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11 mar 2023

No se puede vivir de supuestos.

 





Yo no sé qué hago recordándote, no sé qué me da por que mi mente trabaje esas escenas cuando hay rayitos de luz golpeando a los feos muros de la vecindad de al lado, cuando el cielo se pinta de color yoghurt de durazno, y al fondo se ven las torres del teleférico con la frescura del aire que me salva del atosigante calor de una era en la que, lo preferible es no seguir dejando descendencia. 

    No se qué me da por seguir creyendo que aún ha pasado un año desde que tomé la decisión en aquél 8 de marzo de terminar, y me ha dado por querer guardar lo bueno de las cosas que compartimos en aquellos años, y de la disonante coincidencia que hizo unirnos.

    No sé qué pasa por mi cabeza, cuando me limité a verte como un enemigo a vencer dentro de mí, como algo que debería pasar al olvido. En algún momento en mí, te consideré de entre las peores cosas que pude haber experimentado. Y de unos años a la fecha, y cuando de repente, hallo alguna memoria en el banco correspondiente de recuerdos (en que los intereses han crecido favorablemente), observo que incluso, las fotos que llegaste a tomarme, se ven borrosas debido a que tu posibilidad de compaginar conmigo siempre se vio enmarcada por reclamos tipo: "¡no puedo creer que esté haciendo esto!", "¡Qué horror!".

    Quererte como lo hice, no pensé fuera un intento de imponerte mi forma de querer; me nacía preocuparme y esperarte fuera de clase y en nuestro pedazo de jardín. Sin embargo, contigo encontré reclamos por querer saber cómo estabas, por llamarte queriendo escuchar tu voz en un arranque de euforia de saber que eras mi compañera y que estaba próximo el fin de semana en que pudiera estar contigo, completamente. 

    No sé qué pasa conmigo que tiendo a recluirme en la obra de Love Of Lesbian, a querer proyectar paisaje en sitios semejantes a los que Haruki Murakami describía en sus novelas, que me hicieran querer caminar si no bajo los cerezos, sí bajo las Jacarandas con alguna canción de esas de fondo y al atardecer. 

    Cierto es también, que cuando decidí acabar con aquello, en 2016, en marzo, dentro de los primeros 10 días, las primeras jornadas posteriores a ti, estuvieron bajo el estigma de un enojo conmigo mismo... Verás: Recordar cómo insistías en que me decidiera a estar e intentarlo contigo y que al paso del tiempo, me demostraras que realmente no te importaba como cuando siendo novios, pensaras que era algo insignificante que bailaras con tu mejor amigo, y que "no negaras ni afirmaras" que entre él y tú hubiera algo ante los demás. O de que en una salida, tú y yo juntos, tuvieras a bien decir que nuestra relación "era como una máquina que parece forzar su paso", es decir, "a la que hay que darle palmaditas para que pudiera andar". O cómo olvidar cuando tras tocar el tópico de la LIBERTAD, me dijiste que "si quería besarme con alguien más, que lo hiciera, que era libre".

¿Que si me dolieron todas esas cosas? ¡Claro! Me dolieron porque en el momento en que las dijiste o las hiciste, pensé que algo estaba haciendo bien, pero me encontraba con alguien que años después confesó que pensaba que "todo lo que queria, era una relación abierta", o que de todas las cosas dichas, "ella solo me vendió la idea, y que yo me acabé comprando todo lo dicho" y con ello, hacerme responsable de que las cosas negativas permearan en lo nuestro, restándote culpa. 

    Volviendo al punto amada mujer de mi pasado, te recuerdo con gratitud, y acuño esa costumbre de recordarte a que todo eso me devuelve a los tiempos después de ti. Si bien, padecí un apego ansioso por todo aquello que veía en tus ojos y escuchaba en el tono de tu voz, dejarte me dejó posiblidades nuevas que, en su momento, sentí como un regalo de la vida. Primero, un ascenso laboral, el hacer nuevos amigos, tener bastante tiempo para mí y zafarme de aquello que me producía nudos en las entrañas, entonces confirmé aquello que me dijeron años atrás de que "a veces, la vida quita, pero también da (y viceversa)", y los momentos en mi trabajo, se complementaron de tardes en que comía lo que quería, disfrutar de los momentos a solas y conmigo o con amigos nuevos. Días aquellos en que salía de noche, miraba a la luna al llegar a casa, y a veces, estar con unas botellas en la mano mientras dejaba sentir el furor que me provocaba esa mezcla de humo y alcohol, y al amanecer, reponerme solo para sacar a mis hijos por la mañana e irme a trabajar nuevamente.

    Mantener ocupada la mente sirve para hacer menos pesado el proceso del olvido, pero es algo que se acumula hasta que como olla de presión, acaba por explotar. Y debo admitir que nunca trabajé en sanar esa herida; por un momento me resultó extraño tener que regresar a eso que era antes de ti. Yo pensé al ver todas esas cosas que tenías ocultas de mí que no había problema, pues antes de tí, "ya era yo", y después de tí, "tendría que cotinuar siendo yo". Volver a ese "yo" de septiembre de aquél año pasado en que entramos a la universidad y quitarme el disfraz de novio cuando ya para la otra persona, supongo ya estaba gastado y harapiento. 

    Tu partida me trajo la vivencia de muchas canciones que llegaron, de otras que se acabaron de asentar en mí, y de muchos colores que ví reflejados en el acristalamiento de algún edificio en Polanco, de muchos olores compartidos y mezclados, el aroma del cigarrillo que me rehusaba a dejar, el aroma de la chocolatera que a las 5 de la tarde seguía emanando sus deliciosos aromas, y el sol golpeando a la fachada gris de aquél estacionamiento que tenía enfrente, a veces volviendo áureos sus colores. Quise incluso tapar el dolor de lo que ví, y viví por cinco meses contigo con la llegada de alguien con quien pudiera sentir que caminar bajo las jacarandas, al ritmo de Love podía ser posible, pero solo quedó una ilusión que no quise que saliera de ese molde casi platónico y que, me hizo menos atirantado ese proceso de avanzar. Supongo, ese cúmulo de cosas vividas entre 2016 y 2017, fueron las mismas que me hicieron recordarte aún más, porque sí, seguro lo pasé todavía mejor, porque muchas cosas se mostraron en mi vida, y porque sí, fui capaz de sobreponerme. 

    Pero también, porque pienso en los rayos de sol que llevaron tu nombre por cinco meses, el interludio que precede al verso introductorio de "Oniria e Insomnia" en el minuto: 01:08, son una remebranza por ejemplo, de las veces que fuimos a tener un momento en que mis luces de artificio, solo se quedaron en pequeños chispazos y no te hice ver los colores que esperabas. También me devuelve a los momentos caminando por aquellas callejuelas del Centro de Tlalpan, entre las arboladas vías de la Condesa, sobre las planicies y taludes verdes del Centro Nacional de las Artes, en los jardines o plazoletas de Coyoacán, bebiendo alguna infusión o quizás, en algún puesto de comida rápida en los exteriores de la Metropolitana, o aprovechando los viernes para fugarnos a alguna sala de cine y tomar algún estreno o en la Cineteca Nacional... O ya más tarde, después de tí, a solas en mi azotea, en el silencio de la madrugada deseando estar en algún balcón en Madrid bajo el haz de luz de esa luna ibérica.

    He descartado de esos recuerdos, la sensación de sentir que te perdía en cada ida a clases, en cada momento en que llegaba a ti con la idea de pasarlo genial e irnos a comer; he despejado de ahí esa ansiedad de sentir que poco a poco te ibas aburriendo de mí y que, asi como pasó con la persona antes de mí, acabarías por hacer lo que Pedro con Jesucristo, negándome; y es que, es una sensación que no me sirve, porque a decir verdad, fuera de la ansiedad y de mis silencios repentinos provocados por ello, me encontré con alguien con quien podía hablar de diversas cosas, sustanciales, sin sentir que en cualquier momento me querría cambiar el tema por aburrimiento, y viceversa. 

    Sentí que podía escucharte y sentir que tu conocimiento era complementario. Éramos la teoría y la práxis. Sentí que en esas conversaciones podía tener un trecho más hacia ti, amaba la sola idea de sentir tus dedos enredados a los míos, cuando me abrazabas y te quedabas pegada porque el aroma de mi perfume te mantenía como imán al acero, y el amor epistolar que fuimos fraguando siendo descubridores de las semejanzas sintácticas entre nuestra escritura y las morfológicas en las letras. Esos testimonios escritos eran una manifestación un tanto para mi ego, de que podía ser querido de ese modo, pero también de pensar que a pesar de esas muestras y despliegues de mi ansiedad, algo estaba haciendo bien que me confirmaba que no estabas tan lejos, que quizás solo me hacía falta entenderte. Pero no puedo medir probabilidades con los "hubiera", con esos supuestos, aunque me he empeñado en que así sea y aún así, sentir que cada día te fuera perdiendo, a pesar que "me esforzaba" como hoy tiendes mucho a decir cuando recuerdas lo que dices, hice por tí. 

    A veces pienso en aquello que he romantizado, de decir que "me hubiera gustado crecer contigo", pero las cosas son como tuvieron que ser. De tu lado, comenzaste a tener varios problemas que algunos años más tarde se  acrecentaron hasta la pérdida y enfrentarte aún más a la soledad por un mundo en el que no te fue difícil incorporarte... La maldad es algo que no es nativo del ser humano, tal como Rousseau aseveraba, "el ser humano acaba por ser corrompido".
 
    Yo no sé qué hago recordándote si debí dejar que mi resentimiento siguiera mojando mi corazón al grado de que se echara a perder solito, sobra decir cuáles fueron las condiciones que me llevaron a concluir aquello, y que, a pesar de que alguna vez llegamos a reintentarlo, no pude por todo ese coraje que sentía, por ese ego herido, y por todo aquello que dije me hiciste, y que pasó. Hoy día, no puedo sostener un trato tan cordial, porque tiendo a caer más rápido en el aburrimiento con las personas que antes. Sé que hoy, menos que antes, una posibilidad podría vislumbrarse, pues han pasado años y heridas que nos han forjado de distinta manera. Pero hoy, mi recuerdo se da porque ya se hace con amor. Te recuerdo con amor, y quiero suponer he ido encontrando la paz en ello que antes me atormentaba, sé que la vida te ha dado muestras de que puedes y mereces ser amada, y creo que ahora podríamos funcionar, pero... No se puede vivir de supuestos. 

24 ene 2022

El sueño en Stereo.

 


Quiero que te quedes conmigo, quiero que no dejes de estar aquí, te conocí en una noche en que me invadió cierta necesidad de ser compañía y en consecuencia, me vi en la necesidad de seguir contemplándote. Un cubierto caído al suelo, un piso alfombrado, un derrame de Bailley's, fueron las cosas que me llevaron a resquebrajar un pésimo recuerdo tuyo de nuestros días de escuela. 

    Ahora, despierto, y después de un desayuno que me reanimó, me he quedado con el recuerdo y un poco de burlas, quisiera que nunca hubiera llegado el momento de frenar el consumo de tequila contigo, ni que la plática acabara, mucho menos el baile: tú sin zapatillas, y yo sin habilidades de coordinación de mis extremidades al ritmo de una salsa (no así de un rock'n roll). 

    Es temprano por la mañana, es un día soleado intenso de los últimos días de enero, y pensar que ya no iba a ir a la fiesta que nos hizo encontrarnos. 

    Ya no quiero despejar la idea de lo que encontré al conocerte, y temo que de esto, incurra en la posibilidad de incorporarte a una serie de historias que me dejaré por largo rato clavadas en mi mente; son tiempos de presumir nuestras maravillas por la gloria de los cables y la red, y yo he pensado en la necedad mía de verte tomada de mi mano, del lado izquierdo, en algún sitio verde, en algún lugar soleado, disfrutando de lo que el poco tiempo que nos queda de la adolescencia nos permitirá, era tal mi conexión contigo que, buscaba sitios verdes para estar contigo, y acabaste dedicándote al paisajismo. 

    Es una mala mañana, pero huele como imagino sería pasear contigo, y hoy por la noche, me dispondré a buscar sitios en donde tú y yo podamos acudir a caminar, pues me he formado una idea terca, e inocente de ti. 

    Han pasado las semanas, y mi viaje virtual de sitios en la ciudad por explorar contigo, me ha llevado a nombres que son hoy un "pan de cada día" en mi academia; sin querer, el haberte conocido, me estaba llevando por un trecho al cual debí seguirle la pista desde que entré a la preparatoria. No me arrepiento del trayecto que voy a recorrer. 

    La Romita, el Acueducto de Guadalupe, Los Remedios, Tenayuca, Parque de los Venados, Parque de los coyotes, Parque hundido, Centro Nacional de las Artes, Cuicuilco, nuestra Ciudad Universitaria, Coyoacán, recuerdo con atención los detalles de aquella primera conversación, pero me he perdido entre el paisaje y las máquinas. Ha pasado una semana y recibo una primera nota, y así sucesivamente me he hallado en una idea ficticia de una vida a tu lado, fotografías contigo, la torre Latinoamericana, fotos en la cúspide de ella, tú y yo mirando soberbiamente a la cámara en que alguien nos hizo el favor de capturar ese momento que, se quedó mejor que una fotografía que se acabaría rompiéndose, o borrándose. 

    No puedo esperar a verte, a pensar que alguna vez te volveré a ver, siquiera para tomar un café, beber una cerveza, y platicar largo y tendido. Quiero eso, quiero mi vida en tu vida y viceversa. Quiero que nos perdamos dando vueltas, y rodeados de plantas, de verdor, de azul celeste y de agonizante sol, quiero los colores de una flor, la perpetuidad de una laja al suelo, la calma y la paz de un río que desemboca en un lago, el trinar de las aves, la constante del viento y la luz, contigo. 

    Sé que puedo darte un cariño que creo que puedes merecer, que mi poca visión quizá me permita vislumbrar, porque cuando está oscuro, todo empieza a verse más claro en esta constelación, cuando te invoco por las noches, cuando apareces en la escuela y vas por mí para robarme un rato, entonces, saber que sueles encontrarme en cualquier lugar, me confirma que nada es casualidad; y así tenga la suerte pequeña de acompañarte con tus cosas a salir de la escuela, o a estar jugando en el pasillo perverso donde nuestros talleres se juntan. 

    No quiero dejar pasar este momento, porque en tu andar, veo que los años te endurecerán, forjarán un carácter en ti que, me hará prescindible en tu vida; no por una búsqueda de eterna sumisión en ti, si no porque soy consciente que estás más enfocada a un objetivo, que a la bohemia idea mía de tu entereza profesional, coludida con mi romántica perdición y desvío de mis rutas... En algún momento, nuestros caminos se dividirán, y estará bien. 

    Quiero verte, y sentir que mi mejor amigo nos está cantando, quiero tener el sonido de las cuerdas de un violín, una guitarra y un Rhodes de fondo. Quiero que demos vueltas y vueltas, tomados de la mano, que tengamos una viñeta con tonos oscuros y chispas. Que podamos sacar chispas para encender un fuego intenso, tener un zoom anatómico; y es que, no hay más tiempo que perder, el mundo en unos años más, se irá a la mierda, y yo quiero tener contigo una foto enmarcada, y el aroma de un pastizal quemándose a lo lejos, o de un limpiador cítrico en el ambiente mientras hacemos posible un amor fotográfico. 

    Sé que podremos ir haciendo una plática larga, que ha sido natural esa conexión, y sé que incluso puedo estar haciendo posible un sobre entendimiento de esta conexión nuestra, pero quiero que lo nuestro se vuelva un rito, que podamos pasear por Roma, estando aquí, dulce criatura. Quiero que estés segura y que ya no tengas dudas, destruir mitos juntos, sentir a tu lado que es extraña esta ciudad, e incluso sentirme fuera de escala. 

Pero, sobre todo, hacerte saber que... prefiero seguir tus pasos. 

24 mar 2021

Una flor.


Busco una flor,
que no presuma sus espinas, 
que no alardeé de sus hojas secas, 
que no presuma sus raíces, 
ni que forcejeé a que vean sus otoños.

Que sea auténtica, 
que no clame que miren sus pasados, 
ni sus cenizas, 
que no busque el equilibrio, 
mediante la incesante del conflicto.

Busco a una flor que no se autoproclame perfecta, 
que sea una perfecta imperfecta, 
que sea un alma libre, 
sin ganas de herir a nadie...

22 abr 2011

El taxista y su ironía.


Una vez, que había transcurrido la semana santa, estaba con la sensación horrenda de caminar bajo el Sol con el cuerpo apesantado, producto de una delicia en botella oscura, y con la fatiga de romper vidrios y desarmar máquinas despachadoras, de ésas que te dan refresquitos y se tragan la moneda sin regresarte el cambio. Estaba preparandome para ver a una amiga de la cual no sabía yo mucho, me había desentendido de mis alrededores; el color gris era mi fiel amigo.

Con el transcurrir de las horas me preparé, no descansé pensando que cualquier momento de relajación podría ser la muerte; y sin embargo no lo fue, me costó trabajo levantarme, hacer lo que debía hacer, aburrirme es mi naturaleza y poco a poco comienzo a tomarle poca o nula importancia a lo que me rodea de manera cotidiana, no lo sé.

Me arreglé, vestí de negro y me llevé esos pantalones que tan bien me lucían, tan maravillado y tan... No sé, que me inspiraban esa seguridad de querer arrasar donde quiera que mi pie tuviera la suerte de pisar, compré helado, llevé un litro de mi favorito, aunque creo haber cometido un error, pues terminé siendo yo el que se devoró tal producto...

Y entre la plática que me comenzaba a hacer tanto bien, entre las cosas que criticába en la Tele, se siguieron escurriendo esas inmisericordes horas, y el momento se abrió paso para no poder evitar decir adiós, y en realidad no quería hacerlo, no me nacía, a ciencia cierta, no quería, pero tendría que, no me era muy bello todo eso, y menos andar a tan altas horas de la noche en donde apenas y conocía, mas de no ser por que si hubiera sido de día, no me hubiera dolido tanto, pero no; tuve que emprender la retirada, su preocupación de aquella me hizo alejarme, y dar cabida a su tranquilidad.

Bajé la calle, empinada, de esas que si eres fumador, habrás terminado con la garganta lastimada, o con la sensación de un dolor químico que emerge de los pulmones; bajé la calle, veía un paisaje que no me era tan anormal, pero tampoco me parecía tan extraño o fuera de lo común; veía, escuchaba, olía a y a la miseria humana, parados en cada esquina esperando a que sin querer los retes con la mirada; seguí mi trayecto, al fin y al cabo, ¡que mas daba!, de todos modos me hallaba en campo de guerra.

Eran las 9:30 de la noche, estaba con el pesar de que estuve a punto de... y no lo logré, y me decepcioné; habían pasado 6 Taxi's y a todos los rechacé por estar esperando un jodido Microbús que nunca apareció; soporté chiflidos, miradas atacantes, risas estruendosas y músicas asquerosas, canciones que ni mis audifonos pudieron bloquear por mucho que aumenté el Stereo y el "Bass", hasta que pasó un "Atos", de ésos carritos que sientes que si aceleran salen volando, aquellos que parecen "zapatito"; y dentro de el lo tripulaba un anciano, no tan anciano, se veía con demasiada experiencia, pero con mucha subjetividad y ganas de tener la razón sin bases ni fundamentos (que ni yo me atrevo a poseer).
-¿A donde lo llevo joven?- Con una voz molesta y aguardentosa me dijo.
-A Santa Isabel Tola, por favor- dije, con un poco de alivio.

Arrancó el motor, entre esa sensación de alivio, sentía como el automóvil se dejaba llevar por aquellos hundimientos y topes, flotaba, sentia que las ruedas flotaban y se deslizaban como cuchillo caliente en la barra de mantequilla; el problema vino cuando llegué a la avenida que lleva por nombre "Martín Carrera", el taxista comenzaba a conducir con una paciencia, que desesperaba, todo sea por agarrarse unos cuantos pesitos de más, total, se le hacía justo mas cuando el lugar donde vivía era mas desente que ésos nidos de ratas que llaman "Martin Carrera" y "Gabriel Hernandez", y mas pensando que la colonía del Tule, o donde vivía, estaba del otro lado del cerro, era infame el recorrido, pero había que hacerlo; en eso, el viejo, después de toser como lo hacen los de su edad (quizás provocado por el cigarro, pues en su guantera rota se hallaba un empaque de los "Alitas", de esos que "madrean" a la primera), agarró y me dijo:
-Está cabrona la inseguridad, el gobierno no ha sabido hacer bien las cosas-

Me sorprendí, aunque no del todo, decían en un reportaje sobre cierto ex-Presidente (que tuvo la suerte de ser apedreado en el "Auditorio Justo Sierra" de la Universidad) que, hasta el mas ignorante tiene el descaro de criticar el sistema político de nuestro país actualmente, cosa que antes se castigaba con la amenaza o bien, la desaparición.

-Así es, cada día se pone fea la cosa- dije yo con cierta aspereza y desgano, pues iba con muchas ganas de robar muchos abrazos y besos a ésa amiga de la que me había desentendido y no pude.

-¡Nooo! (con ese tono duro y sorpresivo que espanta), la verdad nuestro país se ha rodeado de pura chingadera, hasta el mismo Lázaro Cardenas que fue quien le dió espacio a esos pinches Gachupines hijos de la chingada que vinieron huyendo de su desmadre y su faramalla de amistad con nuestra bonita tierra, todo era muy hermoso hasta que esos malditos lo vinieron a echar a perder- Asentía nuevamente con la cabeza, mientras veía un Mustang Negro que tuvo el infortunio de toparse con mi mirada.

-Lázaro Cardenas fue de lo peor tambien, el y su compadre el Avila Camacho, pinches militarzuchos tenían que ser, los dos se corrieron la bolita y cuando los españoles se instalaron aquí en el país, nos jodieron todo, armaron sus negocios y todo nos lo vendían caro, por eso digo que desde ese momento la economía nunca se recuperó, todas esas cochinadas del "milagro mexicano" fue una pantalla del PRIismo para decirnos que estábamos bien, cuando la verdad estaban los malditos Gachupines jodiendonos, y hasta la fecha, con las alzas a la tortilla, a la canasta básica pues...-

Simplemente tuve que volver a asentir, corresponder su plática y defender mi postura que difería en demasía con las ganas de querer engendrarme un sentido de odio hacia los resquicios de aquellos que huyeron del Franquismo hace casi 80 años, no me importaba su plática, simplemente quería ver si sus años eran una muralla a la cual pudiera usar como soporte a lo poco que sabía.

Y es que prosiguió hablando el Señor, sobre sus frustraciones económicas, mi egoísmo me hizo ser indiferente, pero con un gesto de que ponía atención; de noche y en un auto, mirar las calles y los autos, sentir el frío por las rendijas de la ventana, son cosas que siempre me atrajeron mucho; mas que oir al pobre viejo que no sentía el mas mínimo empacho por desbocar sus caballos contra nuestro estado fallido. Así que pasaron 10 minutos hasta que pudimos encontrar un boquete entre todo el embotellamiento del viernes por la noche; estábamos subiendo por la Av. Cantera, nos colocamos hacia la lateral para acceder a los arcos del "Acueducto de Guadalupe"; estuve respirando alivio, pues el final del trayecto y del "Tour verborreico" del taxista comenzaba.
-¡Si, claro que si!, estamos jodidos, nos joden en todos los aspectos, el dinero no alcanza, no dura, no rinde, a veces tenemos que apretar las tripas para poder llevarnosla leve por que esto de la "Chafireteada" no saca a veces- Insistía el viejo, sin importarle que una mueca de fastidio se escapara de mi rostro.

-Me va a dejar en aquella banqueta, en aquél árbol por favor- Ordené para que frenara la marcha y me dejara de una vez - ¿Cuánto es?-

-Si, pero la verdad estamos cada vez peor, el gobierno gasta en mas muertes y muchas mas muertes-

-Señor, ¿cuanto es por favor?- Insistí con un tono golpeado y recio (provocado también, por la acción del cigarro y el frío en mi garganta); y es que advertí que el taxímetro no marcaba cada 45 segundos el cambio por 80 centavos, sino cada 25 segundos, el taximetro cambiaba de manera continua, de tal modo que ojee el aparato, y descubrí que estaba alterado, tenía "ratón"; el viaje comunmente me salía en $15.00, ahora me salio 20 pesos mas por su charla, su taxímetro y sus ganas de manejar lento, aun estando la vía libre.

-Si, son $35.00- Su rostro cambió, se preparaba para recibir 20 pesos de regalo, en fin, tenía yo mucho mas que eso, nunca me ha dolido el dinero; afortunadamente ha sido lo que no me ha faltado.

-Tenga- Se los dí con una sonrisa, azoté la puerta y encendí otro cigarro; esperé a que arrancara.

En mi mente aparecieron una serie de maldiciones, mas no pude hacerlas posibles, mi mente solo decía:

-Y el hablándome de que estamos jodidos, y a mi me jodió $20.00 más-

Y emprendí el regreso a casa.

3 may 2010

Collar de palabras.



I

Cogí una aguja,
hilo negro,
y con los retazos de mi alma,
que regados dejaste,
me hice una cobija,
para que del frio pueda cubrirme,
y evitar que lo que de mi resta,
no se rompa ni se congele.

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II

Éramos dos corazones,
y de tanta ceguera estuvimos enteros,
y por nuestras extrañas situaciones,
nos vimos separados,
fuimos rotos en partes iguales,
y en partes desiguales unidos,
formando una joya de brillantes,
y de enormes diamantes,
de vistosos adornos,
y de metales inquebrantables.

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III

Me cansé de mirar al congelador,
me cansé de caminar sin destino fijo,
harto de pisar azulejos fríos,
y de regocijarme en el frio de este lugar,
me lleno de temor,
como como el vacío del vaso,
me cansé de esperar a la luna salir,
de cualquier manera,
saldrá y me alumbrará,
me cansé de esperar bajo la copa,
me cansé de suspirar a aquel humo,
y me irrito al ver el espectáculo terminar,
cuando el Sol decide ocultarse,
tomando mi medallón,
pisando por el charco seco de sangre,
empolvando sueños,
sacudo a los zapatos de la imaginación,
gritándole al viento,
rogando hasta desvanecerme,
cerrando los ojos al humo,
bloqueando mi nariz para no estornudar,
y pensar erróneamente,
que de entre las supersticiones tontas,
cada estornudo,
es un signo de que se me recuerda.

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IV

Y en el error me hundí,
cierto es que la primera vez,
aprendí a querer,
y a ser apreciado. 

Mi imagen fatal,
me impidió arrinconarme en brazos de la miel,
me impidió otro recuerdo, 
vivir, sentir,
percibir que el olor de las flores negras,
era mas fuerte que el de las flores rojas. 

Flores de sangre que me calumniaban,
al mirarme al espejo,
golpeándome contra la pared,
exprimiendo mis lágrimas.

Y de esa suerte que tuve a bien probar,
caminé entre los arboles del recuerdo,
enredado por otras manos,
que me disparaban al cielo. 

Y en mi infierno vi a los patos nadar,
en el lago de la falsedad,
de unas emociones irritantes,
inepto quizás me vi,
al aceptarla en mi purgatorio,
sabiendo el martirio que provocaría. 

La infancia se resistía a abandonarme,
y su infancia me atrapaba,
mi impureza infantil y mediocre,
me inspiraba a querer explorar terrenos,
que eran imposibles de habitar. 

La banalidad de mis ojos,
no me dejó ver mas allá de los pies,
no me permitió permitirme,
soltar la cruz de mi sufrir,
por un amor pasajero,
y duradero en el dolor.

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V

Debo aceptar que me gusta tu forma de pensar,
ser sensible a lo que los demás sienten,
enfocarte en buscar solución a los irremediable,
dedicarle tanto tiempo al dolor de amar.

Pero estoy en desacuerdo,
que vayas contra la corriente,
y que pienses que lo real es ridículo,
y que ser realista es lo peor.

Estoy en desacuerdo que quieras contrariarme,
para querer complacer a las mentes absurdas,
pensando que es sano ayudarlos a ver la luz,
cuando en su habitar hay cristales de sodio.

Quieres lanzarte al vacío de la comprensión,
y a cambio encuentras involución,
me reprimes la idea de ser un impermeable,
para evitar que la locura me moje,
piensas que de ti sigo embrutecido,

Y sin embargo,
de entre mis manos ya he sacado una navaja,
para cortar lo ultimo que dejaron tus palabras,
para rebanar tu negación a acompañarme,
pues en esta cruda navidad que pasó,
hiciste mis días similares,
al sonido de una guitarra bajo la lluvia.

Y no es que me importe en demasía,
era mejor a soportar tu alma vacía,
estoy de acuerdo con tu sensibilidad hacia el mundo,
estoy de acuerdo en que hayas rechazado mis abrazos,
en que hayas volteado la mirada hacia otro ángulo,
para evitar que te calentara las manos en este invierno,
estoy de acuerdo que me hayas dicho que no,
caminando a oscuras por el boulevard,
rogándome la oportunidad de no molestarme...

No te preocupes,
no molesto siempre que haya una barrera,
indestructible quizás,
lo dijiste todo en la víspera de navidad,
y con mi navaja, dos meses después,
decidí romper ese hilo de cobre,
que me mantuvo unido a ti,
y que por un corto tiempo,
me hizo brotar en ira.

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VI

Quizás sea muy noche,
quizás importuné demasiado,
no puede ser posible,
y estoy a punto de tirarme al abismo.

Un malentendido quizás,
una llamada sin hacer,
un llanto que no brota,
una mirada que arrulla tristezas.

La sordera del silencio,
me nubla la vista,
el desasosiego me envuelve,
en frazadas de dolor.

Un dolor sin sentido, quizás,
una molestia reprimida,
no debí haber dicho ni hecho nada,
para no molestar, quizás.

Un malentendido,
que se encierra en ámbar,
que se mezcla con el susurro del viento,
y que se estrella al caer en la verdad.

Estoy llegando al final de mi karma,
y mi prueba se ha dispuesto contra mi,
entiendo lo imposible de las cosas,
y de lo posible de lo demás.

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VII

Y los coros celestiales,
cantan al ver mis labios curarse,
y los principados y potestades,
se inundan en calor,
cuando la luna me llena de verdades.

Me harté del dolor de otra partida,
y en la pista me enrolle de una hiedra,
soy incapaz de describir todo,
cuando me veo partir de cero,
arrodillado entre el tumulto.

Y los Ángeles se visten de gloria,
mientras los Arcángeles en el mar,
sus trompetas oigo sonar,
cuando me abraza ahuyentando al diablo,
que se comía lo poco que de mi quedaba.

Desde el trono celestial,
brindan con vino,
danzan sobre el cielo,
y hacen a las estrellas parpadear,
mientras en la tierra,
uno de sus hijos ve morir su dolor,
que parece querer revivir,
con cada retazo de ausencia,
y se extingue con cada vistazo a su apariencia.

Desde el cielo me ven reír,
desde el cielo se cierra el infierno,
el purgatorio se vacía,
mientras vivo la felicidad en la noche.

Y los querubines y serafines bajan,
de los hombros me toman,
toman la forma de una mujer,
que enreda sus dedos contra mi,
que es como el sol en la selva,
y fresca como el rocío de la madrugada,
y claroscuro como el ocaso.

Y los coros celestiales,
cantan al ver mis labios curarse,
y los principados y potestades,
se inundan en calor,
cuando la luna me llena de verdades.

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VIII

Estoy perdido,
entre la soledad de la playa,
a medianoche y a ciegas,
me lancé al mar,
queriendo buscarte,
sin lograr encontrarte,
nadando entre delfines,
me transformé en una perla,
que flotó hasta la costa,
y yace ahora perdida en la arena.

Y te veo llegar,
caminando en la playa,
mojando tus dedos,
haciendo en la arena agujeros,
la corriente me lleva,
y de nuevo me regresa,
espero con ansia,
el momento en que cruces
y siento hervir,
al mineral que llevo dentro,
cuando te veo y no me miras,
pues es el miedo que tengo,
al pensar que ante tus ojos,
quizás solo soy una perla,
que se pierde entre la espuma.


17 ago 2009

La Rosa De Tus Ojos...


Voy pensando y pensando y mi cabeza se alborota, hace 8 días estaba apresurándome a llegar temprano a la escuela y al no llegar, me resigné por completo a llegar tarde, por que mis retrasos son habituales y me entretuve escuchando aquel disco que me devolvía a las sombras siendo las 2 de la tarde, oscuridad que pareció materializarse en un día especialmente gris, pero encantador aunque un tanto apático por que a mi paso, en mi andar entre corredores y pasillos me encuentro con personas que sin quererlo o inconscientemente deseándolo me van impidiendo el paso.

    Y aún así, podré considerarme afortunado, por que salí sin mayor daño que el que se le puede hacer a mis oídos, y es escuchar las desagradables notas de lo común y mundano que a la gente le gusta escuchar, rompiendo mi intento de barrera oscura y de gracia dentro de mi cabeza llena de penumbra y melancolía, hay sentimientos guardados; si los hay, pero aun no se podían revelar, y al salir compré mi vicio.

    A lo lejos la veo aparecer, vaya sorpresa, es lunes y me sorprende ver a esa figura vestida con ropajes con colores no apropiados para el gris de ese día, ni de mis ojos; pensé que no la podría ver, pero es obvio que el destino ha intentado acercarme a ella, y disimulando desconcierto volteo la mirada pues Ale, lo ha hecho y se acerca para golpearme suavemente con una botella de agua a una octava. Ya en la noche tuve que revelarle a Alejandra que no podía aguantar toda esta farsa de disimular tanta atención hacia ella y tuve a bien decirle que me encantaba su todo, sus ojos, su piel, sus manos, su cabello, su ser. Su reacción si bien, fue de sorpresa, todos los rumores apuntaban a que ella sentía lo mismo por mi, por la confianza que supuestamente le había inspirado y por que físicamente le había parecido atractivo y por esa forma en como me abría con ella. 

    Ahora, pienso que tomé la acción equivocada de destapar mi sorpresa tan prematuramente, curiosamente mis días se mostraban contados, me sentía como el enfermo terminal queriendo hacer todo de una vez en un tiempo corto, pero quizás el destino me armó una treta de la que ahora me veo confesándole todo mi sentir a una mujer que me era indiferente, contando sin más que con mis dedos y mis miedos, por que no quería que pensara que estaba jugando con ella, quise ser lo mas diáfano posible. 

    Mas no pude, todo se tuvo que sacar a flote entre el mar de nuestras tristezas, salió un rayo de luz que apuntaba a desaparecer ese abismo donde criaturas extrañas se esconden bajo el nombre de criaturas abisales, en el mundo de Alejandra y mío, lo llamaremos sentimientos.

    Bueno, no pude contenerme, y se fue, seguramente no pudo dormir, por que yo tampoco lo hice, y esa semana mis sueños fueron tan cortos como cuando reproduces un "Extended Play", tan fugaz como la luz de las hojas de tabaco al quemarse; al menos hasta que decidí enfrentarle para decirle eso que le había dicho y para que ella viera que no estoy jugando ni que es una apuesta; quizás si, le aposté a mi suerte que podía ganarme su cariño a pesar de "lo complicado" que ella intentaba resultarme.

    Total, la he visto, se mostraba insegura y con temor, y yo estaba en el mismo estado, dije lo que tenía que decir, y así tuve que mostrar mi inseguridad a su reacción, confesé que la quería y ella hizo lo mismo, caminando en el patio de la escuela no faltó quien se preguntara que era lo que ocurría entre nosotros, mientras ella se subía de puntas para rodear mi cuello con sus brazos.

    Al otro día llegué con el mismo animo con el que había empezado la semana, ahora el día estaba soleado, era un bello atardecer de viernes, solo que mi ánimo le increpaba al sol por haber aparecido en "tan buen momento", después de rechazar una salida a una fiesta con mis amigos, preferí quedarme al verla caminar por el lobby de la preparatoria; me quedé los últimos momentos del ocaso del viernes con ella y seguirla a donde fuera pero mis palabras estaban ahorcándose en el chicle que me estaba comiendo, y se golpeaban en las paredes de mi boca como aquel secuestrado que busca la manera de hacer ruido y que le rescaten, en mi estomago había una burbuja morada que me hacía sentir tan bien, pero en conflicto con una profunda desolación. 
    
    Al salir de la escuela tras haber estado sentados en ese rincón, platicando, soportando la frialdad del lugar en el anden donde ella tendría que partir y después de varios intentos de mostrarle el recorrido de mis caballos, solté las palabras más condenadas en mi persona, por que hasta el momento en que la conocí, la amargura era un sinónimo de mi vida. Pasado un fin de semana similar, un florista esperaba con un cigarro en mano a un tonto que se estaba enamorando para comprarle alguna de las rosas y arreglos que ofrecía. Entré a la escuela, esperando su llegada, mas no la vi y estuve a punto de tirar la rosa o llevarla a mi casa, me era un enorme riesgo llevarla de vuelta y tenerla ahí mientras se moría por el atosigante calor de mi hogar; hasta que llegó diciéndome que ya se iba, quería acompañarla y ella accedió ya en el andén de 18 de marzo, saqué la flor y al verla, Alejandra soltó una sonrisa y unas palabras un tanto complacientes y agradables a mi estima:

-Hacía mucho que no me regalaban una rosa, y lo mejor de todo es que es color rosa, mi color favorito y me la estás regalando tú.- 

Sin embargo, su respuesta a mi sinceridad tiene que esperar, por motivos casuales, alguien más se había aventurado a volver esto una competencia por su cariño, aunque, ella y la rosa de sus ojos, me han dado la posibilidad de tener un "Sí" por respuesta segura, para finalizar me abrazó despidiéndose.

29 jul 2009

Situación o razón cósmica.


    Hoy, la mañana luce fría, has despertado con sueño y sintiendo las ganas de cubrirte con ocho cobijas más pues, el día ha amanecido nublado y resultaba difícil distinguir entre la madrugada y el amanecer frio, sin ese molesto astro queriéndose hacer notar entre las cortinas; hay algo que te obliga a levantarte tan temprano cuando en la madrugada habías bebido alcohol y fumado cigarrillos, pues tu impulso y una extraña sensación de felicidad te lo exigían y tienes que levantarte temprano para ir a trabajar. 

    Ya es de día, hace frío y con mucha apatía te metes a bañar, abres completamente la llave de la regadera del agua caliente, dos giros a la del agua fría para que así puedas reanimarte y tener ansias de no seguir acobijado y no sientas despellejarte con el sauna improvisado de ese momento.

    Con nuevos bríos, en la mesa aparece de forma misteriosa un vaso grande y humeante de café con un pan para acompañarle, esperando que con ello te arranques ese sabor amargo de alcohol y nicotina que persiste aún y después de haberte cepillado los dientes; hoy deberás empaparte de monotonía y sabes que todo esto tendrá su recompensa porque cuando el reloj marque las 14:00 horas desde el momento en que comenzaste a soñar, saldrás impaciente por las escaleras del edificio donde trabajas y encenderás un cigarro, pensando únicamente en la persona que te maravilla desde hace poco tiempo.  

    Y así, terminas el café y emprendes la marcha hacia la terminal del metro donde tendrás que sobrevivir a los empujones y golpes de aquellos que corren el mismo destino que tú. Así, entre los túneles y los recordatorios del 10 de Mayo al operador del vagón, sales disparado hacia la caminata que te llevará a ese lugar que también te hace sentir útil; en el trayecto sacas el encendedor (que no deberá de faltarte), enciendes un cigarro y te pones a buscar una buena canción en tu memoria porque antes de salir de casa, tuviste a bien la idea de poner música para amenizar tu fugaz desayuno. Caminas entre los charcos, entre la gente que con su paso entorpecen el tuyo, entre pequeños riachuelos de agua ves asomarse al sol que, se abre paso entre las nubes que últimamente le han estado robando cámara. 

    De repente, te pones a pensar en ese motivo que te hizo cambiar la perspectiva de las cosas,  llegas, pasas lista, te registras, entras al local, te pones los auriculares, enciendes el monitor y empieza la jornada; esperas con ansias que marque el reloj la hora de salida para que cuando te den la indicación, salgas disparado del lugar, bajando con prisa las escaleras y enciendas nuevamente un cigarrillo, aquel que hará que te olvides de esa mañana que te resultó particularmente pesada. Sales con tu amigo y platicas de cosas sin relevancia, pensando en la presión que te dejaba esto, a la vez que comías las ansias por llegar a verla. 

    Has llegado a la estación que te dejará en las puertas de la preparatoria, las ansias de poder verla son casi mortales y aguardas, no hayas razón de su presencia, está ausente y no puedes evitar notarlo, al final habrá oportunidades más para estar con ella, puesto que esto que vives a su lado, apenas comienza.  

    Ya entradas las horas del ocaso, sales con tus amigos, buscan refugio en un camellón y comienzan a beber la delicia de la cebada fermentada, sin contar la presencia de aquellos guardias de la calle que al final logran evadirlos dirigiéndose al puente que ayuda a las personas a atravesar la gigantesca avenida que se hace llamar "Insurgentes Norte", mismo que permite atravesar al otro lado de la civilización, aquél que define la línea entre lo bello y lo horrible. 

    Entre la plática, siendo las 6:24 de la tarde, piensas en Alejandra, la recuerdas, le guardas con cariño al recordar como fue el inicio de toda esa aventura juntos, y es que, precisamente en ese mismo instante en que por alguna razón cósmica, has comenzado a recodarle mucho más de lo debido, mientras escuchas al amigo en común sobre su personalidad, confirmas que ha sido una tarde perfecta.  

    Emprendes el regreso a casa, te miras en el reflejo de la puerta del vagón, tus ojos se cierran y el calor dentro del mismo es insoportable; la noche es fría, y has olvidado que hay alguien rondando en tu cabeza, que hay situaciones muy importantes en qué agotar toda tu atención y, sólo sales de la estación-terminal. Agitado y fastidiado... Llegas a casa. 

    Abres la puerta, te recibe el perro, esa mujer llamó a tu casa, te diriges al identificador de llamadas y su numero aparece a las 18:24 de la tarde, te ha marcado y tú estabas ausente, no pudiste responder pero fue como si la hubieras invocado con la mente. 

    Situación o razón cósmica, justo a esa hora, mirabas el reloj en el puente al son de las burbujas de la cerveza y el sol ocultándose sobre el puente, te acordabas de ella.