Mostrando entradas con la etiqueta Noche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Noche. Mostrar todas las entradas

31 ene 2022

La visión de los vasos.

 

La visión de los vasos, me da la oportunidad de ampliar la mirada hacia espacios que desconocía, que miraba por delante de mis ojos por el transporte, por el camino a pie. Por las veces que transcurría mi vida preguntándome los qué's y por qué's de lo que me había ocurrido meses atras, probando delicias ajenas, y trabajando en algo que por necesidad, había deseado tanto. Son las tumultosas vías de mis 22, los 21 habían sido ligeramente aventurados, hasta la mitad del año en que me maravillé con alguien para quien acabé no siendo suficiente. 

    En estos trechos, largas caminatas explorando sitios que en mi infancia recorrí, me hallo en la trémula metamorfosis de pasar de ser un elemento nocturno, a despertar a las horas tantas antes que el sol haga gala de sus aposentos. Habían sido días grises en el transcurso de ese tiempo, el folk de cierto cantante me hacía sentir en una cruda constante. 

    En esta visión, me hallo, Los Insurgentes se llama el local, estábamos en el cumpleaños de una amiga cuando Alberto, mi amigo llegó, y se aceleró la cosa. Es mi hermano, es mi amigo, es mi sombra... Y le he estado tan agradecido por todo.

    En este trance, he pasado de beber pulque, de mala calidad, y me encuentro rodeado de niñas de pelo de honguito, botas Dr. Martens y algunas con sombrero, escuchando de fondo a Rise Against, Empire of The Sun y Tame Impala. Qué puedo hacer, no podría criticar la música siendo que he visto al sol, los últimos rayos esconderse en un edificio de la calle de El Oro; Insurgentes luce tan común, el ruido, la estación del Metrobús, es viernes y el edificio porfiriano luce tan casual y tan curioso, subir por escaleras empinadas hacia los entrepisos que parecen tapancos, como una casa en árbol, como "La Casa del Tío Chueco"; pasar por las maderas y sentir que truenan, sentarnos en la barra y escuchar el tumulto de las conversaciones casi apagadas, hasta que el alcohol haga de las suyas. 

    Han pasado ya unas 3 horas, son las 9 de la noche, y sin mediarlo, ya estamos próximos a las 11; de no ser por Astrid quien me llama la atención por la jarra que estaba por acabarme, le hallé una relación a la necesidad de ver la hora. No tengo problema en seguir gastando en alcohol, he comido tanto, y tengo tan agrietada el alma que, no me interesa todo lo demás, quiero seguir bebiendo... El mundo seguirá pudriéndose y yo no dejaré que pase más. 

    Ya no es un vaso por el cual, observo a la vida, la euforia del momento ha hecho que los ánimos suban al punto en que me he visto cambiar un tarro, por jarras, y ya llevaba 3. Fui objeto de ser rodeado como un espectacular borracho mientras "Calaveras y Diablitos" se escuchaba al fondo. Mi hermano está al fondo, besando a la pasada de peso del momento, en la esquina y ahí está, yo ando con el alma rota, quisiera que ese pensamiento recurrente, mi deseo estuviera aquí, el solo pensar en ella ha hecho sentir que todo ha ido tomando su curso, y el dolor de hace unos meses ya suena como algo ínfimo. Quisiera que no me viera dando vueltas con una jarra en la boca, y que estuviera carcajeándose conmigo acá, al final, su casa queda a 10 cuadras. 

    Pero sigo aquí, son las 11:30 y tuve que espantarle al Betito su temporal disfrute y compañía, porque ya no alcanzaríamos transporte a "La Nueva". Salimos, pagamos, e íbamos fumando, qué ganas de seguir caminando e irnos con unas cervezas con los cigarrillos en la boca, con el aroma de la ciudad fría por la noche y en viernes. Tenía tantas ganas de platicar con aquel espantajo que es mi amigo, pues desde que entré a trabajar, dejé de frecuentarlo. Hemos entrado al metrobús, esperamos carro, son las 11:40, y no se ve que vaya por "La Piedad". Insurgentes comienza a vaciarse y solo se escuchan los ruidos de algunos centros nocturnos aledaños, de nada servía quedarse hasta muy tarde. 

    Abordamos el camión, no sin antes aprovechar el descuido del policía y acabarnos el cigarrillo dentro de la estación. Traemos una cara fatal, al ser las últimas corridas a Indios Verdes, iba semi lleno el transporte, y antes de llegar a Revolución, omitimos el detalle de que una puerta no abriera; la mísera se atoró, no abrió y se había hecho un desastre en Plaza de la República. Nos bajó hasta "El Chopo" y eso porque le pegamos al mecanismo de apertura, y ya son 11:55, caminar hasta la estación en dirección sur, ya no nos permitirá abordar el último tren a Cuatro Caminos, debíamos estar en la Normal o en Cuitláhuac para tomar un carro. 

    Ya nos dio lo mismo, mejor nos fuimos caminando, la opción era irnos a Eulalia Guzmán ya que estábamos cercanos al norte, pero corríamos el riesgo de acabar como "coladeras" si nos metíamos en ese lugar, de algún modo era el más cercano a la casa del Beto, pero acabaríamos así: agujerados y al suelo. 

    Resignados, fuimos al Oxxo que está en la contra esquina del edificio del PRI, compramos un "seis" de Indio, cada uno y nos fuimos, ya no nos molestamos en entrar al metro, ya eran las 12:01, y mejor agarramos paso hacia la Ribera de San Cosme. 

    Qué distintas se ven esas calles, no es lo mismo el trayecto bajo el sol, con el atosigante calor y el paso acelerado bajo una plancha caliente y fumando. Aquí hace frío, nos preparamos para el evento en el que Desi y yo iremos, aunque falten unos cuantos meses para ello. La noche se ha desplomado, y los edificios se enfundan en traje de gala, el mercado de San Cosme se mira sombrío, llegar al Circuito Interior me hace sentir un ligero alivio, pues estamos próximos a la Normal, lo que no me alienta, es atravesar el fantasmagórico Casco de Santo Tomás, y la posibilidad de ser abordados por alguien. 

    Son las 12 y cuarto, hemos caminado tan rápido, que apenas una lata nos ha durado de Revolución, a la Normal. Apenas escuchamos nuestros pasos, y el sonido de una lata arrojada al pavimento de concreto; en mi mente se recrean las imágenes del ataque militar al Poli en el 68, vamos hablando de todo y de nada... Nada pasa por Medicina, Contaduría, y antes de siquiera pensar en atravesar por Economía, nos pasamos por la "Willy", y entonces sentimos que nuestras gónadas se subieron a la garganta, pues llegando a ese extremo de Calzada de los Gallos, estaban asaltando a una pareja. Y en ese momento en que nos vieron a lo lejos, comenzamos a correr pues, se dieron cuenta de nuestra presencia y estuvimos a punto de ser presas de ellos. 

    
No miramos atrás, corrimos lo suficiente para retornar a nuestro punto inicial, la idea era irlos a perder por Biológicas pero, era meternos a otra boca de lobo; aprovechamos que no había tantos vehículos cruzando y nos pasamos corriendo hasta las vías del tren. Beto acabó pisando un gallo destrozado, pues en los márgenes de las vías, hay casas, y tienen pollos ahí, casi siempre los pollos acaban aplastados por el tren y ese cruce, está lleno de cal por la cantidad de aves despedazadas por los rieles. 

    Caminamos tan rápido que "hasta el alcohol se nos bajó". Y nos empezamos a reír, quién diera la vida por volver a experimentar dicha adrenalina, no quisiera repetir el intento de asalto, pero estar con tu mejor amigo, con el alcohol de 4 jarras y más, y de repente ser perseguidos, nos hizo ver varias perspectivas de la vida, pero no hará falta hablar de ello. 

    Seguimos caminando, nos ponemos los audífonos, al calor de otras 2 latas, y con la furia de "Dive" de Nirvana, nos vamos acabando la noche; salen a vernos, se asoman por las ventanas, por los zaguanes, solo vamos gritando  con una línea incansable de "Dive! Dive! Dive! Dive with me!". 

    La vida ahora, no se ve desde el fondo de una jarra, de un tarro... La lata ahora solo me deja ver la mitad de mi campo visual hacia abajo, mañana, y quizás en algunos años, nos reiremos de esto. 

24 mar 2021

Una flor.


Busco una flor,
que no presuma sus espinas, 
que no alardeé de sus hojas secas, 
que no presuma sus raíces, 
ni que forcejeé a que vean sus otoños.

Que sea auténtica, 
que no clame que miren sus pasados, 
ni sus cenizas, 
que no busque el equilibrio, 
mediante la incesante del conflicto.

Busco a una flor que no se autoproclame perfecta, 
que sea una perfecta imperfecta, 
que sea un alma libre, 
sin ganas de herir a nadie...

4 ago 2015

Después de las lluvias.





Ahora que contigo no estoy,
ahora que conmigo no irás,
¿qué harás con todas mis caricias?
¿qué dirás de los abrazos que no serán?
 
Ahora que me veo en el andén del tren,
sabré que mi partida te será un bien,
seguro estoy que tus caderas,
por otras manos serán cubiertas,
y repletas de deseos del pasado.
 
Me pregunto si habrás vivido bien,
bajo el yugo de mi incertidumbre,
pensarás que otras manos te merecerán,
y así, el frío dejará de calar tu piel.
 
Sin poder gritar,
y sin poder mirar,
tomarás al mejor recuerdo que de mí poseas,  
¿qué dirás ahora de mis palabras?
¿qué dirás de toda esa confianza regalada?
 
¿Qué pensarás al escuchar a esa guitarra?
¿qué dirás cada que escuches mi nombre?
¿qué recuerdos acariciarás al escucharme?
y escucharnos cantar nuestro "mismo dolor".

28 oct 2011

La rosa y la carta (despedida de pétalos y palabras)



Una rosa roja, en el frío de éste cuarto, que es como una pecera, demostrará lo mucho que te quiero, y una carta en el clamor de los objetos regados de tu escritorio, se dará a notar como la estrella mas brillante de una noche fría y oscura.

    Abrirás la carta al llegar, intentaré evitar pensar en la reacción que tendrás al momento de ver la rosa y las letras, seguro pensarás que fue un buen detalle, quizás para la separación de la que soy creador y de la que eres acreedora y del azoro que te hago partícipe, quizás, creo, pienso, siento, que a primera vista, no será un buen detalle, una separación nunca será un gran regalo, pero siempre será memorable la razón que nos obliga a decir adiós.

    No sé por donde caminar, ni a quien entregar los abrazos que ya no recibirás de mi parte, no hace falta que digas que maquinas en exceso la labor de las neuronas y el corazón, yo duermo mientras lo haces, no hace falta que lo digas, e insistas en el dolor que te provoca mi libertad, no mides esfuerzos en demostrar que te incomoda el hecho de mirarme hacer y deshacer.

    Soy un alma libre, tan libre como las hojas que caen al suelo tras desprenderse de un viejo árbol, así me libero de ti, no mires ésta expresión como el rompimiento de una cadena, no es un suplicio, no eres un martirio, martirio el sentimiento que guardé por mucho tiempo y que no supe como hacerte expreso.

    Sé que mirarás a tan tempranas horas del día, sabrás que en el frío de tu puesto la rosa estará a salvo, no hay calor salvo algunas miradas que preguntarán con ansiosa extrañeza el momento en que se te hizo llegar ese regalo, mirarán con curiosidad las lágrimas de tus ojos o el aspecto funesto de tu mirar y el lúgubre ambiente de la tumba en la que te encuentras, sabré que me agradecerás que esté despidiéndote.

    Desconozco el trayecto de tu lectura, no sé del párrafo, renglón, no sé ni la palabra que en éstos precisos momentos estarás desmenuzando, siquiera para saber en qué parte de la carta vas o cual es el mensaje que poco a poco se va insertando por los ojos, hasta la cabeza, bajando por las venas y la yugular hasta el corazón, para así, recorrer hasta los pulmones y salir en un suspiro; ese tipo de suspiros que rompen el alma cuando se escuchan. Yo sigo en mi posición, donde se me puede encontrar, encorvado y mirando a la nada.

    Y ver tu rostro, que pasa de la soberbia al dolor, nunca imaginé ver eso nuevamente, estaba acostumbrado a saberme yo como la victima, jamas a ser el victimario.

    Y me da tristeza saber que lloras, siempre me rompió verte triste, y el solo hecho que de ti me esté despidiendo; me encantaría hacerlo físicamente, pero inevitablemente estaré recurriendo a comenzar una discusión, a regalarte en algún momento quizá esporádico, algún abrazo, y es que, no me gusta merecer medallas de Plata cuando mi cariño amerita el Oro, detesto mirar mi reflejo en el charco quebrarse al compás de los pequeños movimientos en el agua.

    No soy merecedor de un cariño como el tuyo, y no me siento merecedor de que reacciones de forma extraña cuando mires que mi libertad me apremia con el aprecio de muchas miradas las cuales evocan un sinfín de abrazos y risas. El lugar en el que estás, ha sido por que lo has elegido, mirarte meses a mi lado me hizo la persona mas alegre, me hizo tener mas confianza en mi, conocer el potencial como persona y como un posible cazador, como un amante y como un conquistador, pero también hizo aflorar mi lado mas infante y tierno, a olvidarme de querer cobrar venganza contra cualquier actitud extremista o con aires de frivolidad.

    Y me duele verte, saber que mi indiferencia provoca tu indiferencia, pero no me dolerá tanto, si en la estación del subterráneo al llegar o salir, te veo con alguien mas porque sé que tu gancho, el grillete que llevas no es tan pesado como quieres que lo sea, y al ver que de ti me he alejado, estarás hundida en la incabreable maña de tu propio engaño, recurriendo a la sombra de alguien más por despecho, por que así trabajas... No es una forma desdeñosa de pensar sobre ti, es la realidad y lo que tus miradas reflejan al verme bajar diariamente por las escaleras, lo que tus labios hacían cuando los besaba de forma clandestina al salir de la torre, quien pudo pensar que yo estaría codeando mi corazón con la belleza de tu cuerpo.

    Me arderá verte con alguien mas, sin razón ni consentimiento por que yo no admito los celos que tu sientes cuando por tu cabeza rondaba la idea de que alguien menor que tú, más pensante, o mas agradable podría alojarse en la habitación de mis pensamientos, aquél que tu habitabas al amanecer y obscurecer, a solas, desnuda.

    Se que no sería la excepción, no permito que me desgarres los amaneceres con reflejos y proyecciones tuyas hacia mí, busco el tener malos ratos, pero en mi haber no ha habido un solo mal gusto, a diferencia tuya; y me podría considerar un mal gusto, quizás, pero el valor que le has otorgado a éste ser, habló de la posibilidad que tuve de encariñarme, encerrarte, adorarte, como la de aislarme, destruirte, humillarte, molestarte, y no sé si esto pueda conocerse como un juego tortuoso o como un juego de amor. Simplemente, dejé de sumergirme en el encanto de tus ojos, razón por la cual, comencé a escribir las letras que miras en el escritorio de tu trabajo, el día de hoy seguramente sabrás que no es fácil querer a dos corazones. Y lo estás comprobando, yo no lo estoy haciendo posible, si es mi condición de libertad lo que origina tu molestia; y lamento recordar, que la vida no coloca las piezas en el lugar en el que se apuestan, tu lo hiciste, llegué con dos semanas de retraso, pero tu llevas años de recorrido, los cuales, yo no pienso arrastrar.

Prefiero caminar solo, aunque en el trayecto intercambie el aroma de tu perfume por el del cigarrillo.

Queda a disposición tuya el manejo de el papel y los pétalos, una vez que les hayas puesto una mano encima, habrán sido de tu propiedad.

2 oct 2011

El ruido del silencio...



Es de noche, 
y las calles se miran solas, 
se miran tristes, 
y apenas días atrás, 
quedó el recuerdo de la noche del fuego, 
el traqueteo de las armas. 

Los ladridos de los perros invaden el cielo, 
por la calle, entre los arboles, 
se pueden divisar sombras, 
se miran altos los edificios, 
lúgubres edificaciones, 
enormes sótanos, 
el olor de la muerte, 
el ruido del silencio, 
la caída de las noches, 
y las llamas que lo devoran todo. 

Es de noche, 
el casco resplandece, 
la escuela obscurece, 
el soldado sonríe, 
el soldado nos escupe, 
escupe a la tierra, 
nos ofrece a sus fauces, 
siento el atropello de las fuerzas, 
huelo el miedo de los demás, 
miro a la bala de frente y por la espalda. 

Agazapado entre el rincón, 
espero el filo de la muerte, 
miro por el filo de la ventana, 
miro el filo de una bayoneta, 
miro la sangre salpicar, 
y la miro como abono de plantas.

En la mañana, al resplandecer el Sol, 
miré una última sonrisa, 
miré la grandeza de despertar, 
cargué los libros para avanzar. 

Un disparo los frena, 
me frena, me rompe, 
la sangre escurre en líneas deformes, 
por el cuerpo, por las piernas, 
me escurre, me vacía, 
nos hiere, 
nos eleva, 
el recuerdo nos hará llorar, 
y en las nubes se notará.  

Sus armas tendrán el brillo desgajante, 
el que lució en la fiesta patría, 
calcular su despiadada vileza
el derrumbe de los cuerpos, 
el vacío de los corazones, 
el hueco en mi pecho, 
la grieta de su cráneo.

Espero que la pesadilla termine, 
espero volver a ver la luz del Sol, 
admirar una luna de Octubre.

Espera lograr despertar, 
espera y verás, 
escucha y sentirás, 
que el ruido del silencio lo invade todo, 
hasta terminar conmigo...

22 abr 2011

El taxista y su ironía.


Una vez, que había transcurrido la semana santa, estaba con la sensación horrenda de caminar bajo el Sol con el cuerpo apesantado, producto de una delicia en botella oscura, y con la fatiga de romper vidrios y desarmar máquinas despachadoras, de ésas que te dan refresquitos y se tragan la moneda sin regresarte el cambio. Estaba preparandome para ver a una amiga de la cual no sabía yo mucho, me había desentendido de mis alrededores; el color gris era mi fiel amigo.

Con el transcurrir de las horas me preparé, no descansé pensando que cualquier momento de relajación podría ser la muerte; y sin embargo no lo fue, me costó trabajo levantarme, hacer lo que debía hacer, aburrirme es mi naturaleza y poco a poco comienzo a tomarle poca o nula importancia a lo que me rodea de manera cotidiana, no lo sé.

Me arreglé, vestí de negro y me llevé esos pantalones que tan bien me lucían, tan maravillado y tan... No sé, que me inspiraban esa seguridad de querer arrasar donde quiera que mi pie tuviera la suerte de pisar, compré helado, llevé un litro de mi favorito, aunque creo haber cometido un error, pues terminé siendo yo el que se devoró tal producto...

Y entre la plática que me comenzaba a hacer tanto bien, entre las cosas que criticába en la Tele, se siguieron escurriendo esas inmisericordes horas, y el momento se abrió paso para no poder evitar decir adiós, y en realidad no quería hacerlo, no me nacía, a ciencia cierta, no quería, pero tendría que, no me era muy bello todo eso, y menos andar a tan altas horas de la noche en donde apenas y conocía, mas de no ser por que si hubiera sido de día, no me hubiera dolido tanto, pero no; tuve que emprender la retirada, su preocupación de aquella me hizo alejarme, y dar cabida a su tranquilidad.

Bajé la calle, empinada, de esas que si eres fumador, habrás terminado con la garganta lastimada, o con la sensación de un dolor químico que emerge de los pulmones; bajé la calle, veía un paisaje que no me era tan anormal, pero tampoco me parecía tan extraño o fuera de lo común; veía, escuchaba, olía a y a la miseria humana, parados en cada esquina esperando a que sin querer los retes con la mirada; seguí mi trayecto, al fin y al cabo, ¡que mas daba!, de todos modos me hallaba en campo de guerra.

Eran las 9:30 de la noche, estaba con el pesar de que estuve a punto de... y no lo logré, y me decepcioné; habían pasado 6 Taxi's y a todos los rechacé por estar esperando un jodido Microbús que nunca apareció; soporté chiflidos, miradas atacantes, risas estruendosas y músicas asquerosas, canciones que ni mis audifonos pudieron bloquear por mucho que aumenté el Stereo y el "Bass", hasta que pasó un "Atos", de ésos carritos que sientes que si aceleran salen volando, aquellos que parecen "zapatito"; y dentro de el lo tripulaba un anciano, no tan anciano, se veía con demasiada experiencia, pero con mucha subjetividad y ganas de tener la razón sin bases ni fundamentos (que ni yo me atrevo a poseer).
-¿A donde lo llevo joven?- Con una voz molesta y aguardentosa me dijo.
-A Santa Isabel Tola, por favor- dije, con un poco de alivio.

Arrancó el motor, entre esa sensación de alivio, sentía como el automóvil se dejaba llevar por aquellos hundimientos y topes, flotaba, sentia que las ruedas flotaban y se deslizaban como cuchillo caliente en la barra de mantequilla; el problema vino cuando llegué a la avenida que lleva por nombre "Martín Carrera", el taxista comenzaba a conducir con una paciencia, que desesperaba, todo sea por agarrarse unos cuantos pesitos de más, total, se le hacía justo mas cuando el lugar donde vivía era mas desente que ésos nidos de ratas que llaman "Martin Carrera" y "Gabriel Hernandez", y mas pensando que la colonía del Tule, o donde vivía, estaba del otro lado del cerro, era infame el recorrido, pero había que hacerlo; en eso, el viejo, después de toser como lo hacen los de su edad (quizás provocado por el cigarro, pues en su guantera rota se hallaba un empaque de los "Alitas", de esos que "madrean" a la primera), agarró y me dijo:
-Está cabrona la inseguridad, el gobierno no ha sabido hacer bien las cosas-

Me sorprendí, aunque no del todo, decían en un reportaje sobre cierto ex-Presidente (que tuvo la suerte de ser apedreado en el "Auditorio Justo Sierra" de la Universidad) que, hasta el mas ignorante tiene el descaro de criticar el sistema político de nuestro país actualmente, cosa que antes se castigaba con la amenaza o bien, la desaparición.

-Así es, cada día se pone fea la cosa- dije yo con cierta aspereza y desgano, pues iba con muchas ganas de robar muchos abrazos y besos a ésa amiga de la que me había desentendido y no pude.

-¡Nooo! (con ese tono duro y sorpresivo que espanta), la verdad nuestro país se ha rodeado de pura chingadera, hasta el mismo Lázaro Cardenas que fue quien le dió espacio a esos pinches Gachupines hijos de la chingada que vinieron huyendo de su desmadre y su faramalla de amistad con nuestra bonita tierra, todo era muy hermoso hasta que esos malditos lo vinieron a echar a perder- Asentía nuevamente con la cabeza, mientras veía un Mustang Negro que tuvo el infortunio de toparse con mi mirada.

-Lázaro Cardenas fue de lo peor tambien, el y su compadre el Avila Camacho, pinches militarzuchos tenían que ser, los dos se corrieron la bolita y cuando los españoles se instalaron aquí en el país, nos jodieron todo, armaron sus negocios y todo nos lo vendían caro, por eso digo que desde ese momento la economía nunca se recuperó, todas esas cochinadas del "milagro mexicano" fue una pantalla del PRIismo para decirnos que estábamos bien, cuando la verdad estaban los malditos Gachupines jodiendonos, y hasta la fecha, con las alzas a la tortilla, a la canasta básica pues...-

Simplemente tuve que volver a asentir, corresponder su plática y defender mi postura que difería en demasía con las ganas de querer engendrarme un sentido de odio hacia los resquicios de aquellos que huyeron del Franquismo hace casi 80 años, no me importaba su plática, simplemente quería ver si sus años eran una muralla a la cual pudiera usar como soporte a lo poco que sabía.

Y es que prosiguió hablando el Señor, sobre sus frustraciones económicas, mi egoísmo me hizo ser indiferente, pero con un gesto de que ponía atención; de noche y en un auto, mirar las calles y los autos, sentir el frío por las rendijas de la ventana, son cosas que siempre me atrajeron mucho; mas que oir al pobre viejo que no sentía el mas mínimo empacho por desbocar sus caballos contra nuestro estado fallido. Así que pasaron 10 minutos hasta que pudimos encontrar un boquete entre todo el embotellamiento del viernes por la noche; estábamos subiendo por la Av. Cantera, nos colocamos hacia la lateral para acceder a los arcos del "Acueducto de Guadalupe"; estuve respirando alivio, pues el final del trayecto y del "Tour verborreico" del taxista comenzaba.
-¡Si, claro que si!, estamos jodidos, nos joden en todos los aspectos, el dinero no alcanza, no dura, no rinde, a veces tenemos que apretar las tripas para poder llevarnosla leve por que esto de la "Chafireteada" no saca a veces- Insistía el viejo, sin importarle que una mueca de fastidio se escapara de mi rostro.

-Me va a dejar en aquella banqueta, en aquél árbol por favor- Ordené para que frenara la marcha y me dejara de una vez - ¿Cuánto es?-

-Si, pero la verdad estamos cada vez peor, el gobierno gasta en mas muertes y muchas mas muertes-

-Señor, ¿cuanto es por favor?- Insistí con un tono golpeado y recio (provocado también, por la acción del cigarro y el frío en mi garganta); y es que advertí que el taxímetro no marcaba cada 45 segundos el cambio por 80 centavos, sino cada 25 segundos, el taximetro cambiaba de manera continua, de tal modo que ojee el aparato, y descubrí que estaba alterado, tenía "ratón"; el viaje comunmente me salía en $15.00, ahora me salio 20 pesos mas por su charla, su taxímetro y sus ganas de manejar lento, aun estando la vía libre.

-Si, son $35.00- Su rostro cambió, se preparaba para recibir 20 pesos de regalo, en fin, tenía yo mucho mas que eso, nunca me ha dolido el dinero; afortunadamente ha sido lo que no me ha faltado.

-Tenga- Se los dí con una sonrisa, azoté la puerta y encendí otro cigarro; esperé a que arrancara.

En mi mente aparecieron una serie de maldiciones, mas no pude hacerlas posibles, mi mente solo decía:

-Y el hablándome de que estamos jodidos, y a mi me jodió $20.00 más-

Y emprendí el regreso a casa.

23 ene 2011

A la chica del gorrito rojo.



A ti, belleza, mujer de mis ojos, 
quiebre de mis congojas, 
no cierres esos, tus hermosos ojos, 
ni me quites el regalo de verlos. 

Tumbado en la oscura tristeza, 
en la penumbra de la franqueza, 
el verde esmeralda de las hojas y la lluvia, 
me acompañan en sutileza obvia. 

Tu sombrero color rojo, 
regalo del sabio del pasado, 
me acompaña, me soporta, me arrastra, 
en las rejas, en la oscuridad, 
ocultos entre frío y sombras, 
me besas y me abrazas. 

A ti, belleza con el gorrito rojo, 
de chapitas rosadas y mejillas tiernas, 
no arrebates de mí tu existencia
no me alejes de tu presencia, 
no huyas de mis súplicas, 
que en el frío ardo en llamas. 

Soporta mis gestos, mis llantos, 
mis manos que le acarician, 
refugio en sus ojos encuentro, 
en sus abrazos día a día despierto.

Que no salga el Sol, 
que el frío cubra al aire de gris neblina, 
una tarde es poco para mí, 
que no culmine contigo esta complicidad.

Que el viento no me desbarate, 
cuando las ráfagas decidan apresurar el paso, 
de ti he quedado encantado, 
a tu alma me hallo prendido, 
y me juro desatado, 
pues me estoy enamorando. 

A tí, belleza de ojos preciosos, 
que el cielo por descuido perdió, 
a tí que me besas y me encantas, 
que de suerte y gloria a mis días entregas. 

Le grito al viento que me enamoras, 
con solo escucharte entre las hojas, 
le grito al cielo y alabo sus maravillas, 
por tus días en mis venas. 

Mujer de mi vida, en ésta noche fría, 
te ruego que me abraces, 
ruego por que no me dejes, 
deseando que me esperes, 
acabando con éstos crueles temores. 

A tí, belleza, mujer de mis ojos, 
quiebre de mis sollozos, 
regálame esos ojos misericordiosos,  
y no me quites el regalo de quererlos, 
no me niegues el gusto de besarlos, 
vuelve hacia mi ese gorrito rojo, 
atora tus dedos entre los míos, 
encaja tus uñas en mis manos, 
acerca tus mejillas en mi rostro, 
y no arrebates de mí tu existencia
no me regales tu ausencia, 
que sean mentira las grises apariencias, 
por que el cielo enciende en llamas. 

A ti, belleza, mujer de mis ojos, 
quiebre de mis congojos, 
no cierres esos, tus hermosos ojos, 
ni me quites el regalo de volver a verlos. 

19 feb 2010

Las cuerdas...

 


Se oculta bajo insinuaciones, 
se hacen presentes, 
hacen que la sangre hierva, 
que la imaginación sobrevuele la realidad, 
el instinto desata aquellas cuerdas, 
que la verdad logró amarrar.

Se pierde en la luz, 
aparece en la soledad, 
posee a la mente y la domina, 
la física pierde cualquier sentido, 
y se vuelve pasiva.

Porque una posesión me invade, 
totalmente te cubre del frío, 
hace de compañía de día y de noche, 
y suelta las riendas de la desesperación, 
pues, de colores son sus ataduras, 
ocultas en los pliegues de mi deseo, 
fugaz es su cuidado que pronto al suelo terminan, 
la blancura de una sensación, 
que pronto termina enrojecida.

Sobre la mesa se han puesto los cubiertos, 
las puertas se han abierto, 
el calor de un hogar imaginario se hace presente, 
conforme el tiempo transcurre, 
poco a poco se torna distante. 

Las ataduras siguen tiradas en el piso, 
la caminata transcurre tranquila, 
simultáneamente a la exploración, 
se escuchan crujidos y sollozos, 
sollozos que atemorizan, 
sollozos que provocan curiosidad, 
atenúan a la cordura, 
la mesa cambia de posición por sí sola, 
se voltea, de forma cambia, 
las cuerdas permanecen aún en el suelo, 
un choque de suspiros 
polos opuestos que se atraen y forman una figura, 
singular, poseedora de peculiares sensaciones. 

Derriba muros, 
pilares de blanco mármol, 
rosas que pierden sus pétalos al ritmo de la ráfaga, 
la tormenta que adora en demasía, 
a la nube que sobrevuela la pradera, 
mientras las cuerdas permanecen tiradas, 
absortas a las formas y posición al suelo, 
aquellas cuerdas que al estar ahí, 
no ataban las coyunturas de aquella madera, 
han sido extraviadas y encerradas en el recuerdo. 

Y con el fiero aroma del bosque, 
del que fue cortado aquel árbol, 
dio vida a un viejo mueble, 
que ahora se halla hecho pedazos, 
porque la sangre hierve, 
y el alma pierde contra el cuerpo, 
ahora las piezas se hallan regadas, 
no hay remedio a la destrucción, 
no hay vida, solo agobio. 

Y del cansancio que brotó de las neuronas, 
hacia el cuerpo físico.

31 dic 2009

El día de las explosiones.


En el día de las explosiones,
reina el caos, salpica de odio las calles, 
desborda cada una de las ideas, 
existentes e inexistentes, 
que de la mente emergen. 

Las burlas provocan incendios, 
las risas son anuncio de la muerte... 
Lo trágico se vuelve real, 
la noche es cómplice de la soledad, 
cada atisbo de vida en ruido, es motivo, 
la razón para que haya un silencio, 
tan ensordecedor como las sirenas, 
las sirenas llevan cadáveres, 
las cárceles se llenan de prisioneros, 
mientras se busca al responsable, 
al que provoca sin instrumento, 
ni sufrimiento, 
la desaparición de tantos injustos. 

La comedia de la noche, 
los autos rodando casi al vuelo, 
quebrando el aire, 
rompiendo cuerpos, 
cajas llenas de almas, 
que sonríen sin merecer gracia alguna, 
encontrando la felicidad en la infelicidad, 
giran a la derecha, 
giran a la izquierda, 
continúan su jornada de risas, 
sin sospechar su cruel destino, 
vuelta a la izquierda, 
acelerador al máximo, 
una mano que apunta con los dedos abiertos, 
una luz que surge por sorpresa, 
pedazos de hierro y piel, 
vuelan a gran altura, 
no hay gritos de dolor, 
no hay llanto, 
solo expectación, 
solo la sorpresa.

Por que la noche se cubre de sorpresa, 
las burlas que provocan ira, 
y el llanto a la venganza, 
aguardan a la lluvia que no llega, 
no es el diablo, es tu mente, 
desata las cuerdas de la locura, 
el caos galopa como caballos salvajes, 
arrastran vidas, borronean risas, 
apagan sonidos, y ensordecen a la luz, 
la cólera quiebra muros, hay vidrios rotos, 
el aire congela el baho, 
el humo de la boca sale, 
el suelo se estremece, 
el polvo se levanta y suena a fiesta, 
las risas son preludio de la muerte, 
y el fuego reina... 

En el día de las explosiones.

6 dic 2009

Súcubo al atardecer.


Resguardado en el frio de la soledad, 
mirando un cielo particularmente voluble, 
dejando correr los segundos en bocanadas de humo, 
bocanadas que roban aliento, 
suspiro, pensamiento, 
sentado bajo un faro que luce frio, 
en lo sublime del atardecer. 

Se acerca buscando luz, 
fuego para su hoguera, 
alimento de su malicia, 
un súcubo desgraciado, 
disfrazado de la más hermosa perenne, 
tienta con versos, tienta con la mirada, 
tienta con palabras.  

La timidez fue su escudo, 
su arma el convencimiento, 
yo víctima no me percato del peligro, 
pero asiento a salir a caminar con el demonio a cuestas... 

Con la boca seca, con la vergüenza de estar con lo desconocido, 
entre calles desoladas, 
soberbiamente asfixiadas por la penumbra del viernes, 
día en que los demonios escapan de los infiernos, 
buscando la perdición del humano arrogante y débil. 

Tras haber caminado por largo, 
de beber de los vicios mas accesibles, 
de fumar y de contar, 
de huir y caminar comencé la seducción, 
abriendo las puertas al abismo con una trampa mal colocada. 
 
Me he convertido en victimario, 
la victima ya es un íncubo, y el súcubo se vuelve humano, 
se rinde ante sus deseos, 
se muestra dócil, 
el joven es poseído por el enemigo común, 
y a la oscuridad se lleva a la flor, 
oscuridad que resguarda la impureza del pensamiento.

Se detiene la posesion, 
las manos que exploran relajan su curso, 
arrastran culpas, y la demoniaca fémina, 
suplica por una segunda oportunidad, 
y en la fría oscuridad del subterráneo huye él, 
dejándole a ella con la incertidumbre, 
deseando él, nunca volver a caer...