto a mi novia tras mi renuencia a bailar; yo me he mantenido sentado viendo al vaso lleno de ese líquido blanquecino y empalagoso, que por empalagoso se declara fuerte de alcohol, solo observo una y otra vez el ambiente, luces neón, humo de hielo seco, el aroma de los cigarros y las colillas ahí, amontonadas, los vasos cada uno a uno, yéndose de la mesa por los empleados quienes no dejan de verme, no han parado de mirar cual rastrero animal acechando algo que no debería rondar; he visto que a mi amada se le acercan estos hombres, ella baila con uno de ellos pero, ella misma ha dejado a uno con tal de sentarse conmigo y llenarme la cara de besos. He visto a ese par preparando el ataque, quizás en el baño, quizás en la salida, supongo yo esperaba un navajazo, un puñetazo.

    Siento el aroma del alcohol por la nariz, el cigarro se ha impregnado en mi lengua, he comenzado a flaquear, he mirado al reloj en signo de malestar, solo faltan tres horas para que del lugar nos pidan retirarnos, yo no lo disfruto y he comenzado a sentir sueño, me he quedado dormido, me han sacado de ahí, la cabeza me da vueltas, y en breves episodios recuerdo estar fuera del recinto, en el frío y esperando un transporte que posiblemente nos vaya a llevar o no al destino, en el salón han determinado que no pueden tener a alguien que se ha quedado dormido.

    No recuerdo como llegué ahí, pero estoy en la sala de ella, ese mueble en que semanas atrás en tiempos de pandemia porcina, me vi besando sus mejillas y quitarle su labial color café claro que tanto amaba; ahora me tiene en sus brazos, me ve llorar, no sé por que lloro, pero algo me ha sacado el alcohol, quizás el miedo, quizás he visto lo que se acerca. Ocurrirán las semanas y no podré siquiera recopilar las cosas que pude decir, solo sé que acabé en brazos de ellas cuando se suponía debía ser su guardia. A mi amada no le ha quedado de otra que decidir por mí, supongo le dejé en vergüenza, supongo quise defender su existencia de aquellos furtivos ojos, supongo solo fue escuchar el sufrir de mis ojos por la cantidad de alcohol ingerido, sé que ella me dejará, lo he visto y ella supongo, no hará más extenso mi malestar, ha decidido dejarme.

    Su ausencia no se podrá hacer más patente, me mandará una misiva, y cortará de tajo todo esto, me dejará con la intención de saber qué pasará, qué ocurrió, habrá momentos en que se sabrán con la capacidad de contar y saber lo ocurrido de ese entonces, pero habrá momentos en que el poco valor ganará, y diremos que "no, que es mejor dejarlo así."

Se de todo esto, que el alma la tendré partida por mucho tiempo.

28 ene 2021

Fantasmas

 


Cuando una persona muere, su espíritu queda encerrado en el escorzo que forman los muros en donde su cuerpo físico respiró por última ocasión, por ello, las almas penan, quedan ahí y vuelven frío el ambiente, ahuyentan a quien resida en esos lugares, no soportan la idea de compartir espacio con seres vacuos y frívolos por ello recurren al espanto. 

    No les basta que les pongas velas, no basta con llamar al curandero, ni al espiritista para comunicarse con él. Las almas son un lemento etéreo que queda atrapado en las paredes, en los rincones, en el filo de las cornisas, en las juntas de los mosaicos, en las tuberías. Lo mejor es derrumbar la casa, hacer fallar las estructuras y que todo vaya acabando poco a poco para ese sitio, que la ruptura de sus muros deje escapar todos los lamentos, todos los suspiros de este o todos los seres que han transitado en ese lugar.  

    Y si me lo preguntas, respondo a ello que, derrumbar un sitio, significará reconstruir algo que traerá nuevas historias. 

1 nov 2009

El Cuarto a Obscuras.


Hay un cuarto a oscuras, te sientes solo, el viento sopla de tal forma que parece que las ventanas están abiertas, pero te asomas a la ventana y no hay indicio alguno de que haya rendija abierta por la cual el viento se cuele, el día está gris, los arboles están secos y sin rastro alguno de las hojas; recuerdas los pequeños fragmentos que has leído de Edgar Allan Poe, en tu radio se reproduce una de tantas canciones sombrías que tanto te encanta escuchar.

    Hay una voz, se ahoga, susurra, el viento sopla fuerte, rechinan las ramas del árbol, las pocas hojas presentes se sacuden, y el alumbrado de la calle se ha ido, el viento hace estragos y la oscuridad se densifica, no hay ninguna vela que pueda iluminar ese cuarto, y la música sigue.

    Parece que a estas almas, les encanta el sonido oscuro, vidrioso de tus discos, e inexorablemente la tarde cae, parece que llueve, se oyen las gotas golpear el cristal, estás sentado en el borde de esa ventana, y el frío entra por esas rendijas, tu cuarto a oscuras sigue con su negro esplendor, y sientes escalofríos; una mano recorre tu espalda, y te han soplado al oído.

    Volteas con mucha sospecha, pero no tienes miedo, por que tu ambiente últimamente se ha tornado ligeramente pesado, quieres que sea así y no te importan los crujidos del mueble, ni que los aparatos truenen, ni siquiera te importa el hecho de estar siendo observado por alguien que no ves, y que sabes que te tiene acorralado, las oraciones, las haces, miras a la cruz de tu pared, miras a esa figurilla y te preguntas sobre el cómo es posible que aquél ser se haya sacrificado por unas masas que incluso, lo niegan.

    En verdad, si lo hizo por amor, ese sentimiento ni existe, por lo menos y para ti; te miras obligado a lucir colores, pero el color negro y el gris son lo único que por tu cabeza existe, ronda, a pesar de ser tú, tan asiduo de los ocasos otoñales, hay veces en las que el odio, y todo aquello que te provoca sentirte frio, hacen que las lluvias te sepan mejor a pesar que a veces te llegan a fastidiar.

    Y el fantasma de tu recamara sigue, juega, rompe artefactos de vidrio, rompe espejos, y tú como si nada, quedas mirando la calle a oscuras que se cierne bajo tus pies y que inunda los cimientos de tu hogar, observas las gotas de lluvia estrellarse en el cristal, escuchas las voces tétricas, las pistas melancólicas, pero te importa un bledo el ruido de ese espíritu grisáceo, perdido. Esa sombra quiere llamar tu atención, pero la ignoras, y enciendes el 5º cigarrillo de tu cajetilla; para una compañía, deseable o no deseable, el olor del cigarro en un lugar encerrado, es insoportable, y sin meditarlo ni tenerlo en mente, detuviste la marcha pueril del infame espíritu.

    Mientras, las horas se van comiendo a los minutos y los minutos a los segundos, es verdad, parece eterno cuando parece que las voces tétricas de tus discos parecen correr sin la menor cavilación, siguiendo su curso tu cuarto es todo lo que podrías pensar, es todo lo que te cabe en un día completamente grisáceo y triste. Es lo que en tu mente se engendra mientras tanto, recuerdas que hay un retrato tuyo con una persona amada del pasado; la miras con suma extrañeza, te pones a pensar, tu amargura sube de tono y comienzas a reprocharte tantas cosas, todas las situaciones que hicieron que llegaras al grado de tener todo a oscuras teniendo el clima así; y ha parado de llover, las gotas no suenan, hay viento y ves un pequeño remolino que cruza la calle, se lleva hojas, aleja a los perros, ahuyenta a la gente y la hace guarecerse entre pórticos y establecimientos en los que el espacio les dé permanencia voluntaria.

    El reproche persiste mientras se observa al retrato, ya no brota lágrima alguna de tu avejentado rostro, solo tu ceño se frunce de tal modo que sientes que hay un volcán ardiendo y lo dejas estallar; avientas el retrato y se quiebra, oyes los pedazos del cristal protector golpear la pared y el suelo. La foto cae sin más, la pareja que está en esa imagen te hace comenzar a gritar, te cuesta trabajo asimilar no que estés solo, sino, el porqué terminaste haciendo y diciendo cuanta estupidez te brotaba del corazón, te golpeas el pecho, te jalas los cabellos y te golpeas la cabeza con el puño.

    Ya no lamentas la soledad que se hizo presente por sorpresa, nunca hubo lamento por el día gris, hay fantasmas en tu cuarto, hay unas oraciones que se tocan cuando se ha terminado el día, hay un crucifijo pegado en la pared, hay una ventana que da lugar al circo de la vida dando la función mas atroz en las calles, los perros no ladran, pero los fantasmas siguen, ya no te espantan, porque en tu mundo, solo tu corazón y tu cerebro reinan. Pero en esa diáspora de cosas que se lleva poco a poco a las nubes y poco a poco deja al descubierto un cielo color malva, anuncio de la huida del sol y el nacimiento de una noche que será larga, hay agujeros en el cielo, y los rayos de sol entran por cada descuido de las nubes, el sol quiere protagonizar su emerger en el ocaso.

El jazz aparece, pero siempre termina opacado por una indecisión, el cielo es estrellado aun sin merecerlo, el otoño poco a poco se acaba, y el suelo poco a poco comienza a succionar el agua que del cielo cayó.

Mientras comienzas por el séptimo cigarro de la tarde.