14 ago 2016

Soliloquio.


Suena la noche, hay luna y suenan los autos, uno por cada 15, 15 que parten en cuatro a la hora, dos camiones en uno, uno que parte en 60 a la hora; son las 11 de una noche que antecede a la que sigue, y voy arrastrando el pensamiento de algo que me hizo sentir tan bien, y al final, cual borrachera, terminé estando vacío. 


    Aquí yacen los últimos momentos de mi solitario pensamiento, me pregunto por cuánto tiempo veré remojarse a mis amigos entre el alcohol y la tormenta, ¡nada como poner al sol mis deseos, y refrescarlos con cerveza al atardecer! Pierdo el motor de todo odio, cuando observo al sol ocultarse, ¡y hace tanto que no pienso en alguien! Y más, que ni le he colocado su nombre a una puesta de sol. 

    Pero aquí me veo, cubierto de nubes, escuchando el zumbido de los mosquitos que claman por dejar al descubierto una parte de mi cuerpo que pueda ser explotable para sacarme sangre, me veo con este grillete en donde grabo mis pensamientos, y en las cosas que deseo olvidar, las que poco a poco pierden importancia, y las que quiero que importen. 

    Hoy, como hace unos días, he tenido la dicha de ver una luna que, a pesar de la opacidad del cielo, me ha permitido verla como hace semanas no lo he hecho, pues desde marzo, quizás febrero, entre los árboles de la escuela, he visto más días grises de los que hubiera yo querido. Pero igual, poco a poco veo a todas ellas partir, a las nubes y a las cerezas de mis pasteles. Hace tanto que no me veo en la necesidad de plasmar el dolor, de escribirlo. Suenan las acústicas y los violines, mientras mi cabeza, vuelve a ocupar el papel de licuadora mental. 

13 mar 2016

La máquina que forzaba su paso.



Esos "Te amo",
disfrazados de "te adoro",
las mañanas que se tornan inclementes,
largas, pesadas,
esas que me hacen desearte,
y que en mis adentros,
hacen esperar ese momento,
para derretirme en tu calor.

Un "te amo",
disfrazado de "te adoro",
y mi mente divaga,
entra en la calma por saber,
que tu amor me colma,
entra en conflicto por el temor de perderte.

Los telones de mis palabras,
ese tesón tuyo por vivir el hoy,
vivimos en esta vorágine llamada "amor"
y a tus pies me rindo,
soltando las riendas de mis humores volátiles.

Un "Te adoro",
que guarda a un "Te amo",
un abrazo que muestra cuánto te extraño,
mis paisajes cobran otro sentido,
y mis soledades ya no son tan solas,
si tomo una píldora de ternura,
y comienzo a recordarte,
a adorarte,
a pensar que llegarás con tus labios,
rogándome a gritos que los muerda. 

25 oct 2015

Recuerdos al suelo.



Y ahora, nos vemos tirados al suelo, parece que ha sido mucho tiempo desde aquellos días en que comenzó todo esto; la toma de la Universidad por la tropa, recuerdo que quedaste atrapado en los baños de Arquitectura, y tuviste la suerte de escapar a expensas de que te encontraran. ¡Bendito Dios que, no te pasó algo! Otros no corrieron con la misma suerte y aparecieron asesinados días después.

Y, me veo contigo, tirados al suelo, recordando cada uno de esos días turbulentos del verano de 1968, las largas jornadas en las brigadas, en la periferia de la Ciudad: La Merced, Iztapalapa, Tacubaya, Coapa; las noticias que nos llegaban por boca de los compañeros sobre la sangrienta derrota y toma del Politécnico a manos del Ejército.

Las ocasiones en que preferíamos hacer a un lado esas cosas e ir al Cine Tlatelolco, a la Zona Rosa (aunque sea a mirar o tomar un café), la iluminación del Centro. Cuando llegabas y me dabas vueltas por el Centro Médico; los momentos en que nos pasábamos tirados en el pasto, en las islas de Ciudad Universitaria, observando el recorrido de las nubes y dejando al tiempo escurrirse.

O como cuando me pediste ser tu compañera, ese día fue realmente inesperado, y dije que debía meditarlo, estaba sin cabeza por las cosas que pasaban a nuestro alrededor, la ignominia de nuestros adultos y tu estado de salud me tenían con cierto desconcierto; vivías con ese pendiente de cuidarte las espaldas, ya habías tenido ciertos episodios en los que el pánico te abordaba y no sabías en qué momento, podría llegar a ser el último. Vivías esperando el "apañon" -como decías tú-.

Y cuando recibí tu propuesta, hasta habías comenzado a tartamudear...

Nunca imaginé verte así, estaba anonadada, nunca vi o pensé llegar a ver al hombre fuerte y alto, arquitecto de estudio, guerrero de pensamiento y acción doblegarse, perderse por una cosa así; y es que, no era cualquier cosa.

Un hombre fuerte adopta esa fortaleza
por la cantidad de sucesos previos que vivió en el pasado, cosas que ya no me tocó ver en ti, para apaciguarlas, para tranquilizarte, para que no tuvieras casi todo el tiempo ese rictus de seriedad en la frente; pero de repente, te viste tan tierno y vulnerable en ese instante.

Recuerdo los mítines en Tlatelolco, las noticias de aquellas encarnizadas batallas en la ciudad, la bazuka en San Ildefonso, el ataque a la Vocacional 5; me preguntaba si era necesario que todo esto hubiera llegado a este punto. La vida debía cambiar y para ello, la vida debía dar giros para que ese sacrificio no fuera en vano, aunque lo terrible de todo esto, era el sacrificio mismo.

Había yo salvado el pellejo el día que la Universidad fue tomada, yo estaba en Copilco cuando escuché que la gente daba alaridos de terror por la cercanía de la tropa; yo iba con mi bonche de papeles que recién había recibido por mi labor en el mimeógrafo, largas jornadas de sonidos mecánicos para informarle a todos que, nuestra lucha era pacífica (¡de qué serviría!).

Esa tarde, sentí un terrible sobresalto, y me dirigí corriendo a CU; Mariela, nuestra amiga en común me detuvo -poco le faltó para clavarse al suelo para evitar mi marcha-. Pero ya no pude hacer más, la Universidad ya estaba rodeada, lo único en lo que pensaba era en tu horror y el coraje que las bayonetas te provocaban, te imaginé en alguna de esas escenas que salieron al otro día por el periódico: sometidos, manos a la nuca, acostados en la plaza de Rectoría, o parados con los militares acosándolos a ustedes, y cantando el himno nacional con los dedos levantados con la "V" de victoria.

Pero, también recordé que detestas cantar el himno nacional, no por una expresión apátrida sino, porque no te parecía correcto usar una letra que enaltece a la patria mediante la guerra, en un movimiento pacífico.

Sentí que el corazón se me iba ese día, te recuerdo por ultima vez en la cafetería de la Universidad, dijiste que recogerías material que olvidaste en el taller; o si acudirías a informarte sobre alguna resolución a la que se haya llegado en alguna de las largas disertaciones del Consejo.

Me contaste que tuviste que caminar largas horas por la oscuridad,
sorteando a las alimañas del pedregal, las espinas de la vegetación de Santo Domingo, y con el amplio temor de ser hallado por algún hambriento militar; dos días con el Jesús en la boca, hasta que te vi desgañitado y con muchos raspones, tus botas ya lucían la marca del trato de la roca, y ya se había despegado la suela y tus pantalones lucian rasgados, pasaste horas escondiéndote en alguna caverna; tomaste Insurgentes y seguiste tu marcha hasta Chapultepec y de ahí a Tacuba. ¡Qué cansancio el tuyo! Dos días sin comer y beber algo, tuve que marcar a la Dra. Arámburo para no ir al Hospital y te hicieran preso.

Ya vivía con ese temor.

Recuerdo cuando me platicabas de aquella primera marcha por Insurgentes hasta Félix Cuevas y de regreso por Avenida Universidad, ese día no pude ir porque mi madre estaba enferma; ya se hablaba de que el Batallón de Paracaidistas estaba situado con bayoneta calada a la altura de la Glorieta de Insurgentes y se decidió volver a la Ciudad Universitaria; estabas detrás del rector Barrios Sierra, me platicabas de la Tridilosa del ingeniero Heberto Castillo. ¡Cómo te impresionaban esas personas!

Ahora, nos vemos en el suelo, regresando al momento en que me pediste afianzar mi compañía,  y te dije que lo debería pensar, estaba asediada por el miedo de los días previos, saber que hubo amigos que nunca más volvieron a casa, que no sé si volverán; me hallo recordando esa tarde tirados al pasto, los momentos contigo en algún punto de la ciudad, como cuando prometiste llevarme por el Metro una vez que lo inauguraran; como Arquitecto te encantaba la idea de tener un servicio de primer mundo en nuestra ciudad. Siempre le viste lo hermoso al caos que suele llegar a ser la ciudad, querías seguir los pasos de Mario Pani.

Ahora intento no ver el momento en que hoy nos encontramos, al suelo de la plaza. Hace ya una hora que comenzó el tiroteo, y no supe qué pasó que, sentí un extraño calor y adormecimiento de la pierna, y caí al suelo.

Me dijiste que descuidara, que todo pasaría, vimos personas caer, uno a uno; alguno con una perforación, quizás dos en el tórax, una manta de la Facultad de Derecho yacía pisoteada y llena de agua, una gorra de ferrocarrilero ensangrentada, imaginé el destino del portador de la misma y me negué a seguir viendo.

Hubo otros, que sin cráneo terminaron, o terminaron sin un pedazo de cara por bala expansiva; los hubo desde niños hasta ancianos, pasando por los que éramos estudiantes, desde los más pequeños que venían iniciando cursos en la Preparatoria, en las Vocacionales y que fueron a dar ahí por la curiosidad que les engendraba el movimiento, o por ser un incipiente conjunto de futuros miembros del mismo. ¡Qué gran espíritu! Y qué tristeza su destino.

Hubo madres embarazadas, abuelos que recogían a sus nietas o hijas de la escuela, pensando quizás que la edad los haría merecedores de la compasión de la bayoneta, sin tomar en cuenta que la bayoneta no tiene conciencia, y que sólo tiene motor en el ímpetu que la obliga a abrirse paso en el cuerpo que atraviesa; hubo perros alcanzados por las balas, flores pisoteadas y nosotros, que yacemos tirados, en el suelo, conteniendo las ganas enfermas de tiritar, de gritar, de sangrar.

Ambulancias sonando, detonaciones, un claxon que no deja de sonar hacia el eje Central... Todo es una rara película, es una pesadilla.

La vida juntos pasa una a una, te he tomado la mano, hubo un momento en que esa mano pasó del clásico calor tuyo, a un estremecedor frío. Pensé que en algún ataque de pánico tuyo, la presión te había bajado y por ello esa reacción de tu cuerpo, y ya me había acostumbrado a verte así y sólo bastaba con decir que "todo iba a estar bien", y abrazarte.

Más, algo me decía que ya no iba a ser así, ahora los momentos que viví a tu lado, en el Moro, en el cine, en las asambleas del Justo Sierra, en las islas de la Universidad, cada que ibas por mí a Filosofía, y de ahí perdernos en tu "Renol" por el pedregal; en las brigadas, todo pasaba por mi cabeza en ese momento en que el tiroteo amainaba, llevábamos una hora echados al suelo en esa lluvia de agua y balas.

Ahora, recuerdo que me dispuse a dejar de pensar tanto, y admití tu propuesta, decidí que al terminar el mitin respondería a la pregunta que me hiciste en la escuela, hoy que estamos en esta posición me di el valor de decir: "¡Si! Sí acepto irme contigo, ¡quiero vivir con más intensidad los días a tu lado! Y seguir perdiendo el tiempo viendo las nubes desde el pasto de CU, quiero estar contigo el resto de mis días."

...

Me hubiera encantado decirte todo esto, estando tú presente ahora, y ahora me veo empapada y sintiendo las ganas de tragarme mis gritos, nos hallamos hinchándonos debajo de esta inclemente lluvia, me hallo observando tu cuerpo, el frío de tu mano fue causado por una bala que te atravesó el cráneo, te arrebató de mi vida como esas hojas del otoño cuando son sopladas por el viento.

Quisiera tanto haberte dado el "Si", y ver tu sonrisa por ello, seguir con nuestros planes una vez que esto hubiera acabado, regresar al tiempo y vivir en paz, conocer todo lo que vendría tiempo después, cuando las aguas se tranquilizaran.

Ojalá que Tlatelolco nunca hubiera llegado.

4 ago 2015

Después de las lluvias.





Ahora que contigo no estoy,
ahora que conmigo no irás,
¿qué harás con todas mis caricias?
¿qué dirás de los abrazos que no serán?
 
Ahora que me veo en el andén del tren,
sabré que mi partida te será un bien,
seguro estoy que tus caderas,
por otras manos serán cubiertas,
y repletas de deseos del pasado.
 
Me pregunto si habrás vivido bien,
bajo el yugo de mi incertidumbre,
pensarás que otras manos te merecerán,
y así, el frío dejará de calar tu piel.
 
Sin poder gritar,
y sin poder mirar,
tomarás al mejor recuerdo que de mí poseas,  
¿qué dirás ahora de mis palabras?
¿qué dirás de toda esa confianza regalada?
 
¿Qué pensarás al escuchar a esa guitarra?
¿qué dirás cada que escuches mi nombre?
¿qué recuerdos acariciarás al escucharme?
y escucharnos cantar nuestro "mismo dolor".

3 mar 2014

Las aguas...

Y es que ahora, me veo sentado en los bordes de la banqueta, mirando como pasamos del estrangulador y atosigante calor, a un extraño día nublado, huele a lluvia, y aún no ha llovido. Se sigue sintiendo calor, y este color gris de las nubes ha provocado llegar a la conclusión de que sigo ahogándome en un mar de recuerdos.

Observo a "los tordos", que se pelean en la orilla de la calle, se la han pasado un largo trayecto peleando, y desconozco cuál sea el motivo de tal enfurecido encuentro. Pero me he limitado a verme como un César, y darle "pulgar abajo" al perdedor (y aún sin decirme que "los que vamos a morir, te saludan").

Poco a poco, esa callezuela, inclinada, ha visto como sus suelos forrados de asfalto, se han convertido en arroyos, pequeños y a la vez, estrepitosamente ruidosos; las hojas parecen pequeñas canoas que son arrastradas por unos rápidos.

Olvidé mencionar que ha comenzado a llover, olvidé que hace unos días, me asola un enorme desconcierto que, ha provocado que hoy, y más que nunca exista una copa dentro de mí, que poco a poco se va llenando de lágrimas.

Las lluvias se han comenzado a apostar en nuestros días, tras el advenimiento de una jornada calurosa en extremo, quisiera que el sonido de violines no cambiara por el de un piano triste, pero me veo en esa flagrante necedad de querer refugiarme, bajo el cobijo del frío y la llovizna.

Mueren los sueños, muere el día, muere el Sol en esta extraña pesadumbre; quisiera no haber sido tan torpe, por haber confundido una felicidad falaz y volcarme a una infelicidad flamígera. Tardes de encuentros furtivos que, en este momento quisiera que esta tormenta apagaran.

Las aguas han salido de su cauce, ya sobrepasan a las aceras, camino por camellones, puentes. El ruido del agua es una extraña orquesta que forra de caos a aquellos que invadieron sus reinos.

Camino por callejones, las aguas ya llegan a mis rodillas, son transparentes, hay hojas y palmas flotando. Solo para dejar como recuerdo, los deseos de apagar esta melancolía voraz... Pues al pasar las aguas, ya no habrá rastro de mi.

28 oct 2011

La rosa y la carta (despedida de pétalos y palabras)



Una rosa roja, en el frío de éste cuarto, que es como una pecera, demostrará lo mucho que te quiero, y una carta en el clamor de los objetos regados de tu escritorio, se dará a notar como la estrella mas brillante de una noche fría y oscura.

    Abrirás la carta al llegar, intentaré evitar pensar en la reacción que tendrás al momento de ver la rosa y las letras, seguro pensarás que fue un buen detalle, quizás para la separación de la que soy creador y de la que eres acreedora y del azoro que te hago partícipe, quizás, creo, pienso, siento, que a primera vista, no será un buen detalle, una separación nunca será un gran regalo, pero siempre será memorable la razón que nos obliga a decir adiós.

    No sé por donde caminar, ni a quien entregar los abrazos que ya no recibirás de mi parte, no hace falta que digas que maquinas en exceso la labor de las neuronas y el corazón, yo duermo mientras lo haces, no hace falta que lo digas, e insistas en el dolor que te provoca mi libertad, no mides esfuerzos en demostrar que te incomoda el hecho de mirarme hacer y deshacer.

    Soy un alma libre, tan libre como las hojas que caen al suelo tras desprenderse de un viejo árbol, así me libero de ti, no mires ésta expresión como el rompimiento de una cadena, no es un suplicio, no eres un martirio, martirio el sentimiento que guardé por mucho tiempo y que no supe como hacerte expreso.

    Sé que mirarás a tan tempranas horas del día, sabrás que en el frío de tu puesto la rosa estará a salvo, no hay calor salvo algunas miradas que preguntarán con ansiosa extrañeza el momento en que se te hizo llegar ese regalo, mirarán con curiosidad las lágrimas de tus ojos o el aspecto funesto de tu mirar y el lúgubre ambiente de la tumba en la que te encuentras, sabré que me agradecerás que esté despidiéndote.

    Desconozco el trayecto de tu lectura, no sé del párrafo, renglón, no sé ni la palabra que en éstos precisos momentos estarás desmenuzando, siquiera para saber en qué parte de la carta vas o cual es el mensaje que poco a poco se va insertando por los ojos, hasta la cabeza, bajando por las venas y la yugular hasta el corazón, para así, recorrer hasta los pulmones y salir en un suspiro; ese tipo de suspiros que rompen el alma cuando se escuchan. Yo sigo en mi posición, donde se me puede encontrar, encorvado y mirando a la nada.

    Y ver tu rostro, que pasa de la soberbia al dolor, nunca imaginé ver eso nuevamente, estaba acostumbrado a saberme yo como la victima, jamas a ser el victimario.

    Y me da tristeza saber que lloras, siempre me rompió verte triste, y el solo hecho que de ti me esté despidiendo; me encantaría hacerlo físicamente, pero inevitablemente estaré recurriendo a comenzar una discusión, a regalarte en algún momento quizá esporádico, algún abrazo, y es que, no me gusta merecer medallas de Plata cuando mi cariño amerita el Oro, detesto mirar mi reflejo en el charco quebrarse al compás de los pequeños movimientos en el agua.

    No soy merecedor de un cariño como el tuyo, y no me siento merecedor de que reacciones de forma extraña cuando mires que mi libertad me apremia con el aprecio de muchas miradas las cuales evocan un sinfín de abrazos y risas. El lugar en el que estás, ha sido por que lo has elegido, mirarte meses a mi lado me hizo la persona mas alegre, me hizo tener mas confianza en mi, conocer el potencial como persona y como un posible cazador, como un amante y como un conquistador, pero también hizo aflorar mi lado mas infante y tierno, a olvidarme de querer cobrar venganza contra cualquier actitud extremista o con aires de frivolidad.

    Y me duele verte, saber que mi indiferencia provoca tu indiferencia, pero no me dolerá tanto, si en la estación del subterráneo al llegar o salir, te veo con alguien mas porque sé que tu gancho, el grillete que llevas no es tan pesado como quieres que lo sea, y al ver que de ti me he alejado, estarás hundida en la incabreable maña de tu propio engaño, recurriendo a la sombra de alguien más por despecho, por que así trabajas... No es una forma desdeñosa de pensar sobre ti, es la realidad y lo que tus miradas reflejan al verme bajar diariamente por las escaleras, lo que tus labios hacían cuando los besaba de forma clandestina al salir de la torre, quien pudo pensar que yo estaría codeando mi corazón con la belleza de tu cuerpo.

    Me arderá verte con alguien mas, sin razón ni consentimiento por que yo no admito los celos que tu sientes cuando por tu cabeza rondaba la idea de que alguien menor que tú, más pensante, o mas agradable podría alojarse en la habitación de mis pensamientos, aquél que tu habitabas al amanecer y obscurecer, a solas, desnuda.

    Se que no sería la excepción, no permito que me desgarres los amaneceres con reflejos y proyecciones tuyas hacia mí, busco el tener malos ratos, pero en mi haber no ha habido un solo mal gusto, a diferencia tuya; y me podría considerar un mal gusto, quizás, pero el valor que le has otorgado a éste ser, habló de la posibilidad que tuve de encariñarme, encerrarte, adorarte, como la de aislarme, destruirte, humillarte, molestarte, y no sé si esto pueda conocerse como un juego tortuoso o como un juego de amor. Simplemente, dejé de sumergirme en el encanto de tus ojos, razón por la cual, comencé a escribir las letras que miras en el escritorio de tu trabajo, el día de hoy seguramente sabrás que no es fácil querer a dos corazones. Y lo estás comprobando, yo no lo estoy haciendo posible, si es mi condición de libertad lo que origina tu molestia; y lamento recordar, que la vida no coloca las piezas en el lugar en el que se apuestan, tu lo hiciste, llegué con dos semanas de retraso, pero tu llevas años de recorrido, los cuales, yo no pienso arrastrar.

Prefiero caminar solo, aunque en el trayecto intercambie el aroma de tu perfume por el del cigarrillo.

Queda a disposición tuya el manejo de el papel y los pétalos, una vez que les hayas puesto una mano encima, habrán sido de tu propiedad.

2 oct 2011

El ruido del silencio...



Es de noche, 
y las calles se miran solas, 
se miran tristes, 
y apenas días atrás, 
quedó el recuerdo de la noche del fuego, 
el traqueteo de las armas. 

Los ladridos de los perros invaden el cielo, 
por la calle, entre los arboles, 
se pueden divisar sombras, 
se miran altos los edificios, 
lúgubres edificaciones, 
enormes sótanos, 
el olor de la muerte, 
el ruido del silencio, 
la caída de las noches, 
y las llamas que lo devoran todo. 

Es de noche, 
el casco resplandece, 
la escuela obscurece, 
el soldado sonríe, 
el soldado nos escupe, 
escupe a la tierra, 
nos ofrece a sus fauces, 
siento el atropello de las fuerzas, 
huelo el miedo de los demás, 
miro a la bala de frente y por la espalda. 

Agazapado entre el rincón, 
espero el filo de la muerte, 
miro por el filo de la ventana, 
miro el filo de una bayoneta, 
miro la sangre salpicar, 
y la miro como abono de plantas.

En la mañana, al resplandecer el Sol, 
miré una última sonrisa, 
miré la grandeza de despertar, 
cargué los libros para avanzar. 

Un disparo los frena, 
me frena, me rompe, 
la sangre escurre en líneas deformes, 
por el cuerpo, por las piernas, 
me escurre, me vacía, 
nos hiere, 
nos eleva, 
el recuerdo nos hará llorar, 
y en las nubes se notará.  

Sus armas tendrán el brillo desgajante, 
el que lució en la fiesta patría, 
calcular su despiadada vileza
el derrumbe de los cuerpos, 
el vacío de los corazones, 
el hueco en mi pecho, 
la grieta de su cráneo.

Espero que la pesadilla termine, 
espero volver a ver la luz del Sol, 
admirar una luna de Octubre.

Espera lograr despertar, 
espera y verás, 
escucha y sentirás, 
que el ruido del silencio lo invade todo, 
hasta terminar conmigo...

22 abr 2011

El taxista y su ironía.


Una vez, que había transcurrido la semana santa, estaba con la sensación horrenda de caminar bajo el Sol con el cuerpo apesantado, producto de una delicia en botella oscura, y con la fatiga de romper vidrios y desarmar máquinas despachadoras, de ésas que te dan refresquitos y se tragan la moneda sin regresarte el cambio. Estaba preparandome para ver a una amiga de la cual no sabía yo mucho, me había desentendido de mis alrededores; el color gris era mi fiel amigo.

Con el transcurrir de las horas me preparé, no descansé pensando que cualquier momento de relajación podría ser la muerte; y sin embargo no lo fue, me costó trabajo levantarme, hacer lo que debía hacer, aburrirme es mi naturaleza y poco a poco comienzo a tomarle poca o nula importancia a lo que me rodea de manera cotidiana, no lo sé.

Me arreglé, vestí de negro y me llevé esos pantalones que tan bien me lucían, tan maravillado y tan... No sé, que me inspiraban esa seguridad de querer arrasar donde quiera que mi pie tuviera la suerte de pisar, compré helado, llevé un litro de mi favorito, aunque creo haber cometido un error, pues terminé siendo yo el que se devoró tal producto...

Y entre la plática que me comenzaba a hacer tanto bien, entre las cosas que criticába en la Tele, se siguieron escurriendo esas inmisericordes horas, y el momento se abrió paso para no poder evitar decir adiós, y en realidad no quería hacerlo, no me nacía, a ciencia cierta, no quería, pero tendría que, no me era muy bello todo eso, y menos andar a tan altas horas de la noche en donde apenas y conocía, mas de no ser por que si hubiera sido de día, no me hubiera dolido tanto, pero no; tuve que emprender la retirada, su preocupación de aquella me hizo alejarme, y dar cabida a su tranquilidad.

Bajé la calle, empinada, de esas que si eres fumador, habrás terminado con la garganta lastimada, o con la sensación de un dolor químico que emerge de los pulmones; bajé la calle, veía un paisaje que no me era tan anormal, pero tampoco me parecía tan extraño o fuera de lo común; veía, escuchaba, olía a y a la miseria humana, parados en cada esquina esperando a que sin querer los retes con la mirada; seguí mi trayecto, al fin y al cabo, ¡que mas daba!, de todos modos me hallaba en campo de guerra.

Eran las 9:30 de la noche, estaba con el pesar de que estuve a punto de... y no lo logré, y me decepcioné; habían pasado 6 Taxi's y a todos los rechacé por estar esperando un jodido Microbús que nunca apareció; soporté chiflidos, miradas atacantes, risas estruendosas y músicas asquerosas, canciones que ni mis audifonos pudieron bloquear por mucho que aumenté el Stereo y el "Bass", hasta que pasó un "Atos", de ésos carritos que sientes que si aceleran salen volando, aquellos que parecen "zapatito"; y dentro de el lo tripulaba un anciano, no tan anciano, se veía con demasiada experiencia, pero con mucha subjetividad y ganas de tener la razón sin bases ni fundamentos (que ni yo me atrevo a poseer).
-¿A donde lo llevo joven?- Con una voz molesta y aguardentosa me dijo.
-A Santa Isabel Tola, por favor- dije, con un poco de alivio.

Arrancó el motor, entre esa sensación de alivio, sentía como el automóvil se dejaba llevar por aquellos hundimientos y topes, flotaba, sentia que las ruedas flotaban y se deslizaban como cuchillo caliente en la barra de mantequilla; el problema vino cuando llegué a la avenida que lleva por nombre "Martín Carrera", el taxista comenzaba a conducir con una paciencia, que desesperaba, todo sea por agarrarse unos cuantos pesitos de más, total, se le hacía justo mas cuando el lugar donde vivía era mas desente que ésos nidos de ratas que llaman "Martin Carrera" y "Gabriel Hernandez", y mas pensando que la colonía del Tule, o donde vivía, estaba del otro lado del cerro, era infame el recorrido, pero había que hacerlo; en eso, el viejo, después de toser como lo hacen los de su edad (quizás provocado por el cigarro, pues en su guantera rota se hallaba un empaque de los "Alitas", de esos que "madrean" a la primera), agarró y me dijo:
-Está cabrona la inseguridad, el gobierno no ha sabido hacer bien las cosas-

Me sorprendí, aunque no del todo, decían en un reportaje sobre cierto ex-Presidente (que tuvo la suerte de ser apedreado en el "Auditorio Justo Sierra" de la Universidad) que, hasta el mas ignorante tiene el descaro de criticar el sistema político de nuestro país actualmente, cosa que antes se castigaba con la amenaza o bien, la desaparición.

-Así es, cada día se pone fea la cosa- dije yo con cierta aspereza y desgano, pues iba con muchas ganas de robar muchos abrazos y besos a ésa amiga de la que me había desentendido y no pude.

-¡Nooo! (con ese tono duro y sorpresivo que espanta), la verdad nuestro país se ha rodeado de pura chingadera, hasta el mismo Lázaro Cardenas que fue quien le dió espacio a esos pinches Gachupines hijos de la chingada que vinieron huyendo de su desmadre y su faramalla de amistad con nuestra bonita tierra, todo era muy hermoso hasta que esos malditos lo vinieron a echar a perder- Asentía nuevamente con la cabeza, mientras veía un Mustang Negro que tuvo el infortunio de toparse con mi mirada.

-Lázaro Cardenas fue de lo peor tambien, el y su compadre el Avila Camacho, pinches militarzuchos tenían que ser, los dos se corrieron la bolita y cuando los españoles se instalaron aquí en el país, nos jodieron todo, armaron sus negocios y todo nos lo vendían caro, por eso digo que desde ese momento la economía nunca se recuperó, todas esas cochinadas del "milagro mexicano" fue una pantalla del PRIismo para decirnos que estábamos bien, cuando la verdad estaban los malditos Gachupines jodiendonos, y hasta la fecha, con las alzas a la tortilla, a la canasta básica pues...-

Simplemente tuve que volver a asentir, corresponder su plática y defender mi postura que difería en demasía con las ganas de querer engendrarme un sentido de odio hacia los resquicios de aquellos que huyeron del Franquismo hace casi 80 años, no me importaba su plática, simplemente quería ver si sus años eran una muralla a la cual pudiera usar como soporte a lo poco que sabía.

Y es que prosiguió hablando el Señor, sobre sus frustraciones económicas, mi egoísmo me hizo ser indiferente, pero con un gesto de que ponía atención; de noche y en un auto, mirar las calles y los autos, sentir el frío por las rendijas de la ventana, son cosas que siempre me atrajeron mucho; mas que oir al pobre viejo que no sentía el mas mínimo empacho por desbocar sus caballos contra nuestro estado fallido. Así que pasaron 10 minutos hasta que pudimos encontrar un boquete entre todo el embotellamiento del viernes por la noche; estábamos subiendo por la Av. Cantera, nos colocamos hacia la lateral para acceder a los arcos del "Acueducto de Guadalupe"; estuve respirando alivio, pues el final del trayecto y del "Tour verborreico" del taxista comenzaba.
-¡Si, claro que si!, estamos jodidos, nos joden en todos los aspectos, el dinero no alcanza, no dura, no rinde, a veces tenemos que apretar las tripas para poder llevarnosla leve por que esto de la "Chafireteada" no saca a veces- Insistía el viejo, sin importarle que una mueca de fastidio se escapara de mi rostro.

-Me va a dejar en aquella banqueta, en aquél árbol por favor- Ordené para que frenara la marcha y me dejara de una vez - ¿Cuánto es?-

-Si, pero la verdad estamos cada vez peor, el gobierno gasta en mas muertes y muchas mas muertes-

-Señor, ¿cuanto es por favor?- Insistí con un tono golpeado y recio (provocado también, por la acción del cigarro y el frío en mi garganta); y es que advertí que el taxímetro no marcaba cada 45 segundos el cambio por 80 centavos, sino cada 25 segundos, el taximetro cambiaba de manera continua, de tal modo que ojee el aparato, y descubrí que estaba alterado, tenía "ratón"; el viaje comunmente me salía en $15.00, ahora me salio 20 pesos mas por su charla, su taxímetro y sus ganas de manejar lento, aun estando la vía libre.

-Si, son $35.00- Su rostro cambió, se preparaba para recibir 20 pesos de regalo, en fin, tenía yo mucho mas que eso, nunca me ha dolido el dinero; afortunadamente ha sido lo que no me ha faltado.

-Tenga- Se los dí con una sonrisa, azoté la puerta y encendí otro cigarro; esperé a que arrancara.

En mi mente aparecieron una serie de maldiciones, mas no pude hacerlas posibles, mi mente solo decía:

-Y el hablándome de que estamos jodidos, y a mi me jodió $20.00 más-

Y emprendí el regreso a casa.

23 ene 2011

A la chica del gorrito rojo.



A ti, belleza, mujer de mis ojos, 
quiebre de mis congojas, 
no cierres esos, tus hermosos ojos, 
ni me quites el regalo de verlos. 

Tumbado en la oscura tristeza, 
en la penumbra de la franqueza, 
el verde esmeralda de las hojas y la lluvia, 
me acompañan en sutileza obvia. 

Tu sombrero color rojo, 
regalo del sabio del pasado, 
me acompaña, me soporta, me arrastra, 
en las rejas, en la oscuridad, 
ocultos entre frío y sombras, 
me besas y me abrazas. 

A ti, belleza con el gorrito rojo, 
de chapitas rosadas y mejillas tiernas, 
no arrebates de mí tu existencia
no me alejes de tu presencia, 
no huyas de mis súplicas, 
que en el frío ardo en llamas. 

Soporta mis gestos, mis llantos, 
mis manos que le acarician, 
refugio en sus ojos encuentro, 
en sus abrazos día a día despierto.

Que no salga el Sol, 
que el frío cubra al aire de gris neblina, 
una tarde es poco para mí, 
que no culmine contigo esta complicidad.

Que el viento no me desbarate, 
cuando las ráfagas decidan apresurar el paso, 
de ti he quedado encantado, 
a tu alma me hallo prendido, 
y me juro desatado, 
pues me estoy enamorando. 

A tí, belleza de ojos preciosos, 
que el cielo por descuido perdió, 
a tí que me besas y me encantas, 
que de suerte y gloria a mis días entregas. 

Le grito al viento que me enamoras, 
con solo escucharte entre las hojas, 
le grito al cielo y alabo sus maravillas, 
por tus días en mis venas. 

Mujer de mi vida, en ésta noche fría, 
te ruego que me abraces, 
ruego por que no me dejes, 
deseando que me esperes, 
acabando con éstos crueles temores. 

A tí, belleza, mujer de mis ojos, 
quiebre de mis sollozos, 
regálame esos ojos misericordiosos,  
y no me quites el regalo de quererlos, 
no me niegues el gusto de besarlos, 
vuelve hacia mi ese gorrito rojo, 
atora tus dedos entre los míos, 
encaja tus uñas en mis manos, 
acerca tus mejillas en mi rostro, 
y no arrebates de mí tu existencia
no me regales tu ausencia, 
que sean mentira las grises apariencias, 
por que el cielo enciende en llamas. 

A ti, belleza, mujer de mis ojos, 
quiebre de mis congojos, 
no cierres esos, tus hermosos ojos, 
ni me quites el regalo de volver a verlos. 

14 ene 2011

La imagen fallida.



Fígurate, dibújame, 
así con este rictus de seriedad, 
que a través de los años he perpetrado. 

Recuérdame, 
perdido entre la ciudad, 
con mi silueta difuminada, 
con la suciedad enjugada. 

Entiendo que no soy digno, 
de aparecer en las fotos contigo, 
entiendo que soy muy poco, 
para las luces de aquél foco. 

Estoy seguro que solo soy vapor para tí, 
seguramente crees que me iré, 
sigo pensando en lo indigno que me siento, 
al no poder figurar dentro de aquella foto. 

Y es que mi rostro no se forma bien, 
y mis sonrisas bien no se distinguen, 
con coraje y resentimiento te digo, 
que destesto no poder ver el "flash" contigo. 

Con el recelo entre mis dedos, 
miro mis manos y caigo, 
con lagrimas de simpleza, 
bordeando mis ojos, 
de amargura cubriendolos.

Los árboles se desnudan, 
el viento solloza, 
por un frío atardecer, 
por tus ojos resplandecer. 

Y es que no existe la moda adecuada, 
no luzco gracioso, 
es que conmigo te duele el oído, 
pues ya no ríes conmigo.  

Estoy seguro que mi pesar no dura, 
pero hoy la sensación perdura, 
dibujando eclipses de luna, 
elevandome con la bruma. 

Hoy duele la indiferencia, 
amargo es el sabor de la impaciencia, 
el tiempo corre y se escurre, 
como agua en las nubes, 
cayendo sobre las cabezas, 
formando lagunas, 
atravesando el viento, 
realizo el juramento, 
con el que guardo de tu cariño, 
con el que me alejo del desprecio.

Y me verás caminar, 
cuesta abajo hacia el vacío, 
con mi tristeza y el hastío, 
de no formar contigo, 
la imagen que roba suspiros. 

4 ene 2011

El día de las nubes.



Ya no insistiré más en la idea de besarte,
tampoco en la adorable costumbre de quererte,
y aunque resulte imposible,
trataré de volverme invisible.

Estando ausente,
en esta mañana distante,
parece que es real mi insistencia,
la idea de crearte mi ausencia,
esperando con sutil paciencia,
el momento en que desees en ti mi existencia.

Yo que estaba ciego,
por el destello de ese extraño cariño,
por haberme salpicado de ese viejo veneno,
llegas y retiras todo ese dolor,
llegas y cuidas de yo no tropezar.

No molestaré mas con esa insistencia,
de pensar que hablarás,
pensar que me extrañarás,
cantar al recuerdo de las madrugadas.

Podrás notar que soy hueco,
podrás notar que estoy muerto,
podrás notar que vivo mecánicamente,
y sabrás que no controlo mi mente,
que mi vida es una línea divergente,
y que por las noches, divagante, 
de entre el humo me verás distante.

Ya no insistiré más en la idea de besarte,
tampoco en la adorable costumbre de quererte,
y aunque ello me cueste,
intentaré acostumbrarme,
intentaré alejarme,
intentaré no ser insistente,
para que puedas quererme,
y de nuevo intentaré alejarme,
esperando que llegues a extrañarme.

21 oct 2010

La carta en la almohada... (El adiós)


Hoy hace unos meses que las cosas cambiaron, hace tantos días que paso las noches gritando, pues esta infelicidad me carcome, y no sé cuanto mas pueda aguantar, estoy seguro también, que tú pensarás lo mismo, y lo percibo incluso en el perfume que por las mañanas te pones, si, antes de irte a aquella aburrida y gris oficina mientras yo apenas y me espabilo de ese letargo de 8 horas. Lo huelo, "Magnifique" de Lancomme, han pasado meses desde que te regalé dicho perfume; y te veo ponerte ese traje, esa falda, esas zapatillas; veo el amanecer tras las cortinas de la habitación, se mira grisáceo, prometedor incluso, hay un Sol de fondo, no me puedo equivocar, esas curvas son de las que me enamoré, esas blancas piernas son de la misma que me vio hundido y regresó para salvarme, ese rostro fue el centro de mi universo.

    Y si me estoy equivocando, culpa a mi olfato y a mi corazón sobre lo antes dicho por tu perfume, el perfume no tiene la culpa, tuve la corazonada de que te gustaría; es solo que es definitivo, que mis molestias en el pecho no son por salir al balcón a las 2 de la mañana a ver la Luna mientras dejo un rollo de hojas consumirse en mis labios mientras tú duermes; no me es fácil lidiar con la gentileza de tus padres cada que los vamos a ver mientras yo me incendio.

    Posiblemente notarás que a la hora de la comida tengo una facción seria, que ya no hablo como antes y que ya no te abrazo; me quedó clara tu postura en un principio sobre los abrazos, y no entendí cuando esa postura cambió, me sorprendió y me alegró; recuerdo de nuestras primeras andanzas, como adoraba el viaje de regreso a mi casa; y como me negaste la oportunidad de romper el anillo que ya se había soldado. No me entiendo, quizás cuando halles esto, estarás despertando, preparando tu partida al trabajo, y te darás cuenta que la soledad que germinaste hace muchos años en mi, creció sin querer, me obscureció, y sé que esta condición mía te ha llegado a cansar, aunque durante estos años has estado junto a mí no dudo siquiera que has pensado en porqué he cambiado.

    Victoria lo sabe, Claudia lo sabe, si Dios lo sabe ¿Que yo no lo sepa? Considera seriamente la posibilidad de que las cosas se han revertido, he pasado los últimos días encerrado en el estudio, viendo el álbum de fotos en esos discos, mirando en el proyector a obscuras, estudiar, analizar, y dar mi crítica ha sido el pan de cada día para mí, no veo imposible el aplicarlo para mi vida contigo; camino en automático por los pasillos, por las escaleras, por el jardín, me siento en el borde de la piscina con el perro, me alegra saber que gracias a mi perdiste muchos de tus miedos, entre ellos al perro, me dio gusto que las primeras veces salieras conmigo en el auto y te aventuraras a dar la vuelta por lugares por los que yo jamás había estado, o de las veces que iba por ti a la Facultad para irnos a comer justo cuando estabas por entrar a tu última clase, oír nuestras canciones mientras recorríamos el circuito escolar y de ahí a Perisur, los Viernes tenían un sabor agradable, los Sábados a ir a tu casa para ayudarte con la tesis.

    Es una lastima, compartimos tantas cosas, tantas noches, y sé que puedo arrepentirme por hacer esto, no me queda de otra, mi boca es ácida y no quiero dejarte un mal sabor, es inevitable, me provoca miedo incluso, pues sé que después de esto, no podré volver a verte, y sé que piensas lo mismo, y quizás hasta un alivio para ti sea, ¿Qué podemos ganar? ¿Y que podríamos perder?

    Sé que he flaqueando prematuramente, no lo has hecho saber con palabras, pero llevo años conociéndote, y sé que te ha invadido la inseguridad; y por que sé que eres igual a mí, tampoco he vacilado en emprender mi huida, no huyo de ti, huyo de mí, duele verte dormida todas las noches, duele ver tu piel con el brillo de la Luna que se mete por nuestra ventana, me duele pensar que jamás te podré acariciar como últimamente tú lo hacías, pienso que ésta fue la última vez que miré al lado izquierdo de la cama, y me voltee para apagar por última vez la lámpara para conciliar el sueño, y a decir verdad, no lo pude hacer, bajé al comedor y bebí lo que restaba del vino de Año Nuevo.

    Me pregunto si al oír los acetatos que olvidé, me recordarás, me pregunto si tendrás el valor de poner el 45 RPM que olvidé en el tocadiscos. ¿Sabes? Fue lo último que escuché en el estudio, estaba sentado en ese sillón viejo, aquel donde nos pasábamos los Sábados en la noche viendo películas ¿Qué harás ahora? Me dirás como la penúltima vez, que debiera seguir con mi vida, y en esta ocasión ¿Lo pondrás tu en práctica?; tus padres, en las cenas familiares preguntarán por mí y sobre lo que fue de lo nuestro, te darán flores con espinas, te incomodarán a la hora de la comida, de la cena, quizás me vean ahora como un enemigo, o quizás como un proceso de la vida que comenzó para acabar tarde que temprano, o temprano que tarde.

    Había momentos en que dejaba la puerta del balcón abierta, y miraba tu espalda desnuda, blanca, las sábanas cubriendo lo que resta de tu cuerpo, la luz blanca y el aire con olor a jabón neutro te hacen lucir hermosa, bastante luminosa, y yo te miraba con tanto cariño, que pude despertarte únicamente para abrazarte y apretujarte tan fuerte, que podría fundirme en ti, y jamás lo hice.

    Yo estoy aquí, tú ahí, ¿Por cuánto tiempo? Ni yo lo sé, solo sé que comienzo a arrepentirme, pero tengo firme la idea de irme, sin olvidar que fuiste siempre el cielo a donde perdía mi confusión.