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6 abr 2021

Cuándo te has ido (el amor, el deseo en el hormiguero)


¡Qué días estando allá!

En el montículo de hormigas, donde si bien, todos tenían cuerpo de hormiga, y había mucho maíz por esa zona, y la abrasión de la ciudad en esa zona hizo que otras faunas llegaran a ese punto. Ahí, las tardes, como aquí, se aprendieron a amar, se teñían de amarillo áureo, un naranja amelocotonado, las nubes viajaban y a la vista del cielo azul nunca taparon, el sotavento las llevaba a la puesta poniente creando una gama de celajes imponentes. 

    Han pasado muchos años desde el momento en que cerré la puerta de ese lugar donde residí por última vez, y ahora que he vuelto, no puedo decir mucho de las caras de las personas, pues nunca me interesaron, pero he visto varios puntos que sí se han transformado, la mayoría siguen igual. 

    Hoy, en tiempos de encierro, decidí emprender el viaje desde el Metro Revolución, caminar por la Ribera de San Cosme, esquivando Puente de Alvarado, paso la casa de Mascarones, metro San Cosme, la ESANS, Circuito Interior, el cine Cosmos, el metro Normal, la Normal Superior de Maestros, el Casco de Santo Tomás. 

    Hay carriles confinados de bicicleta, el calor que se percibe es el mismo, mi música igual y es que esta, ha sido preparada con antelación ante la posibilidad de tomar calle y aprovechar ese sol que a mis 21 años tenía la costumbre de caminar. Ese lugar fue lo que el amor en dos personas que no se agradaban, aquí vine a madurar, aquí enfrenté mis primeras decepciones y llorarles mientras fumaba un cigarrillo, mis decepciones laborales, la crueldad del mundo y de los principios mentales que dan origen al placer. Aquí encontré poco a poco razones para amar la nada, aquello que nadie veía  y que solo yo disfrutaba; cuando ya el mundo dejó de resultarme fastidioso, cuando una mujer con nombre de "deseo" me coloreó y saborizó mis días con cerveza y cigarrillos, en un largo trayecto, acabé por rendirme a los pies de esta vida ahí. 

    15:00 horas, después de un largo día de recibir quejas de telefonía y responderlas de manera escrita, de probar unos tacos "campechanos" y un agua de un litro para aguantar las largas jornadas sentado, salía disparado de ese viejo edificio de avenida Yucatán, otro largo recorrido me esperaba en metro, llegar a la Normal caminando desde Insurgentes al metro del mismo nombre, transbordar en Pino Suárez, o caminar a Chilpancingo para hacer el largo trayecto a la línea 2 y transbordar en Chabacano y llegar a mi destino. Tenía la opción de subir a un transporte público, pero era más desesperante la espera, sentado, y la luz del sol pegándome mientras el carro llenaba gente. Opto por seguir caminando, atravesando puestos de comida, a futuros maestros, automotores aparcados, la hojarasca tirada y la sombra de las frondas de los árboles: atravieso la Avenida de los Maestros, llego a la Superior de Medicina del Politécnico, camino por una gran acera. 

    Hay un mix de canciones dispuestas a hacerme vivir el momento, llevo cuatro cigarrillos aún sin encender, hay varias jacarandas aguardando al momento de florecer... Es noviembre, octubre, febrero del siguiente año, ¡qué más da!  Estoy viviendo un momento único, no sé por cuánto tiempo será, pero seguro estoy que está siendo. Llego a Calzada de los Gallos, llego a las vías del tren, he llegado a un oasis llamado Nueva Santa María, mis canciones en español se cuentan una a una y he llegado a Eulalia Guzmán, voy con el sol a plomo, mi mochila Vans ahora no viene cubierta de aroma a cigarrillo pero voy en silencio, solo se me ve caminar por la gran calle, con unos audífonos naranja y la música a todo volumen, pienso en Desirée. 

    Atravieso la avenida, y camino dos cuadras, nada novedoso, solo casas del antiguo fraccionamiento, el Colegio La Paz... enciendo mi cigarrillo. Hace calor (como Los Rodriguez me cantaban), me estoy secando, mi piernas sienten el rigor de andar a las tantas de la tarde y mi deseo en la cabeza. Mis botas pesan, se han aligerado mis pasos, he atravesado el parque Revolución y me dirijo a Guanábana, voy por el segundo cigarrillo, me seco cada vez más, y a pesar de la sequía inducida, continúo avanzando. Mis canciones me han hecho ligero el viaje, a veces suena Jarabe de Palo, a veces es Enrique Bunbury, a veces es Miguel Mateos, Fobia, Las Pelotas, Radio Futura, Andrés Calamaro, Gustavo Cerati, José Fors, Amaral ¡qué lujo que todas esas voces confluyan en el recuerdo de la Desi! ¡Llegar a Azcapotzalco jamás había sido tan grato!

    He llegado a casa, una puerta a tiro de búnker nos abre paso. Tiro las cosas, no me quito las botas a pesar del dolor de piernas experimentado, me he quedado dormido, estoy sudando, estoy pagando la gracia de mi andar. Solo quiero que llegue la puesta de sol. 



Aquí, el atardecer con una cajetilla de cigarros y una cerveza da pie a mi ritual; al atardecer, veo al sol pegarle a las copas de los árboles, a las palmeras, los pájaros conocen el panorama mediante sus vuelos. Todo es color oro, amarillo, celajes de melocotón, como mi casa y su aroma a durazno. 

    El primer trago y suena "Bocanada", y libero mis estreses, mis ansiedades, maximizo al amor y me vuelvo uno con ella, aunque conmigo no esté, aunque solo la haya visto una vez, su recuerdo y persona han quedado para siempre. Con "Audiorama", intento recorrer la cinta de la película que me devuelve a aquél 24 de octubre en que la fui a dejar a su casa tras la feria del libro del Zócalo: Av. Monterrey y Nayarit donde se despide y me abraza, yo sigo mi curso hasta la glorieta de Insurgentes, yo traigo prendado ese recuerdo y en esta tarde, mirando al sol ponerse y romper las nubes. 

Su recuerdo, me baña con la luz del sol, el sabor de la cerveza, y "Córdoba" de Duncan Dhu. 

28 ene 2021

Cuando no estás.


H
e pasado los días, los meses, las vidas caminando solitario por las calles vacías, andando por fríos paisajes y, provocándome el sosiego mediante la sed, que con el alcohol podría ser apagado. 

    Llevo días pensando en esa maravillosa cualidad mía de ganarme a las personas, para el fin inicial, llegar a la meta y sentirme maravillado de tu compañía. 

    Y llegué contigo, después de un largo trecho casi conocido por mí; yo me pasé semanas mirando por la ventana. Me ha costado tiempo y cabello saber en qué momento sería el idóneo para saberme feliz con alguien. Intenté hallar fórmulas, romper algunas ya creadas; ser feliz y tratar de ser tolerante ante la beligerante diferencia mental que me supuso alguna por ahí, me dejé llevar por el curso de la vida... Y no quise repetir esa fallida metodología, regresé a un planteamiento evolucionado. 

    Cuando se mira tanto a la ventana como si se mirara tanto al interior de uno, y se tiene la cabeza llena de cosas, no es fácil que cualquier vibración haga efecto en uno; esa vibración tendrá que ser especial, debe generar música, colores, luz, paz. 

    Entonces, llegamos a nuestro puerto, me invadía la idea de saberme caminando contigo, con los perros, por el parque o yendo a alguno de esos restaurantes a los que acostumbraba acudir a solas; entonces el desear tanto la llegada o materialización de algo, cuando se tiene, se comienza a veces una etapa de desprecio o de desapego progresivo. 

    Yo no quería eso, pero creo que tampoco he podido hacer de lado la historia que te embarga, yo sé que no has podido hacer de lado a esa persona por la que viviste tanto y por tanto. Yo sé que hiciste el apreciable esfuerzo de tratar de vivir el hoy y el ahora conmigo, y te estoy completamente agradecido que por este tiempo me permitieras reimaginar la película que vimos cuando la universidad, y generar escenas mejores, argumentos todavía más sólidos y una vida hincada en el terreno, nuestra realidad no iba a ser capturada en Zaragoza o en Teruel, pero me bastaba con Coyoacán y Santa María la Ribera. 

    Me di cuenta cuando llegué del trabajo en el Castillo, te noté con el diablo adentro; y es que soy tan débil ante tí, que un promontorio en el mar me gritó irritado que las olas eran esa verdad que escondías. Ya no me sorprendía, aunque quise no ver que estabas pasando por una situación en que seguramente, una llamada te hizo toda la revoltura de emociones.

    Amor mío, no me siento derruido por dentro, sin embargo, un golpe a tiro de resquebrajo me dio cuando tuvimos nuestra comida con vino tras tu regreso, y te vi con la cabeza gacha, llorabas al preparar todo, llorabas por las noches y no quisiste decir palabra alguna, solo sonreías musitadamente. El declive de mi ánimo se dio cuando, en una noche en que debía resolver el resguardo de un convento me robaste de la mesa, tú, investida con una camisa mía bajo el argumento del encanto que te provocaba mi perfume, nos vimos enredados en pies y manos en cuestión de minutos... Sollozaste otro nombre. 

    Supuse te sorprenderías, supongo el éxtasis te había consumido que olvidaste mi nombre, o no te percataste de lo que dijiste; y en consecuencia, me gané el olvido, me regalé aislamiento. Me preguntaste posteriormente el porqué, muchas veces llegabas con las cosas de la cena y al escucharte llegar, prefería tomar mis cosas y salir, no volver pasada la medianoche. El estudio se tiñó de azul, y tu provocativa investidura desapareció, por yo haberme hecho a un lado... Cuando ya te cansaste corazón, cuando te agobió la serie de historias creadas por ti y darte cuenta de lo ocurrido al nombrarte al anterior ser humano, solo callaste y apoyaste la frente a la palma de tu mano. Y no lo negaste, ni te empeñaste en confirmarlo, ya no había mayor confirmación que el fondo musical de "Cuando no estás", y el sol del agonizante día.

    Ahora, he vuelto al inicio, mi estudio yace cubierto de focos, he cambiado el interior, y la ventana permanece abierta al resplandor del sol de las tardes, al soplar del viento. Hay aún un parque y los perros en el; los restaurantes también permanecen, pero solamente yo, acudo a gastar mis momentos ahí, suspirando por tu ausencia, y el regocijo de una saludable vuelta a la soledad. 

13 mar 2016

La máquina que forzaba su paso.



Esos "Te amo",
disfrazados de "te adoro",
las mañanas que se tornan inclementes,
largas, pesadas,
esas que me hacen desearte,
y que en mis adentros,
hacen esperar ese momento,
para derretirme en tu calor.

Un "te amo",
disfrazado de "te adoro",
y mi mente divaga,
entra en la calma por saber,
que tu amor me colma,
entra en conflicto por el temor de perderte.

Los telones de mis palabras,
ese tesón tuyo por vivir el hoy,
vivimos en esta vorágine llamada "amor"
y a tus pies me rindo,
soltando las riendas de mis humores volátiles.

Un "Te adoro",
que guarda a un "Te amo",
un abrazo que muestra cuánto te extraño,
mis paisajes cobran otro sentido,
y mis soledades ya no son tan solas,
si tomo una píldora de ternura,
y comienzo a recordarte,
a adorarte,
a pensar que llegarás con tus labios,
rogándome a gritos que los muerda. 

25 oct 2015

Recuerdos al suelo.



Y ahora, nos vemos tirados al suelo, parece que ha sido mucho tiempo desde aquellos días en que comenzó todo esto; la toma de la Universidad por la tropa, recuerdo que quedaste atrapado en los baños de Arquitectura, y tuviste la suerte de escapar a expensas de que te encontraran. ¡Bendito Dios que, no te pasó algo! Otros no corrieron con la misma suerte y aparecieron asesinados días después.

Y, me veo contigo, tirados al suelo, recordando cada uno de esos días turbulentos del verano de 1968, las largas jornadas en las brigadas, en la periferia de la Ciudad: La Merced, Iztapalapa, Tacubaya, Coapa; las noticias que nos llegaban por boca de los compañeros sobre la sangrienta derrota y toma del Politécnico a manos del Ejército.

Las ocasiones en que preferíamos hacer a un lado esas cosas e ir al Cine Tlatelolco, a la Zona Rosa (aunque sea a mirar o tomar un café), la iluminación del Centro. Cuando llegabas y me dabas vueltas por el Centro Médico; los momentos en que nos pasábamos tirados en el pasto, en las islas de Ciudad Universitaria, observando el recorrido de las nubes y dejando al tiempo escurrirse.

O como cuando me pediste ser tu compañera, ese día fue realmente inesperado, y dije que debía meditarlo, estaba sin cabeza por las cosas que pasaban a nuestro alrededor, la ignominia de nuestros adultos y tu estado de salud me tenían con cierto desconcierto; vivías con ese pendiente de cuidarte las espaldas, ya habías tenido ciertos episodios en los que el pánico te abordaba y no sabías en qué momento, podría llegar a ser el último. Vivías esperando el "apañon" -como decías tú-.

Y cuando recibí tu propuesta, hasta habías comenzado a tartamudear...

Nunca imaginé verte así, estaba anonadada, nunca vi o pensé llegar a ver al hombre fuerte y alto, arquitecto de estudio, guerrero de pensamiento y acción doblegarse, perderse por una cosa así; y es que, no era cualquier cosa.

Un hombre fuerte adopta esa fortaleza
por la cantidad de sucesos previos que vivió en el pasado, cosas que ya no me tocó ver en ti, para apaciguarlas, para tranquilizarte, para que no tuvieras casi todo el tiempo ese rictus de seriedad en la frente; pero de repente, te viste tan tierno y vulnerable en ese instante.

Recuerdo los mítines en Tlatelolco, las noticias de aquellas encarnizadas batallas en la ciudad, la bazuka en San Ildefonso, el ataque a la Vocacional 5; me preguntaba si era necesario que todo esto hubiera llegado a este punto. La vida debía cambiar y para ello, la vida debía dar giros para que ese sacrificio no fuera en vano, aunque lo terrible de todo esto, era el sacrificio mismo.

Había yo salvado el pellejo el día que la Universidad fue tomada, yo estaba en Copilco cuando escuché que la gente daba alaridos de terror por la cercanía de la tropa; yo iba con mi bonche de papeles que recién había recibido por mi labor en el mimeógrafo, largas jornadas de sonidos mecánicos para informarle a todos que, nuestra lucha era pacífica (¡de qué serviría!).

Esa tarde, sentí un terrible sobresalto, y me dirigí corriendo a CU; Mariela, nuestra amiga en común me detuvo -poco le faltó para clavarse al suelo para evitar mi marcha-. Pero ya no pude hacer más, la Universidad ya estaba rodeada, lo único en lo que pensaba era en tu horror y el coraje que las bayonetas te provocaban, te imaginé en alguna de esas escenas que salieron al otro día por el periódico: sometidos, manos a la nuca, acostados en la plaza de Rectoría, o parados con los militares acosándolos a ustedes, y cantando el himno nacional con los dedos levantados con la "V" de victoria.

Pero, también recordé que detestas cantar el himno nacional, no por una expresión apátrida sino, porque no te parecía correcto usar una letra que enaltece a la patria mediante la guerra, en un movimiento pacífico.

Sentí que el corazón se me iba ese día, te recuerdo por ultima vez en la cafetería de la Universidad, dijiste que recogerías material que olvidaste en el taller; o si acudirías a informarte sobre alguna resolución a la que se haya llegado en alguna de las largas disertaciones del Consejo.

Me contaste que tuviste que caminar largas horas por la oscuridad,
sorteando a las alimañas del pedregal, las espinas de la vegetación de Santo Domingo, y con el amplio temor de ser hallado por algún hambriento militar; dos días con el Jesús en la boca, hasta que te vi desgañitado y con muchos raspones, tus botas ya lucían la marca del trato de la roca, y ya se había despegado la suela y tus pantalones lucian rasgados, pasaste horas escondiéndote en alguna caverna; tomaste Insurgentes y seguiste tu marcha hasta Chapultepec y de ahí a Tacuba. ¡Qué cansancio el tuyo! Dos días sin comer y beber algo, tuve que marcar a la Dra. Arámburo para no ir al Hospital y te hicieran preso.

Ya vivía con ese temor.

Recuerdo cuando me platicabas de aquella primera marcha por Insurgentes hasta Félix Cuevas y de regreso por Avenida Universidad, ese día no pude ir porque mi madre estaba enferma; ya se hablaba de que el Batallón de Paracaidistas estaba situado con bayoneta calada a la altura de la Glorieta de Insurgentes y se decidió volver a la Ciudad Universitaria; estabas detrás del rector Barrios Sierra, me platicabas de la Tridilosa del ingeniero Heberto Castillo. ¡Cómo te impresionaban esas personas!

Ahora, nos vemos en el suelo, regresando al momento en que me pediste afianzar mi compañía,  y te dije que lo debería pensar, estaba asediada por el miedo de los días previos, saber que hubo amigos que nunca más volvieron a casa, que no sé si volverán; me hallo recordando esa tarde tirados al pasto, los momentos contigo en algún punto de la ciudad, como cuando prometiste llevarme por el Metro una vez que lo inauguraran; como Arquitecto te encantaba la idea de tener un servicio de primer mundo en nuestra ciudad. Siempre le viste lo hermoso al caos que suele llegar a ser la ciudad, querías seguir los pasos de Mario Pani.

Ahora intento no ver el momento en que hoy nos encontramos, al suelo de la plaza. Hace ya una hora que comenzó el tiroteo, y no supe qué pasó que, sentí un extraño calor y adormecimiento de la pierna, y caí al suelo.

Me dijiste que descuidara, que todo pasaría, vimos personas caer, uno a uno; alguno con una perforación, quizás dos en el tórax, una manta de la Facultad de Derecho yacía pisoteada y llena de agua, una gorra de ferrocarrilero ensangrentada, imaginé el destino del portador de la misma y me negué a seguir viendo.

Hubo otros, que sin cráneo terminaron, o terminaron sin un pedazo de cara por bala expansiva; los hubo desde niños hasta ancianos, pasando por los que éramos estudiantes, desde los más pequeños que venían iniciando cursos en la Preparatoria, en las Vocacionales y que fueron a dar ahí por la curiosidad que les engendraba el movimiento, o por ser un incipiente conjunto de futuros miembros del mismo. ¡Qué gran espíritu! Y qué tristeza su destino.

Hubo madres embarazadas, abuelos que recogían a sus nietas o hijas de la escuela, pensando quizás que la edad los haría merecedores de la compasión de la bayoneta, sin tomar en cuenta que la bayoneta no tiene conciencia, y que sólo tiene motor en el ímpetu que la obliga a abrirse paso en el cuerpo que atraviesa; hubo perros alcanzados por las balas, flores pisoteadas y nosotros, que yacemos tirados, en el suelo, conteniendo las ganas enfermas de tiritar, de gritar, de sangrar.

Ambulancias sonando, detonaciones, un claxon que no deja de sonar hacia el eje Central... Todo es una rara película, es una pesadilla.

La vida juntos pasa una a una, te he tomado la mano, hubo un momento en que esa mano pasó del clásico calor tuyo, a un estremecedor frío. Pensé que en algún ataque de pánico tuyo, la presión te había bajado y por ello esa reacción de tu cuerpo, y ya me había acostumbrado a verte así y sólo bastaba con decir que "todo iba a estar bien", y abrazarte.

Más, algo me decía que ya no iba a ser así, ahora los momentos que viví a tu lado, en el Moro, en el cine, en las asambleas del Justo Sierra, en las islas de la Universidad, cada que ibas por mí a Filosofía, y de ahí perdernos en tu "Renol" por el pedregal; en las brigadas, todo pasaba por mi cabeza en ese momento en que el tiroteo amainaba, llevábamos una hora echados al suelo en esa lluvia de agua y balas.

Ahora, recuerdo que me dispuse a dejar de pensar tanto, y admití tu propuesta, decidí que al terminar el mitin respondería a la pregunta que me hiciste en la escuela, hoy que estamos en esta posición me di el valor de decir: "¡Si! Sí acepto irme contigo, ¡quiero vivir con más intensidad los días a tu lado! Y seguir perdiendo el tiempo viendo las nubes desde el pasto de CU, quiero estar contigo el resto de mis días."

...

Me hubiera encantado decirte todo esto, estando tú presente ahora, y ahora me veo empapada y sintiendo las ganas de tragarme mis gritos, nos hallamos hinchándonos debajo de esta inclemente lluvia, me hallo observando tu cuerpo, el frío de tu mano fue causado por una bala que te atravesó el cráneo, te arrebató de mi vida como esas hojas del otoño cuando son sopladas por el viento.

Quisiera tanto haberte dado el "Si", y ver tu sonrisa por ello, seguir con nuestros planes una vez que esto hubiera acabado, regresar al tiempo y vivir en paz, conocer todo lo que vendría tiempo después, cuando las aguas se tranquilizaran.

Ojalá que Tlatelolco nunca hubiera llegado.

28 oct 2011

La rosa y la carta (despedida de pétalos y palabras)



Una rosa roja, en el frío de éste cuarto, que es como una pecera, demostrará lo mucho que te quiero, y una carta en el clamor de los objetos regados de tu escritorio, se dará a notar como la estrella mas brillante de una noche fría y oscura.

    Abrirás la carta al llegar, intentaré evitar pensar en la reacción que tendrás al momento de ver la rosa y las letras, seguro pensarás que fue un buen detalle, quizás para la separación de la que soy creador y de la que eres acreedora y del azoro que te hago partícipe, quizás, creo, pienso, siento, que a primera vista, no será un buen detalle, una separación nunca será un gran regalo, pero siempre será memorable la razón que nos obliga a decir adiós.

    No sé por donde caminar, ni a quien entregar los abrazos que ya no recibirás de mi parte, no hace falta que digas que maquinas en exceso la labor de las neuronas y el corazón, yo duermo mientras lo haces, no hace falta que lo digas, e insistas en el dolor que te provoca mi libertad, no mides esfuerzos en demostrar que te incomoda el hecho de mirarme hacer y deshacer.

    Soy un alma libre, tan libre como las hojas que caen al suelo tras desprenderse de un viejo árbol, así me libero de ti, no mires ésta expresión como el rompimiento de una cadena, no es un suplicio, no eres un martirio, martirio el sentimiento que guardé por mucho tiempo y que no supe como hacerte expreso.

    Sé que mirarás a tan tempranas horas del día, sabrás que en el frío de tu puesto la rosa estará a salvo, no hay calor salvo algunas miradas que preguntarán con ansiosa extrañeza el momento en que se te hizo llegar ese regalo, mirarán con curiosidad las lágrimas de tus ojos o el aspecto funesto de tu mirar y el lúgubre ambiente de la tumba en la que te encuentras, sabré que me agradecerás que esté despidiéndote.

    Desconozco el trayecto de tu lectura, no sé del párrafo, renglón, no sé ni la palabra que en éstos precisos momentos estarás desmenuzando, siquiera para saber en qué parte de la carta vas o cual es el mensaje que poco a poco se va insertando por los ojos, hasta la cabeza, bajando por las venas y la yugular hasta el corazón, para así, recorrer hasta los pulmones y salir en un suspiro; ese tipo de suspiros que rompen el alma cuando se escuchan. Yo sigo en mi posición, donde se me puede encontrar, encorvado y mirando a la nada.

    Y ver tu rostro, que pasa de la soberbia al dolor, nunca imaginé ver eso nuevamente, estaba acostumbrado a saberme yo como la victima, jamas a ser el victimario.

    Y me da tristeza saber que lloras, siempre me rompió verte triste, y el solo hecho que de ti me esté despidiendo; me encantaría hacerlo físicamente, pero inevitablemente estaré recurriendo a comenzar una discusión, a regalarte en algún momento quizá esporádico, algún abrazo, y es que, no me gusta merecer medallas de Plata cuando mi cariño amerita el Oro, detesto mirar mi reflejo en el charco quebrarse al compás de los pequeños movimientos en el agua.

    No soy merecedor de un cariño como el tuyo, y no me siento merecedor de que reacciones de forma extraña cuando mires que mi libertad me apremia con el aprecio de muchas miradas las cuales evocan un sinfín de abrazos y risas. El lugar en el que estás, ha sido por que lo has elegido, mirarte meses a mi lado me hizo la persona mas alegre, me hizo tener mas confianza en mi, conocer el potencial como persona y como un posible cazador, como un amante y como un conquistador, pero también hizo aflorar mi lado mas infante y tierno, a olvidarme de querer cobrar venganza contra cualquier actitud extremista o con aires de frivolidad.

    Y me duele verte, saber que mi indiferencia provoca tu indiferencia, pero no me dolerá tanto, si en la estación del subterráneo al llegar o salir, te veo con alguien mas porque sé que tu gancho, el grillete que llevas no es tan pesado como quieres que lo sea, y al ver que de ti me he alejado, estarás hundida en la incabreable maña de tu propio engaño, recurriendo a la sombra de alguien más por despecho, por que así trabajas... No es una forma desdeñosa de pensar sobre ti, es la realidad y lo que tus miradas reflejan al verme bajar diariamente por las escaleras, lo que tus labios hacían cuando los besaba de forma clandestina al salir de la torre, quien pudo pensar que yo estaría codeando mi corazón con la belleza de tu cuerpo.

    Me arderá verte con alguien mas, sin razón ni consentimiento por que yo no admito los celos que tu sientes cuando por tu cabeza rondaba la idea de que alguien menor que tú, más pensante, o mas agradable podría alojarse en la habitación de mis pensamientos, aquél que tu habitabas al amanecer y obscurecer, a solas, desnuda.

    Se que no sería la excepción, no permito que me desgarres los amaneceres con reflejos y proyecciones tuyas hacia mí, busco el tener malos ratos, pero en mi haber no ha habido un solo mal gusto, a diferencia tuya; y me podría considerar un mal gusto, quizás, pero el valor que le has otorgado a éste ser, habló de la posibilidad que tuve de encariñarme, encerrarte, adorarte, como la de aislarme, destruirte, humillarte, molestarte, y no sé si esto pueda conocerse como un juego tortuoso o como un juego de amor. Simplemente, dejé de sumergirme en el encanto de tus ojos, razón por la cual, comencé a escribir las letras que miras en el escritorio de tu trabajo, el día de hoy seguramente sabrás que no es fácil querer a dos corazones. Y lo estás comprobando, yo no lo estoy haciendo posible, si es mi condición de libertad lo que origina tu molestia; y lamento recordar, que la vida no coloca las piezas en el lugar en el que se apuestan, tu lo hiciste, llegué con dos semanas de retraso, pero tu llevas años de recorrido, los cuales, yo no pienso arrastrar.

Prefiero caminar solo, aunque en el trayecto intercambie el aroma de tu perfume por el del cigarrillo.

Queda a disposición tuya el manejo de el papel y los pétalos, una vez que les hayas puesto una mano encima, habrán sido de tu propiedad.

21 oct 2010

La carta en la almohada... (El adiós)


Hoy hace unos meses que las cosas cambiaron, hace tantos días que paso las noches gritando, pues esta infelicidad me carcome, y no sé cuanto mas pueda aguantar, estoy seguro también, que tú pensarás lo mismo, y lo percibo incluso en el perfume que por las mañanas te pones, si, antes de irte a aquella aburrida y gris oficina mientras yo apenas y me espabilo de ese letargo de 8 horas. Lo huelo, "Magnifique" de Lancomme, han pasado meses desde que te regalé dicho perfume; y te veo ponerte ese traje, esa falda, esas zapatillas; veo el amanecer tras las cortinas de la habitación, se mira grisáceo, prometedor incluso, hay un Sol de fondo, no me puedo equivocar, esas curvas son de las que me enamoré, esas blancas piernas son de la misma que me vio hundido y regresó para salvarme, ese rostro fue el centro de mi universo.

    Y si me estoy equivocando, culpa a mi olfato y a mi corazón sobre lo antes dicho por tu perfume, el perfume no tiene la culpa, tuve la corazonada de que te gustaría; es solo que es definitivo, que mis molestias en el pecho no son por salir al balcón a las 2 de la mañana a ver la Luna mientras dejo un rollo de hojas consumirse en mis labios mientras tú duermes; no me es fácil lidiar con la gentileza de tus padres cada que los vamos a ver mientras yo me incendio.

    Posiblemente notarás que a la hora de la comida tengo una facción seria, que ya no hablo como antes y que ya no te abrazo; me quedó clara tu postura en un principio sobre los abrazos, y no entendí cuando esa postura cambió, me sorprendió y me alegró; recuerdo de nuestras primeras andanzas, como adoraba el viaje de regreso a mi casa; y como me negaste la oportunidad de romper el anillo que ya se había soldado. No me entiendo, quizás cuando halles esto, estarás despertando, preparando tu partida al trabajo, y te darás cuenta que la soledad que germinaste hace muchos años en mi, creció sin querer, me obscureció, y sé que esta condición mía te ha llegado a cansar, aunque durante estos años has estado junto a mí no dudo siquiera que has pensado en porqué he cambiado.

    Victoria lo sabe, Claudia lo sabe, si Dios lo sabe ¿Que yo no lo sepa? Considera seriamente la posibilidad de que las cosas se han revertido, he pasado los últimos días encerrado en el estudio, viendo el álbum de fotos en esos discos, mirando en el proyector a obscuras, estudiar, analizar, y dar mi crítica ha sido el pan de cada día para mí, no veo imposible el aplicarlo para mi vida contigo; camino en automático por los pasillos, por las escaleras, por el jardín, me siento en el borde de la piscina con el perro, me alegra saber que gracias a mi perdiste muchos de tus miedos, entre ellos al perro, me dio gusto que las primeras veces salieras conmigo en el auto y te aventuraras a dar la vuelta por lugares por los que yo jamás había estado, o de las veces que iba por ti a la Facultad para irnos a comer justo cuando estabas por entrar a tu última clase, oír nuestras canciones mientras recorríamos el circuito escolar y de ahí a Perisur, los Viernes tenían un sabor agradable, los Sábados a ir a tu casa para ayudarte con la tesis.

    Es una lastima, compartimos tantas cosas, tantas noches, y sé que puedo arrepentirme por hacer esto, no me queda de otra, mi boca es ácida y no quiero dejarte un mal sabor, es inevitable, me provoca miedo incluso, pues sé que después de esto, no podré volver a verte, y sé que piensas lo mismo, y quizás hasta un alivio para ti sea, ¿Qué podemos ganar? ¿Y que podríamos perder?

    Sé que he flaqueando prematuramente, no lo has hecho saber con palabras, pero llevo años conociéndote, y sé que te ha invadido la inseguridad; y por que sé que eres igual a mí, tampoco he vacilado en emprender mi huida, no huyo de ti, huyo de mí, duele verte dormida todas las noches, duele ver tu piel con el brillo de la Luna que se mete por nuestra ventana, me duele pensar que jamás te podré acariciar como últimamente tú lo hacías, pienso que ésta fue la última vez que miré al lado izquierdo de la cama, y me voltee para apagar por última vez la lámpara para conciliar el sueño, y a decir verdad, no lo pude hacer, bajé al comedor y bebí lo que restaba del vino de Año Nuevo.

    Me pregunto si al oír los acetatos que olvidé, me recordarás, me pregunto si tendrás el valor de poner el 45 RPM que olvidé en el tocadiscos. ¿Sabes? Fue lo último que escuché en el estudio, estaba sentado en ese sillón viejo, aquel donde nos pasábamos los Sábados en la noche viendo películas ¿Qué harás ahora? Me dirás como la penúltima vez, que debiera seguir con mi vida, y en esta ocasión ¿Lo pondrás tu en práctica?; tus padres, en las cenas familiares preguntarán por mí y sobre lo que fue de lo nuestro, te darán flores con espinas, te incomodarán a la hora de la comida, de la cena, quizás me vean ahora como un enemigo, o quizás como un proceso de la vida que comenzó para acabar tarde que temprano, o temprano que tarde.

    Había momentos en que dejaba la puerta del balcón abierta, y miraba tu espalda desnuda, blanca, las sábanas cubriendo lo que resta de tu cuerpo, la luz blanca y el aire con olor a jabón neutro te hacen lucir hermosa, bastante luminosa, y yo te miraba con tanto cariño, que pude despertarte únicamente para abrazarte y apretujarte tan fuerte, que podría fundirme en ti, y jamás lo hice.

    Yo estoy aquí, tú ahí, ¿Por cuánto tiempo? Ni yo lo sé, solo sé que comienzo a arrepentirme, pero tengo firme la idea de irme, sin olvidar que fuiste siempre el cielo a donde perdía mi confusión.

15 sept 2010

Pergamino De Albanene.



-Ya es otoño -dice
-Se mira tan limpio el cielo...-


No podía esperar a llegar a la escuela, el otoño es una época que le provoca muchas cosas, principalmente por que siempre tuvo la suerte de hallar entre las hojas caídas, un tesoro que lo hará recordar cosas al poner sobre la tornamesa sus vinilos, siempre el otoño fue como la antesala de una serie de eventos que lo marcarían por siempre en la memoria.

    Es hoy uno de esos tantos días, casi huyendo toma las "fichas de trabajo" y emprende el trayecto, el inmisericorde metro de la ciudad, el calor después de una temporada de dos meses de lluvia intensa, que solo logró remojar y lavar la mugre de un antiguo e insignificante dolor; camina a prisa, acelera el paso, llega apresurado al edificio que se había levantado en 1964, con colores tales que asemejan a un balneario: clase de sociología, prácticas y análisis sobre la superestructura, comparaciones entre la sociedad y el sistema como un organismo, un organismo vivo, y al individuo como un integrante de los organelos de este ser; tan solo pensarlo le provoca apatía.

    Lucio se sienta, se prepara y se mentaliza para evitar caer dormido ante el dominio verbal de la profesora, en su mano yacen dos Marlboro, tendidos como cadáveres en su fardo, en la mano izquierda, empuña el cuello de la botella de "Coca", y a escondidas de los intendentes fuma el cigarro, hace tanto Sol, que entre la luz se puede distinguir el humo áspero y denso que sale de su boca, han pasado 10 minutos y solo faltan 5 de tolerancia para que el grupo completo le "dicte la tolerancia" al maestro y emprendan la huida; 4 minutos faltan, 11 minutos, 4:21 de la tarde, y de entre una multitud infame y descarriada sube ella.

    Si, ella, se llama Mónica, él la mira, apenas y con la sorpresa intenta disipar el humo con el que estaba jugueteando, es una realidad, la tardanza es su sello característico, hace Sol, y luce su piel blanca, pálida en ocasiones, la hacen ver como toda una vampiresa, vestida de suéter verde en cuello "V"; es un suéter, con una suerte de escote; pantalones entubados y botas, que aluden al sonido de Pink Floyd con "Wish You Were Here", su espíritu le arrasa y destruye como el sentimiento de "The Rain Song" de Led Zeppelin.

    Llega, pisa el último peldaño para llegar al piso 2, se cubre las manos con su cuaderno recién expulsado de la mochila, el Sol brilla intensamente, ella brilla con un fulgor cegador, pero incomodo para su ser, pues la temperatura ha hecho que sus mejillas adopten un color rojizo, Lucio siente esa extraña sensación de frío en el estomago, suda, ríe y le saluda.

    Todos miran a ese par, claro y oscuro, había algo en común, sus colores anímicos los diferenciaban, ellos adoraban la sombra, pero él es romántico, y el otoño le provoca emoción, adora ver su piel, adora ese color; ella tiene una cubierta de hielo, y por dentro un núcleo hirviendo. Ella es su devoción, ella no sabe lo que en él germina, pero ella confía únicamente en él, y lo mira y lo saluda como si dentro del grupo fueran los únicos, el se sale de su mundo, pero se interna fácilmente en este, son iguales, y tan distintos a la vez.

    La tolerancia al profesor terminó, se retiran, y a el le "vale madres" que tenga problemas con los que se decían sus amigos, y mucho menos que lleve 15 días en el grupo y lo miren tan extrañamente por ser el mas viejo del salón, y menos que lo vean pegado a ella, los dos estaban en la misma situación y se conocieron en sus atmósferas solitarias, una simple frase rompió el silencio de ese témpano de nombre Mónica. 

    Sin embargo, el sabe de su objetivo, cuál es y como tiene que llegar a él, o ella; todas las tardes se hallaron con distintas variaciones de clima, estaban en su burbuja, y él tenía las intenciones de soltar en un momento dado las palabras lo suficientemente viajadas y adecuadas, para expresarle el cariño que rápidamente fue acumulando; le acompañó a comprar un libro de Geografía Política hasta el sur de la ciudad, valiéndole un comino que ya fueran las 7:30 de la noche y que la noche se haya desplomado tan abruptamente, dentro de la librería quiso invitarle un café sin lograr una respuesta positiva a su invitación, ella inyecta miedo.


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    Tiempo después, el maestro de Política y Sociales cantó una canción, que a todos dejó atónitos, por esos días de febrero, todos estaban enamorados, Lucio comienza a sentir la molestia de la mujer morena que lo provoca, y de la dulce y adolorida que apareció para marcarlo después; claramente ve el rostro de su dama quebrarse, y observa una lagrima brotar y juguetear en sus pupilas, él se contagia de esa infección de sentimiento; el maestro sabía de los romances por los pasillos, y observó a los que miraban con devoción al suspiro de su costado.

- He visto a algunos compañeros en este mismo salón, en ocasiones sentados uno junto al otro y que en cuanto uno de ellos se descuida, comienza la otra parte a mirarlos, no se hagan... ¡Los he visto! Y por eso, les voy a cantar la siguiente canción así que les pediré que no me graben porque me daré cuenta -  

    ¿Alguien se sintió aludido por ello? Claro, probablemente había algo ahí entre sus preferidos que eran Lucio y Mónica, a quienes seguramente vio que la parte masculina no dejaba de observar cada que podía a su compañera de al lado; mientras el aire susurra su trágico advenimiento, la clase de Derecho aguardaba para castigarlos, con preguntas tan aburridas, como si fuera divertido terminar con la muñeca hinchada y los tendones entumecidos por la escritura sobre la línea que divide al Derecho Civil, del Penal y del Laboral. Ya en la biblioteca se hallan, termina el examen, es obligada la espera que realiza él para ella, como en todos los exámenes, él aguarda afuera del salón, en el pasillo siente el aire frío por sus brazos bronceados, la espera, pues en todo el año, hicieron lo mismo, siempre se esperaban al acabar el examen, ya sea para comentar sus respuestas, o para que él se deleitara con su perfume, sus ojos y el verde de su suéter.

    Con cuidado sujeta la mochila, quizás pensó que sería buen detalle y una forma de relajar su tarde si le hacía un presente a ella, el examen fue complicado y tardó toda la madrugada haciendo un pergamino hecho de papel albanene; runas, espirales, formas circulares, y unas palabras sumamente obvias, eran el sinónimo de un corazón que no hallaba la manera de exprimirse y el cual, no dejaba de sangrar; han pasado 6 meses y faltaban 3 para culminar todo.

    Simplemente la ve ir, la aborda, la sigue por el rastro de su perfume, se limita a nombrarla, le entrega el rollo, cerrado con un listón rojo, vino, que sé yo, es un color sangriento y tan pasional, en una hoja casi transparente, grabada de tinta negra, tenia distintos significados. Una semana después, la ausencia de Mónica se comenzó a hacer patente, nadie sabía de ella, menos él. El profesor de Sociales le pregunta a Lucio sobre el paradero ya que, esas faltas le estaban costando la baja de la clase y al ser el único al que se le pegaba, solo a él recurrieron para querer saber de ella; él comenzó a enviar mensajes y correos, hasta que en uno respondió, era el 2009, había epidemia y todos permanecieron encerrados por un breve periodo, ella respondió y fue el mensaje más feliz que se recibió hasta entonces, pero ahí acabó. 


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    Ahora que el tiempo transcurre, sabe que tiene una infinidad de recuerdos de ella; sabe que cada que oye a Led Zeppelin o a Pink Floyd, su memoria se vuelve una corriente de agua azul, transparente y fluorescente que lo arrastra por una gruta hacia una luz; en realidad, nunca supo ella, que la canción en ese pergamino fue inspirada, en la canción mas doliente, del cantante mas aberrante, fundido con sus sueños de tenerla en sus brazos.

    Nunca supo que "All My Love"  de Led Zeppelin le recordaba a ella, nunca supo que una tal Elena le había ofrecido el refugio en sus brazos y el calor de sus besos en una tarde de Coyoacán, y jamás supo que la rechazó pensando en ella, en Mónica; nunca supo las maravillas que creó en él, en años se había parado dentro de una biblioteca, jamás llegó a hacer la tarea tan bien como cuando por las noches se acercaban a platicar y a hacer los trabajos de Sociales urgentes para el día siguiente; nunca supo cuanto la quiso, y cuanto le duele saber que lo único que tiene de ella, es una misiva por correo.

    Ella pensaba, que Lucio no se sentía apreciado por ella, Lucio no sabia lo que Mónica guardaba en su interior; ella pensaba que no  le era suficiente lo demostrado en todo ese año, Lucio siempre tuvo en cuenta gracias a los rumores, que ella si lo tenía en mucho aprecio... El lo sabia a la perfección y con eso le bastaba.

    Lucio, se acerca al borde de la marquesina, respira el aire, mira el cielo, el ocaso, las nubes y el Sol brillando en las palmeras, adora aún mas esta época del año, por el recuerdo de ella.

6 dic 2009

Súcubo al atardecer.


Resguardado en el frio de la soledad, 
mirando un cielo particularmente voluble, 
dejando correr los segundos en bocanadas de humo, 
bocanadas que roban aliento, 
suspiro, pensamiento, 
sentado bajo un faro que luce frio, 
en lo sublime del atardecer. 

Se acerca buscando luz, 
fuego para su hoguera, 
alimento de su malicia, 
un súcubo desgraciado, 
disfrazado de la más hermosa perenne, 
tienta con versos, tienta con la mirada, 
tienta con palabras.  

La timidez fue su escudo, 
su arma el convencimiento, 
yo víctima no me percato del peligro, 
pero asiento a salir a caminar con el demonio a cuestas... 

Con la boca seca, con la vergüenza de estar con lo desconocido, 
entre calles desoladas, 
soberbiamente asfixiadas por la penumbra del viernes, 
día en que los demonios escapan de los infiernos, 
buscando la perdición del humano arrogante y débil. 

Tras haber caminado por largo, 
de beber de los vicios mas accesibles, 
de fumar y de contar, 
de huir y caminar comencé la seducción, 
abriendo las puertas al abismo con una trampa mal colocada. 
 
Me he convertido en victimario, 
la victima ya es un íncubo, y el súcubo se vuelve humano, 
se rinde ante sus deseos, 
se muestra dócil, 
el joven es poseído por el enemigo común, 
y a la oscuridad se lleva a la flor, 
oscuridad que resguarda la impureza del pensamiento.

Se detiene la posesion, 
las manos que exploran relajan su curso, 
arrastran culpas, y la demoniaca fémina, 
suplica por una segunda oportunidad, 
y en la fría oscuridad del subterráneo huye él, 
dejándole a ella con la incertidumbre, 
deseando él, nunca volver a caer...