4 ago 2015
Después de las lluvias.
3 mar 2014
Las aguas...
Y es que ahora, me veo sentado en los bordes de la banqueta, mirando como pasamos del estrangulador y atosigante calor, a un extraño día nublado, huele a lluvia, y aún no ha llovido. Se sigue sintiendo calor, y este color gris de las nubes ha provocado llegar a la conclusión de que sigo ahogándome en un mar de recuerdos.
Observo a "los tordos", que se pelean en la orilla de la calle, se la han pasado un largo trayecto peleando, y desconozco cuál sea el motivo de tal enfurecido encuentro. Pero me he limitado a verme como un César, y darle "pulgar abajo" al perdedor (y aún sin decirme que "los que vamos a morir, te saludan").
Poco a poco, esa callezuela, inclinada, ha visto como sus suelos forrados de asfalto, se han convertido en arroyos, pequeños y a la vez, estrepitosamente ruidosos; las hojas parecen pequeñas canoas que son arrastradas por unos rápidos.
Olvidé mencionar que ha comenzado a llover, olvidé que hace unos días, me asola un enorme desconcierto que, ha provocado que hoy, y más que nunca exista una copa dentro de mí, que poco a poco se va llenando de lágrimas.
Las lluvias se han comenzado a apostar en nuestros días, tras el advenimiento de una jornada calurosa en extremo, quisiera que el sonido de violines no cambiara por el de un piano triste, pero me veo en esa flagrante necedad de querer refugiarme, bajo el cobijo del frío y la llovizna.
Mueren los sueños, muere el día, muere el Sol en esta extraña pesadumbre; quisiera no haber sido tan torpe, por haber confundido una felicidad falaz y volcarme a una infelicidad flamígera. Tardes de encuentros furtivos que, en este momento quisiera que esta tormenta apagaran.
Las aguas han salido de su cauce, ya sobrepasan a las aceras, camino por camellones, puentes. El ruido del agua es una extraña orquesta que forra de caos a aquellos que invadieron sus reinos.
Camino por callejones, las aguas ya llegan a mis rodillas, son transparentes, hay hojas y palmas flotando. Solo para dejar como recuerdo, los deseos de apagar esta melancolía voraz... Pues al pasar las aguas, ya no habrá rastro de mi.
28 oct 2011
La rosa y la carta (despedida de pétalos y palabras)
Una rosa roja, en el frío de éste cuarto, que es como una pecera, demostrará lo mucho que te quiero, y una carta en el clamor de los objetos regados de tu escritorio, se dará a notar como la estrella mas brillante de una noche fría y oscura.
Abrirás la carta al llegar, intentaré evitar pensar en la reacción que tendrás al momento de ver la rosa y las letras, seguro pensarás que fue un buen detalle, quizás para la separación de la que soy creador y de la que eres acreedora y del azoro que te hago partícipe, quizás, creo, pienso, siento, que a primera vista, no será un buen detalle, una separación nunca será un gran regalo, pero siempre será memorable la razón que nos obliga a decir adiós.
No sé por donde caminar, ni a quien entregar los abrazos que ya no recibirás de mi parte, no hace falta que digas que maquinas en exceso la labor de las neuronas y el corazón, yo duermo mientras lo haces, no hace falta que lo digas, e insistas en el dolor que te provoca mi libertad, no mides esfuerzos en demostrar que te incomoda el hecho de mirarme hacer y deshacer.
Soy un alma libre, tan libre como las hojas que caen al suelo tras desprenderse de un viejo árbol, así me libero de ti, no mires ésta expresión como el rompimiento de una cadena, no es un suplicio, no eres un martirio, martirio el sentimiento que guardé por mucho tiempo y que no supe como hacerte expreso.
Sé que mirarás a tan tempranas horas del día, sabrás que en el frío de tu puesto la rosa estará a salvo, no hay calor salvo algunas miradas que preguntarán con ansiosa extrañeza el momento en que se te hizo llegar ese regalo, mirarán con curiosidad las lágrimas de tus ojos o el aspecto funesto de tu mirar y el lúgubre ambiente de la tumba en la que te encuentras, sabré que me agradecerás que esté despidiéndote.
Desconozco el trayecto de tu lectura, no sé del párrafo, renglón, no sé ni la palabra que en éstos precisos momentos estarás desmenuzando, siquiera para saber en qué parte de la carta vas o cual es el mensaje que poco a poco se va insertando por los ojos, hasta la cabeza, bajando por las venas y la yugular hasta el corazón, para así, recorrer hasta los pulmones y salir en un suspiro; ese tipo de suspiros que rompen el alma cuando se escuchan. Yo sigo en mi posición, donde se me puede encontrar, encorvado y mirando a la nada.
Y ver tu rostro, que pasa de la soberbia al dolor, nunca imaginé ver eso nuevamente, estaba acostumbrado a saberme yo como la victima, jamas a ser el victimario.
Y me da tristeza saber que lloras, siempre me rompió verte triste, y el solo hecho que de ti me esté despidiendo; me encantaría hacerlo físicamente, pero inevitablemente estaré recurriendo a comenzar una discusión, a regalarte en algún momento quizá esporádico, algún abrazo, y es que, no me gusta merecer medallas de Plata cuando mi cariño amerita el Oro, detesto mirar mi reflejo en el charco quebrarse al compás de los pequeños movimientos en el agua.
No soy merecedor de un cariño como el tuyo, y no me siento merecedor de que reacciones de forma extraña cuando mires que mi libertad me apremia con el aprecio de muchas miradas las cuales evocan un sinfín de abrazos y risas. El lugar en el que estás, ha sido por que lo has elegido, mirarte meses a mi lado me hizo la persona mas alegre, me hizo tener mas confianza en mi, conocer el potencial como persona y como un posible cazador, como un amante y como un conquistador, pero también hizo aflorar mi lado mas infante y tierno, a olvidarme de querer cobrar venganza contra cualquier actitud extremista o con aires de frivolidad.
Y me duele verte, saber que mi indiferencia provoca tu indiferencia, pero no me dolerá tanto, si en la estación del subterráneo al llegar o salir, te veo con alguien mas porque sé que tu gancho, el grillete que llevas no es tan pesado como quieres que lo sea, y al ver que de ti me he alejado, estarás hundida en la incabreable maña de tu propio engaño, recurriendo a la sombra de alguien más por despecho, por que así trabajas... No es una forma desdeñosa de pensar sobre ti, es la realidad y lo que tus miradas reflejan al verme bajar diariamente por las escaleras, lo que tus labios hacían cuando los besaba de forma clandestina al salir de la torre, quien pudo pensar que yo estaría codeando mi corazón con la belleza de tu cuerpo.
Me arderá verte con alguien mas, sin razón ni consentimiento por que yo no admito los celos que tu sientes cuando por tu cabeza rondaba la idea de que alguien menor que tú, más pensante, o mas agradable podría alojarse en la habitación de mis pensamientos, aquél que tu habitabas al amanecer y obscurecer, a solas, desnuda.
Se que no sería la excepción, no permito que me desgarres los amaneceres con reflejos y proyecciones tuyas hacia mí, busco el tener malos ratos, pero en mi haber no ha habido un solo mal gusto, a diferencia tuya; y me podría considerar un mal gusto, quizás, pero el valor que le has otorgado a éste ser, habló de la posibilidad que tuve de encariñarme, encerrarte, adorarte, como la de aislarme, destruirte, humillarte, molestarte, y no sé si esto pueda conocerse como un juego tortuoso o como un juego de amor. Simplemente, dejé de sumergirme en el encanto de tus ojos, razón por la cual, comencé a escribir las letras que miras en el escritorio de tu trabajo, el día de hoy seguramente sabrás que no es fácil querer a dos corazones. Y lo estás comprobando, yo no lo estoy haciendo posible, si es mi condición de libertad lo que origina tu molestia; y lamento recordar, que la vida no coloca las piezas en el lugar en el que se apuestan, tu lo hiciste, llegué con dos semanas de retraso, pero tu llevas años de recorrido, los cuales, yo no pienso arrastrar.
Prefiero caminar solo, aunque en el trayecto intercambie el aroma de tu perfume por el del cigarrillo.
Queda a disposición tuya el manejo de el papel y los pétalos, una vez que les hayas puesto una mano encima, habrán sido de tu propiedad.
2 oct 2011
El ruido del silencio...
22 abr 2011
El taxista y su ironía.
Una vez, que había transcurrido la semana santa, estaba con la sensación horrenda de caminar bajo el Sol con el cuerpo apesantado, producto de una delicia en botella oscura, y con la fatiga de romper vidrios y desarmar máquinas despachadoras, de ésas que te dan refresquitos y se tragan la moneda sin regresarte el cambio. Estaba preparandome para ver a una amiga de la cual no sabía yo mucho, me había desentendido de mis alrededores; el color gris era mi fiel amigo.
Con el transcurrir de las horas me preparé, no descansé pensando que cualquier momento de relajación podría ser la muerte; y sin embargo no lo fue, me costó trabajo levantarme, hacer lo que debía hacer, aburrirme es mi naturaleza y poco a poco comienzo a tomarle poca o nula importancia a lo que me rodea de manera cotidiana, no lo sé.
Me arreglé, vestí de negro y me llevé esos pantalones que tan bien me lucían, tan maravillado y tan... No sé, que me inspiraban esa seguridad de querer arrasar donde quiera que mi pie tuviera la suerte de pisar, compré helado, llevé un litro de mi favorito, aunque creo haber cometido un error, pues terminé siendo yo el que se devoró tal producto...
Y entre la plática que me comenzaba a hacer tanto bien, entre las cosas que criticába en la Tele, se siguieron escurriendo esas inmisericordes horas, y el momento se abrió paso para no poder evitar decir adiós, y en realidad no quería hacerlo, no me nacía, a ciencia cierta, no quería, pero tendría que, no me era muy bello todo eso, y menos andar a tan altas horas de la noche en donde apenas y conocía, mas de no ser por que si hubiera sido de día, no me hubiera dolido tanto, pero no; tuve que emprender la retirada, su preocupación de aquella me hizo alejarme, y dar cabida a su tranquilidad.
Bajé la calle, empinada, de esas que si eres fumador, habrás terminado con la garganta lastimada, o con la sensación de un dolor químico que emerge de los pulmones; bajé la calle, veía un paisaje que no me era tan anormal, pero tampoco me parecía tan extraño o fuera de lo común; veía, escuchaba, olía a y a la miseria humana, parados en cada esquina esperando a que sin querer los retes con la mirada; seguí mi trayecto, al fin y al cabo, ¡que mas daba!, de todos modos me hallaba en campo de guerra.
Eran las 9:30 de la noche, estaba con el pesar de que estuve a punto de... y no lo logré, y me decepcioné; habían pasado 6 Taxi's y a todos los rechacé por estar esperando un jodido Microbús que nunca apareció; soporté chiflidos, miradas atacantes, risas estruendosas y músicas asquerosas, canciones que ni mis audifonos pudieron bloquear por mucho que aumenté el Stereo y el "Bass", hasta que pasó un "Atos", de ésos carritos que sientes que si aceleran salen volando, aquellos que parecen "zapatito"; y dentro de el lo tripulaba un anciano, no tan anciano, se veía con demasiada experiencia, pero con mucha subjetividad y ganas de tener la razón sin bases ni fundamentos (que ni yo me atrevo a poseer).
Arrancó el motor, entre esa sensación de alivio, sentía como el automóvil se dejaba llevar por aquellos hundimientos y topes, flotaba, sentia que las ruedas flotaban y se deslizaban como cuchillo caliente en la barra de mantequilla; el problema vino cuando llegué a la avenida que lleva por nombre "Martín Carrera", el taxista comenzaba a conducir con una paciencia, que desesperaba, todo sea por agarrarse unos cuantos pesitos de más, total, se le hacía justo mas cuando el lugar donde vivía era mas desente que ésos nidos de ratas que llaman "Martin Carrera" y "Gabriel Hernandez", y mas pensando que la colonía del Tule, o donde vivía, estaba del otro lado del cerro, era infame el recorrido, pero había que hacerlo; en eso, el viejo, después de toser como lo hacen los de su edad (quizás provocado por el cigarro, pues en su guantera rota se hallaba un empaque de los "Alitas", de esos que "madrean" a la primera), agarró y me dijo:
Me sorprendí, aunque no del todo, decían en un reportaje sobre cierto ex-Presidente (que tuvo la suerte de ser apedreado en el "Auditorio Justo Sierra" de la Universidad) que, hasta el mas ignorante tiene el descaro de criticar el sistema político de nuestro país actualmente, cosa que antes se castigaba con la amenaza o bien, la desaparición.
-Así es, cada día se pone fea la cosa- dije yo con cierta aspereza y desgano, pues iba con muchas ganas de robar muchos abrazos y besos a ésa amiga de la que me había desentendido y no pude.
-¡Nooo! (con ese tono duro y sorpresivo que espanta), la verdad nuestro país se ha rodeado de pura chingadera, hasta el mismo Lázaro Cardenas que fue quien le dió espacio a esos pinches Gachupines hijos de la chingada que vinieron huyendo de su desmadre y su faramalla de amistad con nuestra bonita tierra, todo era muy hermoso hasta que esos malditos lo vinieron a echar a perder- Asentía nuevamente con la cabeza, mientras veía un Mustang Negro que tuvo el infortunio de toparse con mi mirada.
-Lázaro Cardenas fue de lo peor tambien, el y su compadre el Avila Camacho, pinches militarzuchos tenían que ser, los dos se corrieron la bolita y cuando los españoles se instalaron aquí en el país, nos jodieron todo, armaron sus negocios y todo nos lo vendían caro, por eso digo que desde ese momento la economía nunca se recuperó, todas esas cochinadas del "milagro mexicano" fue una pantalla del PRIismo para decirnos que estábamos bien, cuando la verdad estaban los malditos Gachupines jodiendonos, y hasta la fecha, con las alzas a la tortilla, a la canasta básica pues...-
Simplemente tuve que volver a asentir, corresponder su plática y defender mi postura que difería en demasía con las ganas de querer engendrarme un sentido de odio hacia los resquicios de aquellos que huyeron del Franquismo hace casi 80 años, no me importaba su plática, simplemente quería ver si sus años eran una muralla a la cual pudiera usar como soporte a lo poco que sabía.
Y es que prosiguió hablando el Señor, sobre sus frustraciones económicas, mi egoísmo me hizo ser indiferente, pero con un gesto de que ponía atención; de noche y en un auto, mirar las calles y los autos, sentir el frío por las rendijas de la ventana, son cosas que siempre me atrajeron mucho; mas que oir al pobre viejo que no sentía el mas mínimo empacho por desbocar sus caballos contra nuestro estado fallido. Así que pasaron 10 minutos hasta que pudimos encontrar un boquete entre todo el embotellamiento del viernes por la noche; estábamos subiendo por la Av. Cantera, nos colocamos hacia la lateral para acceder a los arcos del "Acueducto de Guadalupe"; estuve respirando alivio, pues el final del trayecto y del "Tour verborreico" del taxista comenzaba.
-Me va a dejar en aquella banqueta, en aquél árbol por favor- Ordené para que frenara la marcha y me dejara de una vez - ¿Cuánto es?-
-Si, pero la verdad estamos cada vez peor, el gobierno gasta en mas muertes y muchas mas muertes-
-Señor, ¿cuanto es por favor?- Insistí con un tono golpeado y recio (provocado también, por la acción del cigarro y el frío en mi garganta); y es que advertí que el taxímetro no marcaba cada 45 segundos el cambio por 80 centavos, sino cada 25 segundos, el taximetro cambiaba de manera continua, de tal modo que ojee el aparato, y descubrí que estaba alterado, tenía "ratón"; el viaje comunmente me salía en $15.00, ahora me salio 20 pesos mas por su charla, su taxímetro y sus ganas de manejar lento, aun estando la vía libre.
-Si, son $35.00- Su rostro cambió, se preparaba para recibir 20 pesos de regalo, en fin, tenía yo mucho mas que eso, nunca me ha dolido el dinero; afortunadamente ha sido lo que no me ha faltado.
-Tenga- Se los dí con una sonrisa, azoté la puerta y encendí otro cigarro; esperé a que arrancara.
En mi mente aparecieron una serie de maldiciones, mas no pude hacerlas posibles, mi mente solo decía:
-Y el hablándome de que estamos jodidos, y a mi me jodió $20.00 más-
Y emprendí el regreso a casa.
23 ene 2011
A la chica del gorrito rojo.
14 ene 2011
La imagen fallida.
4 ene 2011
El día de las nubes.
21 oct 2010
La carta en la almohada... (El adiós)
Hoy hace unos meses que las cosas cambiaron, hace tantos días que paso las noches gritando, pues esta infelicidad me carcome, y no sé cuanto mas pueda aguantar, estoy seguro también, que tú pensarás lo mismo, y lo percibo incluso en el perfume que por las mañanas te pones, si, antes de irte a aquella aburrida y gris oficina mientras yo apenas y me espabilo de ese letargo de 8 horas. Lo huelo, "Magnifique" de Lancomme, han pasado meses desde que te regalé dicho perfume; y te veo ponerte ese traje, esa falda, esas zapatillas; veo el amanecer tras las cortinas de la habitación, se mira grisáceo, prometedor incluso, hay un Sol de fondo, no me puedo equivocar, esas curvas son de las que me enamoré, esas blancas piernas son de la misma que me vio hundido y regresó para salvarme, ese rostro fue el centro de mi universo.
Y si me estoy equivocando, culpa a mi olfato y a mi corazón sobre lo antes dicho por tu perfume, el perfume no tiene la culpa, tuve la corazonada de que te gustaría; es solo que es definitivo, que mis molestias en el pecho no son por salir al balcón a las 2 de la mañana a ver la Luna mientras dejo un rollo de hojas consumirse en mis labios mientras tú duermes; no me es fácil lidiar con la gentileza de tus padres cada que los vamos a ver mientras yo me incendio.
Posiblemente notarás que a la hora de la comida tengo una facción seria, que ya no hablo como antes y que ya no te abrazo; me quedó clara tu postura en un principio sobre los abrazos, y no entendí cuando esa postura cambió, me sorprendió y me alegró; recuerdo de nuestras primeras andanzas, como adoraba el viaje de regreso a mi casa; y como me negaste la oportunidad de romper el anillo que ya se había soldado. No me entiendo, quizás cuando halles esto, estarás despertando, preparando tu partida al trabajo, y te darás cuenta que la soledad que germinaste hace muchos años en mi, creció sin querer, me obscureció, y sé que esta condición mía te ha llegado a cansar, aunque durante estos años has estado junto a mí no dudo siquiera que has pensado en porqué he cambiado.
Victoria lo sabe, Claudia lo sabe, si Dios lo sabe ¿Que yo no lo sepa? Considera seriamente la posibilidad de que las cosas se han revertido, he pasado los últimos días encerrado en el estudio, viendo el álbum de fotos en esos discos, mirando en el proyector a obscuras, estudiar, analizar, y dar mi crítica ha sido el pan de cada día para mí, no veo imposible el aplicarlo para mi vida contigo; camino en automático por los pasillos, por las escaleras, por el jardín, me siento en el borde de la piscina con el perro, me alegra saber que gracias a mi perdiste muchos de tus miedos, entre ellos al perro, me dio gusto que las primeras veces salieras conmigo en el auto y te aventuraras a dar la vuelta por lugares por los que yo jamás había estado, o de las veces que iba por ti a la Facultad para irnos a comer justo cuando estabas por entrar a tu última clase, oír nuestras canciones mientras recorríamos el circuito escolar y de ahí a Perisur, los Viernes tenían un sabor agradable, los Sábados a ir a tu casa para ayudarte con la tesis.
Es una lastima, compartimos tantas cosas, tantas noches, y sé que puedo arrepentirme por hacer esto, no me queda de otra, mi boca es ácida y no quiero dejarte un mal sabor, es inevitable, me provoca miedo incluso, pues sé que después de esto, no podré volver a verte, y sé que piensas lo mismo, y quizás hasta un alivio para ti sea, ¿Qué podemos ganar? ¿Y que podríamos perder?
Sé que he flaqueando prematuramente, no lo has hecho saber con palabras, pero llevo años conociéndote, y sé que te ha invadido la inseguridad; y por que sé que eres igual a mí, tampoco he vacilado en emprender mi huida, no huyo de ti, huyo de mí, duele verte dormida todas las noches, duele ver tu piel con el brillo de la Luna que se mete por nuestra ventana, me duele pensar que jamás te podré acariciar como últimamente tú lo hacías, pienso que ésta fue la última vez que miré al lado izquierdo de la cama, y me voltee para apagar por última vez la lámpara para conciliar el sueño, y a decir verdad, no lo pude hacer, bajé al comedor y bebí lo que restaba del vino de Año Nuevo.
Me pregunto si al oír los acetatos que olvidé, me recordarás, me pregunto si tendrás el valor de poner el 45 RPM que olvidé en el tocadiscos. ¿Sabes? Fue lo último que escuché en el estudio, estaba sentado en ese sillón viejo, aquel donde nos pasábamos los Sábados en la noche viendo películas ¿Qué harás ahora? Me dirás como la penúltima vez, que debiera seguir con mi vida, y en esta ocasión ¿Lo pondrás tu en práctica?; tus padres, en las cenas familiares preguntarán por mí y sobre lo que fue de lo nuestro, te darán flores con espinas, te incomodarán a la hora de la comida, de la cena, quizás me vean ahora como un enemigo, o quizás como un proceso de la vida que comenzó para acabar tarde que temprano, o temprano que tarde.
Había momentos en que dejaba la puerta del balcón abierta, y miraba tu espalda desnuda, blanca, las sábanas cubriendo lo que resta de tu cuerpo, la luz blanca y el aire con olor a jabón neutro te hacen lucir hermosa, bastante luminosa, y yo te miraba con tanto cariño, que pude despertarte únicamente para abrazarte y apretujarte tan fuerte, que podría fundirme en ti, y jamás lo hice.
Yo estoy aquí, tú ahí, ¿Por cuánto tiempo? Ni yo lo sé, solo sé que comienzo a arrepentirme, pero tengo firme la idea de irme, sin olvidar que fuiste siempre el cielo a donde perdía mi confusión.
2 oct 2010
Entre plomo y lluvia.
La sangre se pierde con el agua,
15 sept 2010
Pergamino De Albanene.
No podía esperar a llegar a la escuela, el otoño es una época que le provoca muchas cosas, principalmente por que siempre tuvo la suerte de hallar entre las hojas caídas, un tesoro que lo hará recordar cosas al poner sobre la tornamesa sus vinilos, siempre el otoño fue como la antesala de una serie de eventos que lo marcarían por siempre en la memoria.
Es hoy uno de esos tantos días, casi huyendo toma las "fichas de trabajo" y emprende el trayecto, el inmisericorde metro de la ciudad, el calor después de una temporada de dos meses de lluvia intensa, que solo logró remojar y lavar la mugre de un antiguo e insignificante dolor; camina a prisa, acelera el paso, llega apresurado al edificio que se había levantado en 1964, con colores tales que asemejan a un balneario: clase de sociología, prácticas y análisis sobre la superestructura, comparaciones entre la sociedad y el sistema como un organismo, un organismo vivo, y al individuo como un integrante de los organelos de este ser; tan solo pensarlo le provoca apatía.
Lucio se sienta, se prepara y se mentaliza para evitar caer dormido ante el dominio verbal de la profesora, en su mano yacen dos Marlboro, tendidos como cadáveres en su fardo, en la mano izquierda, empuña el cuello de la botella de "Coca", y a escondidas de los intendentes fuma el cigarro, hace tanto Sol, que entre la luz se puede distinguir el humo áspero y denso que sale de su boca, han pasado 10 minutos y solo faltan 5 de tolerancia para que el grupo completo le "dicte la tolerancia" al maestro y emprendan la huida; 4 minutos faltan, 11 minutos, 4:21 de la tarde, y de entre una multitud infame y descarriada sube ella.
Si, ella, se llama Mónica, él la mira, apenas y con la sorpresa intenta disipar el humo con el que estaba jugueteando, es una realidad, la tardanza es su sello característico, hace Sol, y luce su piel blanca, pálida en ocasiones, la hacen ver como toda una vampiresa, vestida de suéter verde en cuello "V"; es un suéter, con una suerte de escote; pantalones entubados y botas, que aluden al sonido de Pink Floyd con "Wish You Were Here", su espíritu le arrasa y destruye como el sentimiento de "The Rain Song" de Led Zeppelin.
Llega, pisa el último peldaño para llegar al piso 2, se cubre las manos con su cuaderno recién expulsado de la mochila, el Sol brilla intensamente, ella brilla con un fulgor cegador, pero incomodo para su ser, pues la temperatura ha hecho que sus mejillas adopten un color rojizo, Lucio siente esa extraña sensación de frío en el estomago, suda, ríe y le saluda.
Todos miran a ese par, claro y oscuro, había algo en común, sus colores anímicos los diferenciaban, ellos adoraban la sombra, pero él es romántico, y el otoño le provoca emoción, adora ver su piel, adora ese color; ella tiene una cubierta de hielo, y por dentro un núcleo hirviendo. Ella es su devoción, ella no sabe lo que en él germina, pero ella confía únicamente en él, y lo mira y lo saluda como si dentro del grupo fueran los únicos, el se sale de su mundo, pero se interna fácilmente en este, son iguales, y tan distintos a la vez.
Sin embargo, el sabe de su objetivo, cuál es y como tiene que llegar a él, o ella; todas las tardes se hallaron con distintas variaciones de clima, estaban en su burbuja, y él tenía las intenciones de soltar en un momento dado las palabras lo suficientemente viajadas y adecuadas, para expresarle el cariño que rápidamente fue acumulando; le acompañó a comprar un libro de Geografía Política hasta el sur de la ciudad, valiéndole un comino que ya fueran las 7:30 de la noche y que la noche se haya desplomado tan abruptamente, dentro de la librería quiso invitarle un café sin lograr una respuesta positiva a su invitación, ella inyecta miedo.
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Tiempo después, el maestro de Política y Sociales cantó una canción, que a todos dejó atónitos, por esos días de febrero, todos estaban enamorados, Lucio comienza a sentir la molestia de la mujer morena que lo provoca, y de la dulce y adolorida que apareció para marcarlo después; claramente ve el rostro de su dama quebrarse, y observa una lagrima brotar y juguetear en sus pupilas, él se contagia de esa infección de sentimiento; el maestro sabía de los romances por los pasillos, y observó a los que miraban con devoción al suspiro de su costado.
¿Alguien se sintió aludido por ello? Claro, probablemente había algo ahí entre sus preferidos que eran Lucio y Mónica, a quienes seguramente vio que la parte masculina no dejaba de observar cada que podía a su compañera de al lado; mientras el aire susurra su trágico advenimiento, la clase de Derecho aguardaba para castigarlos, con preguntas tan aburridas, como si fuera divertido terminar con la muñeca hinchada y los tendones entumecidos por la escritura sobre la línea que divide al Derecho Civil, del Penal y del Laboral. Ya en la biblioteca se hallan, termina el examen, es obligada la espera que realiza él para ella, como en todos los exámenes, él aguarda afuera del salón, en el pasillo siente el aire frío por sus brazos bronceados, la espera, pues en todo el año, hicieron lo mismo, siempre se esperaban al acabar el examen, ya sea para comentar sus respuestas, o para que él se deleitara con su perfume, sus ojos y el verde de su suéter.
Con cuidado sujeta la mochila, quizás pensó que sería buen detalle y una forma de relajar su tarde si le hacía un presente a ella, el examen fue complicado y tardó toda la madrugada haciendo un pergamino hecho de papel albanene; runas, espirales, formas circulares, y unas palabras sumamente obvias, eran el sinónimo de un corazón que no hallaba la manera de exprimirse y el cual, no dejaba de sangrar; han pasado 6 meses y faltaban 3 para culminar todo.
Simplemente la ve ir, la aborda, la sigue por el rastro de su perfume, se limita a nombrarla, le entrega el rollo, cerrado con un listón rojo, vino, que sé yo, es un color sangriento y tan pasional, en una hoja casi transparente, grabada de tinta negra, tenia distintos significados. Una semana después, la ausencia de Mónica se comenzó a hacer patente, nadie sabía de ella, menos él. El profesor de Sociales le pregunta a Lucio sobre el paradero ya que, esas faltas le estaban costando la baja de la clase y al ser el único al que se le pegaba, solo a él recurrieron para querer saber de ella; él comenzó a enviar mensajes y correos, hasta que en uno respondió, era el 2009, había epidemia y todos permanecieron encerrados por un breve periodo, ella respondió y fue el mensaje más feliz que se recibió hasta entonces, pero ahí acabó.
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Ahora que el tiempo transcurre, sabe que tiene una infinidad de recuerdos de ella; sabe que cada que oye a Led Zeppelin o a Pink Floyd, su memoria se vuelve una corriente de agua azul, transparente y fluorescente que lo arrastra por una gruta hacia una luz; en realidad, nunca supo ella, que la canción en ese pergamino fue inspirada, en la canción mas doliente, del cantante mas aberrante, fundido con sus sueños de tenerla en sus brazos.
Ella pensaba, que Lucio no se sentía apreciado por ella, Lucio no sabia lo que Mónica guardaba en su interior; ella pensaba que no le era suficiente lo demostrado en todo ese año, Lucio siempre tuvo en cuenta gracias a los rumores, que ella si lo tenía en mucho aprecio... El lo sabia a la perfección y con eso le bastaba.
Lucio, se acerca al borde de la marquesina, respira el aire, mira el cielo, el ocaso, las nubes y el Sol brillando en las palmeras, adora aún mas esta época del año, por el recuerdo de ella.








