24 jul 2022
Corazón en un cofre.
24 ene 2022
El sueño en Stereo.
Quiero que te quedes conmigo, quiero que no dejes de estar aquí, te conocí en una noche en que me invadió cierta necesidad de ser compañía y en consecuencia, me vi en la necesidad de seguir contemplándote. Un cubierto caído al suelo, un piso alfombrado, un derrame de Bailley's, fueron las cosas que me llevaron a resquebrajar un pésimo recuerdo tuyo de nuestros días de escuela.
Ahora, despierto, y después de un desayuno que me reanimó, me he quedado con el recuerdo y un poco de burlas, quisiera que nunca hubiera llegado el momento de frenar el consumo de tequila contigo, ni que la plática acabara, mucho menos el baile: tú sin zapatillas, y yo sin habilidades de coordinación de mis extremidades al ritmo de una salsa (no así de un rock'n roll).
Es temprano por la mañana, es un día soleado intenso de los últimos días de enero, y pensar que ya no iba a ir a la fiesta que nos hizo encontrarnos.
Ya no quiero despejar la idea de lo que encontré al conocerte, y temo que de esto, incurra en la posibilidad de incorporarte a una serie de historias que me dejaré por largo rato clavadas en mi mente; son tiempos de presumir nuestras maravillas por la gloria de los cables y la red, y yo he pensado en la necedad mía de verte tomada de mi mano, del lado izquierdo, en algún sitio verde, en algún lugar soleado, disfrutando de lo que el poco tiempo que nos queda de la adolescencia nos permitirá, era tal mi conexión contigo que, buscaba sitios verdes para estar contigo, y acabaste dedicándote al paisajismo.
Es una mala mañana, pero huele como imagino sería pasear contigo, y hoy por la noche, me dispondré a buscar sitios en donde tú y yo podamos acudir a caminar, pues me he formado una idea terca, e inocente de ti.
Han pasado las semanas, y mi viaje virtual de sitios en la ciudad por explorar contigo, me ha llevado a nombres que son hoy un "pan de cada día" en mi academia; sin querer, el haberte conocido, me estaba llevando por un trecho al cual debí seguirle la pista desde que entré a la preparatoria. No me arrepiento del trayecto que voy a recorrer.
La Romita, el Acueducto de Guadalupe, Los Remedios, Tenayuca, Parque de los Venados, Parque de los coyotes, Parque hundido, Centro Nacional de las Artes, Cuicuilco, nuestra Ciudad Universitaria, Coyoacán, recuerdo con atención los detalles de aquella primera conversación, pero me he perdido entre el paisaje y las máquinas. Ha pasado una semana y recibo una primera nota, y así sucesivamente me he hallado en una idea ficticia de una vida a tu lado, fotografías contigo, la torre Latinoamericana, fotos en la cúspide de ella, tú y yo mirando soberbiamente a la cámara en que alguien nos hizo el favor de capturar ese momento que, se quedó mejor que una fotografía que se acabaría rompiéndose, o borrándose.
No puedo esperar a verte, a pensar que alguna vez te volveré a ver, siquiera para tomar un café, beber una cerveza, y platicar largo y tendido. Quiero eso, quiero mi vida en tu vida y viceversa. Quiero que nos perdamos dando vueltas, y rodeados de plantas, de verdor, de azul celeste y de agonizante sol, quiero los colores de una flor, la perpetuidad de una laja al suelo, la calma y la paz de un río que desemboca en un lago, el trinar de las aves, la constante del viento y la luz, contigo.
Sé que puedo darte un cariño que creo que puedes merecer, que mi poca visión quizá me permita vislumbrar, porque cuando está oscuro, todo empieza a verse más claro en esta constelación, cuando te invoco por las noches, cuando apareces en la escuela y vas por mí para robarme un rato, entonces, saber que sueles encontrarme en cualquier lugar, me confirma que nada es casualidad; y así tenga la suerte pequeña de acompañarte con tus cosas a salir de la escuela, o a estar jugando en el pasillo perverso donde nuestros talleres se juntan.
No quiero dejar pasar este momento, porque en tu andar, veo que los años te endurecerán, forjarán un carácter en ti que, me hará prescindible en tu vida; no por una búsqueda de eterna sumisión en ti, si no porque soy consciente que estás más enfocada a un objetivo, que a la bohemia idea mía de tu entereza profesional, coludida con mi romántica perdición y desvío de mis rutas... En algún momento, nuestros caminos se dividirán, y estará bien.
Quiero verte, y sentir que mi mejor amigo nos está cantando, quiero tener el sonido de las cuerdas de un violín, una guitarra y un Rhodes de fondo. Quiero que demos vueltas y vueltas, tomados de la mano, que tengamos una viñeta con tonos oscuros y chispas. Que podamos sacar chispas para encender un fuego intenso, tener un zoom anatómico; y es que, no hay más tiempo que perder, el mundo en unos años más, se irá a la mierda, y yo quiero tener contigo una foto enmarcada, y el aroma de un pastizal quemándose a lo lejos, o de un limpiador cítrico en el ambiente mientras hacemos posible un amor fotográfico.
Sé que podremos ir haciendo una plática larga, que ha sido natural esa conexión, y sé que incluso puedo estar haciendo posible un sobre entendimiento de esta conexión nuestra, pero quiero que lo nuestro se vuelva un rito, que podamos pasear por Roma, estando aquí, dulce criatura. Quiero que estés segura y que ya no tengas dudas, destruir mitos juntos, sentir a tu lado que es extraña esta ciudad, e incluso sentirme fuera de escala.
Pero, sobre todo, hacerte saber que... prefiero seguir tus pasos.
22 abr 2011
El taxista y su ironía.
Una vez, que había transcurrido la semana santa, estaba con la sensación horrenda de caminar bajo el Sol con el cuerpo apesantado, producto de una delicia en botella oscura, y con la fatiga de romper vidrios y desarmar máquinas despachadoras, de ésas que te dan refresquitos y se tragan la moneda sin regresarte el cambio. Estaba preparandome para ver a una amiga de la cual no sabía yo mucho, me había desentendido de mis alrededores; el color gris era mi fiel amigo.
Con el transcurrir de las horas me preparé, no descansé pensando que cualquier momento de relajación podría ser la muerte; y sin embargo no lo fue, me costó trabajo levantarme, hacer lo que debía hacer, aburrirme es mi naturaleza y poco a poco comienzo a tomarle poca o nula importancia a lo que me rodea de manera cotidiana, no lo sé.
Me arreglé, vestí de negro y me llevé esos pantalones que tan bien me lucían, tan maravillado y tan... No sé, que me inspiraban esa seguridad de querer arrasar donde quiera que mi pie tuviera la suerte de pisar, compré helado, llevé un litro de mi favorito, aunque creo haber cometido un error, pues terminé siendo yo el que se devoró tal producto...
Y entre la plática que me comenzaba a hacer tanto bien, entre las cosas que criticába en la Tele, se siguieron escurriendo esas inmisericordes horas, y el momento se abrió paso para no poder evitar decir adiós, y en realidad no quería hacerlo, no me nacía, a ciencia cierta, no quería, pero tendría que, no me era muy bello todo eso, y menos andar a tan altas horas de la noche en donde apenas y conocía, mas de no ser por que si hubiera sido de día, no me hubiera dolido tanto, pero no; tuve que emprender la retirada, su preocupación de aquella me hizo alejarme, y dar cabida a su tranquilidad.
Bajé la calle, empinada, de esas que si eres fumador, habrás terminado con la garganta lastimada, o con la sensación de un dolor químico que emerge de los pulmones; bajé la calle, veía un paisaje que no me era tan anormal, pero tampoco me parecía tan extraño o fuera de lo común; veía, escuchaba, olía a y a la miseria humana, parados en cada esquina esperando a que sin querer los retes con la mirada; seguí mi trayecto, al fin y al cabo, ¡que mas daba!, de todos modos me hallaba en campo de guerra.
Eran las 9:30 de la noche, estaba con el pesar de que estuve a punto de... y no lo logré, y me decepcioné; habían pasado 6 Taxi's y a todos los rechacé por estar esperando un jodido Microbús que nunca apareció; soporté chiflidos, miradas atacantes, risas estruendosas y músicas asquerosas, canciones que ni mis audifonos pudieron bloquear por mucho que aumenté el Stereo y el "Bass", hasta que pasó un "Atos", de ésos carritos que sientes que si aceleran salen volando, aquellos que parecen "zapatito"; y dentro de el lo tripulaba un anciano, no tan anciano, se veía con demasiada experiencia, pero con mucha subjetividad y ganas de tener la razón sin bases ni fundamentos (que ni yo me atrevo a poseer).
Arrancó el motor, entre esa sensación de alivio, sentía como el automóvil se dejaba llevar por aquellos hundimientos y topes, flotaba, sentia que las ruedas flotaban y se deslizaban como cuchillo caliente en la barra de mantequilla; el problema vino cuando llegué a la avenida que lleva por nombre "Martín Carrera", el taxista comenzaba a conducir con una paciencia, que desesperaba, todo sea por agarrarse unos cuantos pesitos de más, total, se le hacía justo mas cuando el lugar donde vivía era mas desente que ésos nidos de ratas que llaman "Martin Carrera" y "Gabriel Hernandez", y mas pensando que la colonía del Tule, o donde vivía, estaba del otro lado del cerro, era infame el recorrido, pero había que hacerlo; en eso, el viejo, después de toser como lo hacen los de su edad (quizás provocado por el cigarro, pues en su guantera rota se hallaba un empaque de los "Alitas", de esos que "madrean" a la primera), agarró y me dijo:
Me sorprendí, aunque no del todo, decían en un reportaje sobre cierto ex-Presidente (que tuvo la suerte de ser apedreado en el "Auditorio Justo Sierra" de la Universidad) que, hasta el mas ignorante tiene el descaro de criticar el sistema político de nuestro país actualmente, cosa que antes se castigaba con la amenaza o bien, la desaparición.
-Así es, cada día se pone fea la cosa- dije yo con cierta aspereza y desgano, pues iba con muchas ganas de robar muchos abrazos y besos a ésa amiga de la que me había desentendido y no pude.
-¡Nooo! (con ese tono duro y sorpresivo que espanta), la verdad nuestro país se ha rodeado de pura chingadera, hasta el mismo Lázaro Cardenas que fue quien le dió espacio a esos pinches Gachupines hijos de la chingada que vinieron huyendo de su desmadre y su faramalla de amistad con nuestra bonita tierra, todo era muy hermoso hasta que esos malditos lo vinieron a echar a perder- Asentía nuevamente con la cabeza, mientras veía un Mustang Negro que tuvo el infortunio de toparse con mi mirada.
-Lázaro Cardenas fue de lo peor tambien, el y su compadre el Avila Camacho, pinches militarzuchos tenían que ser, los dos se corrieron la bolita y cuando los españoles se instalaron aquí en el país, nos jodieron todo, armaron sus negocios y todo nos lo vendían caro, por eso digo que desde ese momento la economía nunca se recuperó, todas esas cochinadas del "milagro mexicano" fue una pantalla del PRIismo para decirnos que estábamos bien, cuando la verdad estaban los malditos Gachupines jodiendonos, y hasta la fecha, con las alzas a la tortilla, a la canasta básica pues...-
Simplemente tuve que volver a asentir, corresponder su plática y defender mi postura que difería en demasía con las ganas de querer engendrarme un sentido de odio hacia los resquicios de aquellos que huyeron del Franquismo hace casi 80 años, no me importaba su plática, simplemente quería ver si sus años eran una muralla a la cual pudiera usar como soporte a lo poco que sabía.
Y es que prosiguió hablando el Señor, sobre sus frustraciones económicas, mi egoísmo me hizo ser indiferente, pero con un gesto de que ponía atención; de noche y en un auto, mirar las calles y los autos, sentir el frío por las rendijas de la ventana, son cosas que siempre me atrajeron mucho; mas que oir al pobre viejo que no sentía el mas mínimo empacho por desbocar sus caballos contra nuestro estado fallido. Así que pasaron 10 minutos hasta que pudimos encontrar un boquete entre todo el embotellamiento del viernes por la noche; estábamos subiendo por la Av. Cantera, nos colocamos hacia la lateral para acceder a los arcos del "Acueducto de Guadalupe"; estuve respirando alivio, pues el final del trayecto y del "Tour verborreico" del taxista comenzaba.
-Me va a dejar en aquella banqueta, en aquél árbol por favor- Ordené para que frenara la marcha y me dejara de una vez - ¿Cuánto es?-
-Si, pero la verdad estamos cada vez peor, el gobierno gasta en mas muertes y muchas mas muertes-
-Señor, ¿cuanto es por favor?- Insistí con un tono golpeado y recio (provocado también, por la acción del cigarro y el frío en mi garganta); y es que advertí que el taxímetro no marcaba cada 45 segundos el cambio por 80 centavos, sino cada 25 segundos, el taximetro cambiaba de manera continua, de tal modo que ojee el aparato, y descubrí que estaba alterado, tenía "ratón"; el viaje comunmente me salía en $15.00, ahora me salio 20 pesos mas por su charla, su taxímetro y sus ganas de manejar lento, aun estando la vía libre.
-Si, son $35.00- Su rostro cambió, se preparaba para recibir 20 pesos de regalo, en fin, tenía yo mucho mas que eso, nunca me ha dolido el dinero; afortunadamente ha sido lo que no me ha faltado.
-Tenga- Se los dí con una sonrisa, azoté la puerta y encendí otro cigarro; esperé a que arrancara.
En mi mente aparecieron una serie de maldiciones, mas no pude hacerlas posibles, mi mente solo decía:
-Y el hablándome de que estamos jodidos, y a mi me jodió $20.00 más-
Y emprendí el regreso a casa.
21 oct 2010
La carta en la almohada... (El adiós)
Hoy hace unos meses que las cosas cambiaron, hace tantos días que paso las noches gritando, pues esta infelicidad me carcome, y no sé cuanto mas pueda aguantar, estoy seguro también, que tú pensarás lo mismo, y lo percibo incluso en el perfume que por las mañanas te pones, si, antes de irte a aquella aburrida y gris oficina mientras yo apenas y me espabilo de ese letargo de 8 horas. Lo huelo, "Magnifique" de Lancomme, han pasado meses desde que te regalé dicho perfume; y te veo ponerte ese traje, esa falda, esas zapatillas; veo el amanecer tras las cortinas de la habitación, se mira grisáceo, prometedor incluso, hay un Sol de fondo, no me puedo equivocar, esas curvas son de las que me enamoré, esas blancas piernas son de la misma que me vio hundido y regresó para salvarme, ese rostro fue el centro de mi universo.
Y si me estoy equivocando, culpa a mi olfato y a mi corazón sobre lo antes dicho por tu perfume, el perfume no tiene la culpa, tuve la corazonada de que te gustaría; es solo que es definitivo, que mis molestias en el pecho no son por salir al balcón a las 2 de la mañana a ver la Luna mientras dejo un rollo de hojas consumirse en mis labios mientras tú duermes; no me es fácil lidiar con la gentileza de tus padres cada que los vamos a ver mientras yo me incendio.
Posiblemente notarás que a la hora de la comida tengo una facción seria, que ya no hablo como antes y que ya no te abrazo; me quedó clara tu postura en un principio sobre los abrazos, y no entendí cuando esa postura cambió, me sorprendió y me alegró; recuerdo de nuestras primeras andanzas, como adoraba el viaje de regreso a mi casa; y como me negaste la oportunidad de romper el anillo que ya se había soldado. No me entiendo, quizás cuando halles esto, estarás despertando, preparando tu partida al trabajo, y te darás cuenta que la soledad que germinaste hace muchos años en mi, creció sin querer, me obscureció, y sé que esta condición mía te ha llegado a cansar, aunque durante estos años has estado junto a mí no dudo siquiera que has pensado en porqué he cambiado.
Victoria lo sabe, Claudia lo sabe, si Dios lo sabe ¿Que yo no lo sepa? Considera seriamente la posibilidad de que las cosas se han revertido, he pasado los últimos días encerrado en el estudio, viendo el álbum de fotos en esos discos, mirando en el proyector a obscuras, estudiar, analizar, y dar mi crítica ha sido el pan de cada día para mí, no veo imposible el aplicarlo para mi vida contigo; camino en automático por los pasillos, por las escaleras, por el jardín, me siento en el borde de la piscina con el perro, me alegra saber que gracias a mi perdiste muchos de tus miedos, entre ellos al perro, me dio gusto que las primeras veces salieras conmigo en el auto y te aventuraras a dar la vuelta por lugares por los que yo jamás había estado, o de las veces que iba por ti a la Facultad para irnos a comer justo cuando estabas por entrar a tu última clase, oír nuestras canciones mientras recorríamos el circuito escolar y de ahí a Perisur, los Viernes tenían un sabor agradable, los Sábados a ir a tu casa para ayudarte con la tesis.
Es una lastima, compartimos tantas cosas, tantas noches, y sé que puedo arrepentirme por hacer esto, no me queda de otra, mi boca es ácida y no quiero dejarte un mal sabor, es inevitable, me provoca miedo incluso, pues sé que después de esto, no podré volver a verte, y sé que piensas lo mismo, y quizás hasta un alivio para ti sea, ¿Qué podemos ganar? ¿Y que podríamos perder?
Sé que he flaqueando prematuramente, no lo has hecho saber con palabras, pero llevo años conociéndote, y sé que te ha invadido la inseguridad; y por que sé que eres igual a mí, tampoco he vacilado en emprender mi huida, no huyo de ti, huyo de mí, duele verte dormida todas las noches, duele ver tu piel con el brillo de la Luna que se mete por nuestra ventana, me duele pensar que jamás te podré acariciar como últimamente tú lo hacías, pienso que ésta fue la última vez que miré al lado izquierdo de la cama, y me voltee para apagar por última vez la lámpara para conciliar el sueño, y a decir verdad, no lo pude hacer, bajé al comedor y bebí lo que restaba del vino de Año Nuevo.
Me pregunto si al oír los acetatos que olvidé, me recordarás, me pregunto si tendrás el valor de poner el 45 RPM que olvidé en el tocadiscos. ¿Sabes? Fue lo último que escuché en el estudio, estaba sentado en ese sillón viejo, aquel donde nos pasábamos los Sábados en la noche viendo películas ¿Qué harás ahora? Me dirás como la penúltima vez, que debiera seguir con mi vida, y en esta ocasión ¿Lo pondrás tu en práctica?; tus padres, en las cenas familiares preguntarán por mí y sobre lo que fue de lo nuestro, te darán flores con espinas, te incomodarán a la hora de la comida, de la cena, quizás me vean ahora como un enemigo, o quizás como un proceso de la vida que comenzó para acabar tarde que temprano, o temprano que tarde.
Había momentos en que dejaba la puerta del balcón abierta, y miraba tu espalda desnuda, blanca, las sábanas cubriendo lo que resta de tu cuerpo, la luz blanca y el aire con olor a jabón neutro te hacen lucir hermosa, bastante luminosa, y yo te miraba con tanto cariño, que pude despertarte únicamente para abrazarte y apretujarte tan fuerte, que podría fundirme en ti, y jamás lo hice.
Yo estoy aquí, tú ahí, ¿Por cuánto tiempo? Ni yo lo sé, solo sé que comienzo a arrepentirme, pero tengo firme la idea de irme, sin olvidar que fuiste siempre el cielo a donde perdía mi confusión.
24 mar 2010
El viaje.

Se me había ocurrido salir con ella, le propuse un viaje por carretera a un lugar que siempre quise visitar; subo al auto, me dirijo hacia su casa en uno de los barrios más horrendos de esta ciudad, surrealista cuna de bestias de las que pudieron haber emergido de la mente de los Hermanos Grimm, y yo luciendo mi auto nuevo; es diciembre y es aburrido, he hecho de lado cierta remembranza que me atormentaba por años. Ya íntegro, tomo el volante, diviso a los extremos de la calzada, me pongo a pensar en serio si todo lo que dije aquella vez en los versos sobre nuestra primera visita a aquella plaza, no fueron producto de un intento por liberarme de mi soledad.
Es que, aquél encuentro en el subterráneo fue tan repentino y a la vez sorprendente, habían pasado tantos años desde la ultima vez que le vi en aquel patio de la escuela, en la clausura de clases y nuestra despedida de entre el selecto grupo de ñoños que portaban la bandera; y después de unas cuantas salidas tuve que admitir dentro de mi que esa emoción por fraguar un futuro prometedor a su lado se iba desvaneciendo, aunque aún quería permanecer la intención, pero ya era algo inexplicablemente tonto, era como aferrarme.
Y así, sigo revolviendo mis sesos a la vez que doy vuelta a la derecha, cruzo un semáforo y casi atropello a una anciana que tuvo a bien atravesarse la gran avenida justo cuando el semáforo acababa de marcar el alto y sin problema alguno llego a su edificio, está ahí en la entrada, sube de inmediato al auto y nos dirigimos por vías alternas al sur, pues la Ciudad se ha llenado de tanto, y tantos.
Una vez llegados al Periférico, se me ocurre conectar el dispositivo en aleatorio; la música transcurre lenta, por lo menos para el viaje está bien y para mí, aunque ella quería opacar la música con sus oquedades verbales, intentando tapar los agujeros imposibles de rellenar por mi.
- ¿Y qué te pareció la fiesta de Giselle - dijo, forzando al quebrantamiento sonoro del auto.
- Pues muy bien, digo, la bebida corrió, estuvo mejor que lo que esperé, la verdad tenía tanto tiempo de no disfrutar así un buen licor, creo que desde aquel día que fuiste a la casa con Sara - respondí un tanto forzado.
- Pero tu no parecías pasarlo del todo bien ese día, te sentí extraño conmigo, todos estábamos platicando de cosas, y tú con tu molestia ¿Qué ocurría? -
Lo que no podía hacer evidente ese día, es que de un tiempo hasta entonces me había fastidiado saber tanto de ella, no encontré los perfectos pretextos para explicar el porqué ha entrado el arrepentimiento por esos versos que le escribí, por aquél dibujo que regalé en una hoja cuadriculada, sentí asco y arrepentimiento por todos los recuerdos que se habían salido de su cauce, y que me hicieron escuchar la música de aquellos días y ver aquellas fotografías de la graduación. En efecto, di todos esos detalles esperando recibir una respuesta satisfactoria, pero no recibí nada a cambio, más que una libretita de recuerdos colmada de estupideces relacionadas con una antigua relación que había dejado heridas y que aun la tenían colmada a 7 meses de haber ocurrido.
Cuando le declaré mi admiración, de su parte recibí también una serie de disculpas, unas gracias por la atención y una súplica para no enfadarme ante la negativa de su respuesta, y al contrario no lo hice, seguía con la esperanza de tener algo en un futuro... Pero el desencanto me venció y el aburrimiento también, estaba fastidiado de lidiar con mujeres que no pueden lidiar con sus propios traumas y sus miedos, con aquellas, que no pueden oír de una relación sin que comenzaran con remembranzas acerca de una posibilidad de estar "a punto de casarse y que se sentía feo el truene"; ellas ya me habían generado tantos problemas en el pasado.
- Oye ¿y a donde vamos? -
- ¿Eh?- frunciendo el ceño, con la distracción, no supe ni que había dicho, - A Taxco, ¿te parece?-
- "Pus si" -
Y miro al carro que nos lleva delantera, está nublado, y suenan las campanadas de "Plainsong"; su mueca de fastidio está colmándome la paciencia desde Plaza Inn, creo que no debí haberme líado ese porro después del desayuno, por alguna razón la cabeza me duele, y no sé si atribuírselo a la hierba o al fiestón con mi hermano, el punto es que me está agotando la paciencia. No puedo verla siquiera a la cara porque hay algo en su rostro que me molesta, quizás también fue un error creer que los sentimientos dulces eran la aplanadora en la terracería de su maldito rostro, esos ojos de soberbia y de somnolencia me van enervando en demasía, los granos de su cara ya me son insoportables y asquerosos.
Estamos en la caseta, el Sol ha salido una vez más, me agrada la idea de ir a Taxco a desestresarme, a despabilar mis ideas y reavivar algunas otras por ahí ocultas, y pensando en otros planes para completarme al 100%; Ariana me espera al regresar del viaje, aunque sea para que yo la admire por un ratito, en lo que salgo a la calle con el único pretexto de verla por ahí, recordando su simpatía y su sonrisa al verme pasar, quizás, Ariana sonría a mi miedo y a mi timidez.
Manejando, despierto a la realidad, desaparece la nube que me envolvía, estoy conviviendo con una persona que me ha dejado de agradar, no entiendo los porqués de haberla invitado a Taxco si ya no me interesa su persona, quizá vi la posibilidad con ello de reanimar el cariño que quería entregarle enteramente; sigo manejando, el terreno se ha vuelto escabroso, muchos tráileres han descompuesto la carretera, Caifanes llega a salvar el momento, de repente a José José, por momentos hay algo Bowie, hay Velvet Underground, Led Zeppelin, Jaguares, quienes me encantan por el hecho de salir de la Ciudad con un rico Sol, que se complementan perfectamente; continúa "Sin Querer" de Fobia.
- Y ¿Qué música traes? ¿Puedo ver?-
- Sí, claro, nada más con cuidado, que el cable tiene un falso y se me va la música para lo que resta de viaje -
- Veo que eres afín al rock de los ochentas ¿verdad?-
- Si, mi madre tiene la culpa... - suelto una carcajada igual de forzada como mi intención de salvar lo mío con ella.
- "El Reino Perdido", ¿la pongo? -
- Si, adelante -
Y suenan las notas de un sintetizador desbordante y desesperado, me agrada la música de ese grupo, me cae bien el viaje y por momentos me olvido que esa persona es aterradora. Pero me hace pensar más en Ariana, el sólo hecho de haberme llevado a la persona equivocada.
- ¿Quiénes son? -
- Son Santa Sabina ¿los habías escuchado antes? Son de la era Caifanes -
- Mmmm, no, no lo creo -
Todo bien, me relaja esa música; hay curvas, el carro se desliza sobre la carretera como cuchillo caliente en la mantequilla, el calor está padre, no estuvo tan mal llevarme aquellas bermudas y mis Vans, la lata de cerveza se disfruta mejor, pero mis odiados cigarrillos se van guardando para un clima más propicio para el humo.
- ¿Puedo cambiarle a la música? -
El súbito apagón de la canción que, no había llegado ni a los 2 minutos, hizo que en mí se despertara un monstruo que iba gruñendo y salivando mostrando sus dientes, se percibió un silencio fervientemente incómodo.
- ...Bájate del auto.
- Pero...
- Es en serio, bájate, por favor.
Sin mediar antes una advertencia, con un subidón de sangre en la cara y la zona del cuello molestándome, la bajé a media carretera en el ardiente Sol, no podía estropear ella mi viaje así... Ni yo permitirme arruinarlo.
Sobra decir que caminó dos horas para llegar a una tienda local, y hablar por teléfono para que su "exfuturo marido" fuera por ella, desde luego, ella argumentó que se perdió, pues el platicarle que iba con alguien más, le destruiría toda posibilidad de un regreso.



