5 abr 2010

En la plaza... (Sé que no vendrás)



Estoy aquí, sentado bajo un árbol que me cubre del inclemente sol, es un día soleado, es sábado y habíamos quedado de vernos aquí, en este punto, en la hora y fecha acordados, y me siento completamente alegre pensando que en cualquier momento aparecerás.

    Tras las colinas veo unas nubes, se miran tan simpáticas, es imposible que esto se arruine, haya nubes o no sé que tendrás que aparecer por alguno de los extremos de ese lugar, sé que no fallarás, y sé tampoco que no faltarás a una invitación como ésta, por que sé que no te resistirás a una caminata por el lugar platicándome de algo, por que sé que siempre tendrás algo que contarme.

    Veo a un perro de la calle jugando con unos niños, el perro no es agresivo y busca compasión en las miradas y en los juegos de aquellos infantes, pero después de algunos minutos es ahuyentado por los padres de éstos. Y sigo mirando al reloj, veo a las luminarias de la calle y poco a poco noto que el tiempo transcurre de forma inmediata, no sé por que no me desespero, es algo raro en mi, ni me preocupo por ello, pero sigo observando a las cosas que ocurren alrededor; miro al policía rodeando el lugar, veo a las parejas caminando, veo a los ratones huir entre los paseantes y turistas, tratando de llegar a la grieta mas próxima para guarecerse.

    Saco mi cigarrera del bolsillo de mi pantalón, saco un característico encendedor transparente con la flama al cien, el clima es templado, es agradable, y las nubes poco a poco lo cubren todo, por lo menos y para mí es aun mejor, y si lloviznara un poco y mojara la tierra y esta soltara su aroma a petricor, sería una imagen inolvidable, agradable, caminar entre pequeños charcos, sentir el perfume de la tierra, y la humedad subiendo por nuestras pieles, mientras las palabras siguen sus respectivas direcciones. El día clama con piedad que aparezcas, pero el tiempo sigue su curso, y no hay señales de tu proximidad, no hay algo que me aliente a pensar que todas las cosas que hace rato vi, sean algo que yo pueda materializar contigo.

    Sé que puedes estar a medio camino, apurada, pensando si no estaré molesto por la demora; sé que quizás estas pensando en las cosas que nos contaremos, sé que mientras pienso todo esto estarás dando la vuelta detrás de los muros blancos de la iglesia buscando a la primera figura solitaria que veas fumando bajo un árbol, mirando el reloj con un rostro de fastidio, y que estarás próxima a dar una disculpa por ese enorme retraso. Las nubes lo han cubierto todo, el hombre que vende artesanías y pulseras se encuentra a mi lado con su manta, vendiendo inciensos de mirra, almizcle, opio y flor de loto, y hacen que las nubes tengan una entrada triunfante a punto de liberar esos agradables aromas, y me regresan de nuevo a la ilusión de verte llegar con esa ropa tan característica de tu parte, con un morral color rojo colgando de tu hombro izquierdo.

    Pero ya llevo mucho tiempo aquí, he soportado la burla del día mirando a las parejas, a mi alrededor yacen tiradas las 10 respectivas colillas de los cigarros y voy por el onceavo cigarro; estoy a punto de acabarme la botella de agua para aligerar mi resequedad por los nervios y que, a tu ausencia, la he utilizado para aminorar la acidez del cigarro en mi boca, Ha "chispeado", mis rodillas se mojaron levemente, hay pequeños charcos en el suelo rojo de la plaza, los pichones acuden a ver los despojos de la lluvia, los faros comienzan a encenderse a pesar de haber todavía luz, las nubes son cada vez mas oscuras, y quien estuvo aquí hace rato y quien ya se va, me mira con cierta extrañeza y sorpresa.

    Pues sé que ya no vendrás, creo que debí haberle hecho al presagio sobre tu ausencia, sé que no vendrás, por que no atendiste a mi llamado; sé que no vendrás, por que prometiste llamar, y no lo hiciste. Sé que no vendrás, por que algo mas se te presentó en el camino y la próxima vez que yo intente llamarte, me dirás una astuta, pero tonta excusa para justificarte.

Sé que no vendrás, por que nunca hice tal invitación.

24 mar 2010

El viaje.


Se me había ocurrido salir con ella, le propuse un viaje por carretera a un lugar que siempre quise visitar; subo al auto, me dirijo hacia su casa en uno de los barrios más horrendos de esta ciudad, surrealista cuna de bestias de las que pudieron haber emergido de la mente de los Hermanos Grimm, y yo luciendo mi auto nuevo; es diciembre y es aburrido, he hecho de lado cierta remembranza que me atormentaba por años. Ya íntegro, tomo el volante, diviso a los extremos de la calzada, me pongo a pensar en serio si todo lo que dije aquella vez en los versos sobre nuestra primera visita a aquella plaza, no fueron producto de un intento por liberarme de mi soledad.

    Es que, aquél encuentro en el subterráneo fue tan repentino y a la vez sorprendente, habían pasado tantos años desde la ultima vez que le vi en aquel patio de la escuela, en la clausura de clases y nuestra despedida de entre el selecto grupo de ñoños que portaban la bandera; y después de unas cuantas salidas tuve que admitir dentro de mi que esa emoción por fraguar un futuro prometedor a su lado se iba desvaneciendo, aunque aún quería permanecer la intención, pero ya era algo inexplicablemente tonto, era como aferrarme.

    Y así, sigo revolviendo mis sesos a la vez que doy vuelta a la derecha, cruzo un semáforo y casi atropello a una anciana que tuvo a bien atravesarse la gran avenida justo cuando el semáforo acababa de marcar el alto y sin problema alguno llego a su edificio, está ahí en la entrada, sube de inmediato al auto y nos dirigimos por vías alternas al sur, pues la Ciudad se ha llenado de tanto, y tantos.

    Una vez llegados al Periférico, se me ocurre conectar el dispositivo en aleatorio; la música transcurre lenta, por lo menos para el viaje está bien y para mí, aunque ella quería opacar la música con sus oquedades verbales, intentando tapar los agujeros imposibles de rellenar por mi.

- ¿Y qué te pareció la fiesta de Giselle - dijo, forzando al quebrantamiento sonoro del auto.
- Pues muy bien, digo, la bebida corrió, estuvo mejor que lo que esperé, la verdad tenía tanto tiempo de no disfrutar así un buen licor, creo que desde aquel día que fuiste a la casa con Sara - respondí un tanto forzado.
- Pero tu no parecías pasarlo del todo bien ese día, te sentí extraño conmigo, todos estábamos platicando de cosas, y tú con tu molestia ¿Qué ocurría? -

    Lo que no podía hacer evidente ese día, es que de un tiempo hasta entonces me había fastidiado saber tanto de ella, no encontré los perfectos pretextos para explicar el porqué ha entrado el arrepentimiento por esos versos que le escribí, por aquél dibujo que regalé en una hoja cuadriculada, sentí asco y arrepentimiento por todos los recuerdos que se habían salido de su cauce, y que me hicieron escuchar la música de aquellos días y ver aquellas fotografías de la graduación. En efecto, di todos esos detalles esperando recibir una respuesta satisfactoria, pero no recibí nada a cambio, más que una libretita de recuerdos colmada de estupideces relacionadas con una antigua relación que había dejado heridas y que aun la tenían colmada a 7 meses de haber ocurrido.

    Cuando le declaré mi admiración, de su parte recibí también una serie de disculpas, unas gracias por la atención y una súplica para no enfadarme ante la negativa de su respuesta, y al contrario no lo hice, seguía con la esperanza de tener algo en un futuro... Pero el desencanto me venció y el aburrimiento también, estaba fastidiado de lidiar con mujeres que no pueden lidiar con sus propios traumas y sus miedos, con aquellas, que no pueden oír de una relación sin que comenzaran con remembranzas acerca de una posibilidad de estar "a punto de casarse y que se sentía feo el truene"; ellas ya me habían generado tantos problemas en el pasado.

- Oye ¿y a donde vamos? -
- ¿Eh?- frunciendo el ceño, con la distracción, no supe ni que había dicho, - A Taxco, ¿te parece?-
- "Pus si" -

    Y miro al carro que nos lleva delantera, está nublado, y suenan las campanadas de "Plainsong"; su mueca de fastidio está colmándome la paciencia desde Plaza Inn, creo que no debí haberme líado ese porro después del desayuno, por alguna razón la cabeza me duele, y no sé si atribuírselo a la hierba o al fiestón con mi hermano, el punto es que me está agotando la paciencia. No puedo verla siquiera a la cara porque hay algo en su rostro que me molesta, quizás también fue un error creer que los sentimientos dulces eran la aplanadora en la terracería de su maldito rostro, esos ojos de soberbia y de somnolencia me van enervando en demasía, los granos de su cara ya me son insoportables y asquerosos.

    Estamos en la caseta, el Sol ha salido una vez más, me agrada la idea de ir a Taxco a desestresarme, a despabilar mis ideas y reavivar algunas otras por ahí ocultas, y pensando en otros planes para completarme al 100%; Ariana me espera al regresar del viaje, aunque sea para que yo la admire por un ratito, en lo que salgo a la calle con el único pretexto de verla por ahí, recordando su simpatía y su sonrisa al verme pasar, quizás, Ariana sonría a mi miedo y a mi timidez.

    Manejando, despierto a la realidad, desaparece la nube que me envolvía, estoy conviviendo con una persona que me ha dejado de agradar, no entiendo los porqués de haberla invitado a Taxco si ya no me interesa su persona, quizá vi la posibilidad con ello de reanimar el cariño que quería entregarle enteramente; sigo manejando, el terreno se ha vuelto escabroso, muchos tráileres han descompuesto la carretera, Caifanes llega a salvar el momento, de repente a José José, por momentos hay algo Bowie, hay Velvet Underground, Led Zeppelin, Jaguares, quienes me encantan por el hecho de salir de la Ciudad con un rico Sol, que se complementan perfectamente; continúa "Sin Querer" de Fobia.

- Y ¿Qué música traes? ¿Puedo ver?-
- Sí, claro, nada más con cuidado, que el cable tiene un falso y se me va la música para lo que resta de viaje -
- Veo que eres afín al rock de los ochentas ¿verdad?-
- Si, mi madre tiene la culpa... - suelto una carcajada igual de forzada como mi intención de salvar lo mío con ella.
- "El Reino Perdido", ¿la pongo? -
- Si, adelante -

Y suenan las notas de un sintetizador desbordante y desesperado, me agrada la música de ese grupo, me cae bien el viaje y por momentos me olvido que esa persona es aterradora. Pero me hace pensar más en Ariana, el sólo hecho de haberme llevado a la persona equivocada.

- ¿Quiénes son? -
- Son Santa Sabina ¿los habías escuchado antes? Son de la era Caifanes -
- Mmmm, no, no lo creo -

    Todo bien, me relaja esa música; hay curvas, el carro se desliza sobre la carretera como cuchillo caliente en la mantequilla, el calor está padre, no estuvo tan mal llevarme aquellas bermudas y mis Vans, la lata de cerveza se disfruta mejor, pero mis odiados cigarrillos se van guardando para un clima más propicio para el humo.

- ¿Puedo cambiarle a la música? -

El súbito apagón de la canción que, no había llegado ni a los 2 minutos, hizo que en mí se despertara un monstruo que iba gruñendo y salivando mostrando sus dientes, se percibió un silencio fervientemente incómodo.

- ...Bájate del auto.
- Pero...
- Es en serio, bájate, por favor.

    Sin mediar antes una advertencia, con un subidón de sangre en la cara y la zona del cuello molestándome, la bajé a media carretera en el ardiente Sol, no podía estropear ella mi viaje así... Ni yo permitirme arruinarlo.

    Sobra decir que caminó dos horas para llegar a una tienda local, y hablar por teléfono para que su "exfuturo marido" fuera por ella, desde luego, ella argumentó que se perdió, pues el platicarle que iba con alguien más, le destruiría toda posibilidad de un regreso.

19 feb 2010

Las cuerdas...

 


Se oculta bajo insinuaciones, 
se hacen presentes, 
hacen que la sangre hierva, 
que la imaginación sobrevuele la realidad, 
el instinto desata aquellas cuerdas, 
que la verdad logró amarrar.

Se pierde en la luz, 
aparece en la soledad, 
posee a la mente y la domina, 
la física pierde cualquier sentido, 
y se vuelve pasiva.

Porque una posesión me invade, 
totalmente te cubre del frío, 
hace de compañía de día y de noche, 
y suelta las riendas de la desesperación, 
pues, de colores son sus ataduras, 
ocultas en los pliegues de mi deseo, 
fugaz es su cuidado que pronto al suelo terminan, 
la blancura de una sensación, 
que pronto termina enrojecida.

Sobre la mesa se han puesto los cubiertos, 
las puertas se han abierto, 
el calor de un hogar imaginario se hace presente, 
conforme el tiempo transcurre, 
poco a poco se torna distante. 

Las ataduras siguen tiradas en el piso, 
la caminata transcurre tranquila, 
simultáneamente a la exploración, 
se escuchan crujidos y sollozos, 
sollozos que atemorizan, 
sollozos que provocan curiosidad, 
atenúan a la cordura, 
la mesa cambia de posición por sí sola, 
se voltea, de forma cambia, 
las cuerdas permanecen aún en el suelo, 
un choque de suspiros 
polos opuestos que se atraen y forman una figura, 
singular, poseedora de peculiares sensaciones. 

Derriba muros, 
pilares de blanco mármol, 
rosas que pierden sus pétalos al ritmo de la ráfaga, 
la tormenta que adora en demasía, 
a la nube que sobrevuela la pradera, 
mientras las cuerdas permanecen tiradas, 
absortas a las formas y posición al suelo, 
aquellas cuerdas que al estar ahí, 
no ataban las coyunturas de aquella madera, 
han sido extraviadas y encerradas en el recuerdo. 

Y con el fiero aroma del bosque, 
del que fue cortado aquel árbol, 
dio vida a un viejo mueble, 
que ahora se halla hecho pedazos, 
porque la sangre hierve, 
y el alma pierde contra el cuerpo, 
ahora las piezas se hallan regadas, 
no hay remedio a la destrucción, 
no hay vida, solo agobio. 

Y del cansancio que brotó de las neuronas, 
hacia el cuerpo físico.

31 dic 2009

El día de las explosiones.


En el día de las explosiones,
reina el caos, salpica de odio las calles, 
desborda cada una de las ideas, 
existentes e inexistentes, 
que de la mente emergen. 

Las burlas provocan incendios, 
las risas son anuncio de la muerte... 
Lo trágico se vuelve real, 
la noche es cómplice de la soledad, 
cada atisbo de vida en ruido, es motivo, 
la razón para que haya un silencio, 
tan ensordecedor como las sirenas, 
las sirenas llevan cadáveres, 
las cárceles se llenan de prisioneros, 
mientras se busca al responsable, 
al que provoca sin instrumento, 
ni sufrimiento, 
la desaparición de tantos injustos. 

La comedia de la noche, 
los autos rodando casi al vuelo, 
quebrando el aire, 
rompiendo cuerpos, 
cajas llenas de almas, 
que sonríen sin merecer gracia alguna, 
encontrando la felicidad en la infelicidad, 
giran a la derecha, 
giran a la izquierda, 
continúan su jornada de risas, 
sin sospechar su cruel destino, 
vuelta a la izquierda, 
acelerador al máximo, 
una mano que apunta con los dedos abiertos, 
una luz que surge por sorpresa, 
pedazos de hierro y piel, 
vuelan a gran altura, 
no hay gritos de dolor, 
no hay llanto, 
solo expectación, 
solo la sorpresa.

Por que la noche se cubre de sorpresa, 
las burlas que provocan ira, 
y el llanto a la venganza, 
aguardan a la lluvia que no llega, 
no es el diablo, es tu mente, 
desata las cuerdas de la locura, 
el caos galopa como caballos salvajes, 
arrastran vidas, borronean risas, 
apagan sonidos, y ensordecen a la luz, 
la cólera quiebra muros, hay vidrios rotos, 
el aire congela el baho, 
el humo de la boca sale, 
el suelo se estremece, 
el polvo se levanta y suena a fiesta, 
las risas son preludio de la muerte, 
y el fuego reina... 

En el día de las explosiones.

6 dic 2009

Súcubo al atardecer.


Resguardado en el frio de la soledad, 
mirando un cielo particularmente voluble, 
dejando correr los segundos en bocanadas de humo, 
bocanadas que roban aliento, 
suspiro, pensamiento, 
sentado bajo un faro que luce frio, 
en lo sublime del atardecer. 

Se acerca buscando luz, 
fuego para su hoguera, 
alimento de su malicia, 
un súcubo desgraciado, 
disfrazado de la más hermosa perenne, 
tienta con versos, tienta con la mirada, 
tienta con palabras.  

La timidez fue su escudo, 
su arma el convencimiento, 
yo víctima no me percato del peligro, 
pero asiento a salir a caminar con el demonio a cuestas... 

Con la boca seca, con la vergüenza de estar con lo desconocido, 
entre calles desoladas, 
soberbiamente asfixiadas por la penumbra del viernes, 
día en que los demonios escapan de los infiernos, 
buscando la perdición del humano arrogante y débil. 

Tras haber caminado por largo, 
de beber de los vicios mas accesibles, 
de fumar y de contar, 
de huir y caminar comencé la seducción, 
abriendo las puertas al abismo con una trampa mal colocada. 
 
Me he convertido en victimario, 
la victima ya es un íncubo, y el súcubo se vuelve humano, 
se rinde ante sus deseos, 
se muestra dócil, 
el joven es poseído por el enemigo común, 
y a la oscuridad se lleva a la flor, 
oscuridad que resguarda la impureza del pensamiento.

Se detiene la posesion, 
las manos que exploran relajan su curso, 
arrastran culpas, y la demoniaca fémina, 
suplica por una segunda oportunidad, 
y en la fría oscuridad del subterráneo huye él, 
dejándole a ella con la incertidumbre, 
deseando él, nunca volver a caer...

1 nov 2009

El Cuarto a Obscuras.


Hay un cuarto a oscuras, te sientes solo, el viento sopla de tal forma que parece que las ventanas están abiertas, pero te asomas a la ventana y no hay indicio alguno de que haya rendija abierta por la cual el viento se cuele, el día está gris, los arboles están secos y sin rastro alguno de las hojas; recuerdas los pequeños fragmentos que has leído de Edgar Allan Poe, en tu radio se reproduce una de tantas canciones sombrías que tanto te encanta escuchar.

    Hay una voz, se ahoga, susurra, el viento sopla fuerte, rechinan las ramas del árbol, las pocas hojas presentes se sacuden, y el alumbrado de la calle se ha ido, el viento hace estragos y la oscuridad se densifica, no hay ninguna vela que pueda iluminar ese cuarto, y la música sigue.

    Parece que a estas almas, les encanta el sonido oscuro, vidrioso de tus discos, e inexorablemente la tarde cae, parece que llueve, se oyen las gotas golpear el cristal, estás sentado en el borde de esa ventana, y el frío entra por esas rendijas, tu cuarto a oscuras sigue con su negro esplendor, y sientes escalofríos; una mano recorre tu espalda, y te han soplado al oído.

    Volteas con mucha sospecha, pero no tienes miedo, por que tu ambiente últimamente se ha tornado ligeramente pesado, quieres que sea así y no te importan los crujidos del mueble, ni que los aparatos truenen, ni siquiera te importa el hecho de estar siendo observado por alguien que no ves, y que sabes que te tiene acorralado, las oraciones, las haces, miras a la cruz de tu pared, miras a esa figurilla y te preguntas sobre el cómo es posible que aquél ser se haya sacrificado por unas masas que incluso, lo niegan.

    En verdad, si lo hizo por amor, ese sentimiento ni existe, por lo menos y para ti; te miras obligado a lucir colores, pero el color negro y el gris son lo único que por tu cabeza existe, ronda, a pesar de ser tú, tan asiduo de los ocasos otoñales, hay veces en las que el odio, y todo aquello que te provoca sentirte frio, hacen que las lluvias te sepan mejor a pesar que a veces te llegan a fastidiar.

    Y el fantasma de tu recamara sigue, juega, rompe artefactos de vidrio, rompe espejos, y tú como si nada, quedas mirando la calle a oscuras que se cierne bajo tus pies y que inunda los cimientos de tu hogar, observas las gotas de lluvia estrellarse en el cristal, escuchas las voces tétricas, las pistas melancólicas, pero te importa un bledo el ruido de ese espíritu grisáceo, perdido. Esa sombra quiere llamar tu atención, pero la ignoras, y enciendes el 5º cigarrillo de tu cajetilla; para una compañía, deseable o no deseable, el olor del cigarro en un lugar encerrado, es insoportable, y sin meditarlo ni tenerlo en mente, detuviste la marcha pueril del infame espíritu.

    Mientras, las horas se van comiendo a los minutos y los minutos a los segundos, es verdad, parece eterno cuando parece que las voces tétricas de tus discos parecen correr sin la menor cavilación, siguiendo su curso tu cuarto es todo lo que podrías pensar, es todo lo que te cabe en un día completamente grisáceo y triste. Es lo que en tu mente se engendra mientras tanto, recuerdas que hay un retrato tuyo con una persona amada del pasado; la miras con suma extrañeza, te pones a pensar, tu amargura sube de tono y comienzas a reprocharte tantas cosas, todas las situaciones que hicieron que llegaras al grado de tener todo a oscuras teniendo el clima así; y ha parado de llover, las gotas no suenan, hay viento y ves un pequeño remolino que cruza la calle, se lleva hojas, aleja a los perros, ahuyenta a la gente y la hace guarecerse entre pórticos y establecimientos en los que el espacio les dé permanencia voluntaria.

    El reproche persiste mientras se observa al retrato, ya no brota lágrima alguna de tu avejentado rostro, solo tu ceño se frunce de tal modo que sientes que hay un volcán ardiendo y lo dejas estallar; avientas el retrato y se quiebra, oyes los pedazos del cristal protector golpear la pared y el suelo. La foto cae sin más, la pareja que está en esa imagen te hace comenzar a gritar, te cuesta trabajo asimilar no que estés solo, sino, el porqué terminaste haciendo y diciendo cuanta estupidez te brotaba del corazón, te golpeas el pecho, te jalas los cabellos y te golpeas la cabeza con el puño.

    Ya no lamentas la soledad que se hizo presente por sorpresa, nunca hubo lamento por el día gris, hay fantasmas en tu cuarto, hay unas oraciones que se tocan cuando se ha terminado el día, hay un crucifijo pegado en la pared, hay una ventana que da lugar al circo de la vida dando la función mas atroz en las calles, los perros no ladran, pero los fantasmas siguen, ya no te espantan, porque en tu mundo, solo tu corazón y tu cerebro reinan. Pero en esa diáspora de cosas que se lleva poco a poco a las nubes y poco a poco deja al descubierto un cielo color malva, anuncio de la huida del sol y el nacimiento de una noche que será larga, hay agujeros en el cielo, y los rayos de sol entran por cada descuido de las nubes, el sol quiere protagonizar su emerger en el ocaso.

El jazz aparece, pero siempre termina opacado por una indecisión, el cielo es estrellado aun sin merecerlo, el otoño poco a poco se acaba, y el suelo poco a poco comienza a succionar el agua que del cielo cayó.

Mientras comienzas por el séptimo cigarro de la tarde.

17 ago 2009

La Rosa De Tus Ojos...


Voy pensando y pensando y mi cabeza se alborota, hace 8 días estaba apresurándome a llegar temprano a la escuela y al no llegar, me resigné por completo a llegar tarde, por que mis retrasos son habituales y me entretuve escuchando aquel disco que me devolvía a las sombras siendo las 2 de la tarde, oscuridad que pareció materializarse en un día especialmente gris, pero encantador aunque un tanto apático por que a mi paso, en mi andar entre corredores y pasillos me encuentro con personas que sin quererlo o inconscientemente deseándolo me van impidiendo el paso.

    Y aún así, podré considerarme afortunado, por que salí sin mayor daño que el que se le puede hacer a mis oídos, y es escuchar las desagradables notas de lo común y mundano que a la gente le gusta escuchar, rompiendo mi intento de barrera oscura y de gracia dentro de mi cabeza llena de penumbra y melancolía, hay sentimientos guardados; si los hay, pero aun no se podían revelar, y al salir compré mi vicio.

    A lo lejos la veo aparecer, vaya sorpresa, es lunes y me sorprende ver a esa figura vestida con ropajes con colores no apropiados para el gris de ese día, ni de mis ojos; pensé que no la podría ver, pero es obvio que el destino ha intentado acercarme a ella, y disimulando desconcierto volteo la mirada pues Ale, lo ha hecho y se acerca para golpearme suavemente con una botella de agua a una octava. Ya en la noche tuve que revelarle a Alejandra que no podía aguantar toda esta farsa de disimular tanta atención hacia ella y tuve a bien decirle que me encantaba su todo, sus ojos, su piel, sus manos, su cabello, su ser. Su reacción si bien, fue de sorpresa, todos los rumores apuntaban a que ella sentía lo mismo por mi, por la confianza que supuestamente le había inspirado y por que físicamente le había parecido atractivo y por esa forma en como me abría con ella. 

    Ahora, pienso que tomé la acción equivocada de destapar mi sorpresa tan prematuramente, curiosamente mis días se mostraban contados, me sentía como el enfermo terminal queriendo hacer todo de una vez en un tiempo corto, pero quizás el destino me armó una treta de la que ahora me veo confesándole todo mi sentir a una mujer que me era indiferente, contando sin más que con mis dedos y mis miedos, por que no quería que pensara que estaba jugando con ella, quise ser lo mas diáfano posible. 

    Mas no pude, todo se tuvo que sacar a flote entre el mar de nuestras tristezas, salió un rayo de luz que apuntaba a desaparecer ese abismo donde criaturas extrañas se esconden bajo el nombre de criaturas abisales, en el mundo de Alejandra y mío, lo llamaremos sentimientos.

    Bueno, no pude contenerme, y se fue, seguramente no pudo dormir, por que yo tampoco lo hice, y esa semana mis sueños fueron tan cortos como cuando reproduces un "Extended Play", tan fugaz como la luz de las hojas de tabaco al quemarse; al menos hasta que decidí enfrentarle para decirle eso que le había dicho y para que ella viera que no estoy jugando ni que es una apuesta; quizás si, le aposté a mi suerte que podía ganarme su cariño a pesar de "lo complicado" que ella intentaba resultarme.

    Total, la he visto, se mostraba insegura y con temor, y yo estaba en el mismo estado, dije lo que tenía que decir, y así tuve que mostrar mi inseguridad a su reacción, confesé que la quería y ella hizo lo mismo, caminando en el patio de la escuela no faltó quien se preguntara que era lo que ocurría entre nosotros, mientras ella se subía de puntas para rodear mi cuello con sus brazos.

    Al otro día llegué con el mismo animo con el que había empezado la semana, ahora el día estaba soleado, era un bello atardecer de viernes, solo que mi ánimo le increpaba al sol por haber aparecido en "tan buen momento", después de rechazar una salida a una fiesta con mis amigos, preferí quedarme al verla caminar por el lobby de la preparatoria; me quedé los últimos momentos del ocaso del viernes con ella y seguirla a donde fuera pero mis palabras estaban ahorcándose en el chicle que me estaba comiendo, y se golpeaban en las paredes de mi boca como aquel secuestrado que busca la manera de hacer ruido y que le rescaten, en mi estomago había una burbuja morada que me hacía sentir tan bien, pero en conflicto con una profunda desolación. 
    
    Al salir de la escuela tras haber estado sentados en ese rincón, platicando, soportando la frialdad del lugar en el anden donde ella tendría que partir y después de varios intentos de mostrarle el recorrido de mis caballos, solté las palabras más condenadas en mi persona, por que hasta el momento en que la conocí, la amargura era un sinónimo de mi vida. Pasado un fin de semana similar, un florista esperaba con un cigarro en mano a un tonto que se estaba enamorando para comprarle alguna de las rosas y arreglos que ofrecía. Entré a la escuela, esperando su llegada, mas no la vi y estuve a punto de tirar la rosa o llevarla a mi casa, me era un enorme riesgo llevarla de vuelta y tenerla ahí mientras se moría por el atosigante calor de mi hogar; hasta que llegó diciéndome que ya se iba, quería acompañarla y ella accedió ya en el andén de 18 de marzo, saqué la flor y al verla, Alejandra soltó una sonrisa y unas palabras un tanto complacientes y agradables a mi estima:

-Hacía mucho que no me regalaban una rosa, y lo mejor de todo es que es color rosa, mi color favorito y me la estás regalando tú.- 

Sin embargo, su respuesta a mi sinceridad tiene que esperar, por motivos casuales, alguien más se había aventurado a volver esto una competencia por su cariño, aunque, ella y la rosa de sus ojos, me han dado la posibilidad de tener un "Sí" por respuesta segura, para finalizar me abrazó despidiéndose.

29 jul 2009

Situación o razón cósmica.


    Hoy, la mañana luce fría, has despertado con sueño y sintiendo las ganas de cubrirte con ocho cobijas más pues, el día ha amanecido nublado y resultaba difícil distinguir entre la madrugada y el amanecer frio, sin ese molesto astro queriéndose hacer notar entre las cortinas; hay algo que te obliga a levantarte tan temprano cuando en la madrugada habías bebido alcohol y fumado cigarrillos, pues tu impulso y una extraña sensación de felicidad te lo exigían y tienes que levantarte temprano para ir a trabajar. 

    Ya es de día, hace frío y con mucha apatía te metes a bañar, abres completamente la llave de la regadera del agua caliente, dos giros a la del agua fría para que así puedas reanimarte y tener ansias de no seguir acobijado y no sientas despellejarte con el sauna improvisado de ese momento.

    Con nuevos bríos, en la mesa aparece de forma misteriosa un vaso grande y humeante de café con un pan para acompañarle, esperando que con ello te arranques ese sabor amargo de alcohol y nicotina que persiste aún y después de haberte cepillado los dientes; hoy deberás empaparte de monotonía y sabes que todo esto tendrá su recompensa porque cuando el reloj marque las 14:00 horas desde el momento en que comenzaste a soñar, saldrás impaciente por las escaleras del edificio donde trabajas y encenderás un cigarro, pensando únicamente en la persona que te maravilla desde hace poco tiempo.  

    Y así, terminas el café y emprendes la marcha hacia la terminal del metro donde tendrás que sobrevivir a los empujones y golpes de aquellos que corren el mismo destino que tú. Así, entre los túneles y los recordatorios del 10 de Mayo al operador del vagón, sales disparado hacia la caminata que te llevará a ese lugar que también te hace sentir útil; en el trayecto sacas el encendedor (que no deberá de faltarte), enciendes un cigarro y te pones a buscar una buena canción en tu memoria porque antes de salir de casa, tuviste a bien la idea de poner música para amenizar tu fugaz desayuno. Caminas entre los charcos, entre la gente que con su paso entorpecen el tuyo, entre pequeños riachuelos de agua ves asomarse al sol que, se abre paso entre las nubes que últimamente le han estado robando cámara. 

    De repente, te pones a pensar en ese motivo que te hizo cambiar la perspectiva de las cosas,  llegas, pasas lista, te registras, entras al local, te pones los auriculares, enciendes el monitor y empieza la jornada; esperas con ansias que marque el reloj la hora de salida para que cuando te den la indicación, salgas disparado del lugar, bajando con prisa las escaleras y enciendas nuevamente un cigarrillo, aquel que hará que te olvides de esa mañana que te resultó particularmente pesada. Sales con tu amigo y platicas de cosas sin relevancia, pensando en la presión que te dejaba esto, a la vez que comías las ansias por llegar a verla. 

    Has llegado a la estación que te dejará en las puertas de la preparatoria, las ansias de poder verla son casi mortales y aguardas, no hayas razón de su presencia, está ausente y no puedes evitar notarlo, al final habrá oportunidades más para estar con ella, puesto que esto que vives a su lado, apenas comienza.  

    Ya entradas las horas del ocaso, sales con tus amigos, buscan refugio en un camellón y comienzan a beber la delicia de la cebada fermentada, sin contar la presencia de aquellos guardias de la calle que al final logran evadirlos dirigiéndose al puente que ayuda a las personas a atravesar la gigantesca avenida que se hace llamar "Insurgentes Norte", mismo que permite atravesar al otro lado de la civilización, aquél que define la línea entre lo bello y lo horrible. 

    Entre la plática, siendo las 6:24 de la tarde, piensas en Alejandra, la recuerdas, le guardas con cariño al recordar como fue el inicio de toda esa aventura juntos, y es que, precisamente en ese mismo instante en que por alguna razón cósmica, has comenzado a recodarle mucho más de lo debido, mientras escuchas al amigo en común sobre su personalidad, confirmas que ha sido una tarde perfecta.  

    Emprendes el regreso a casa, te miras en el reflejo de la puerta del vagón, tus ojos se cierran y el calor dentro del mismo es insoportable; la noche es fría, y has olvidado que hay alguien rondando en tu cabeza, que hay situaciones muy importantes en qué agotar toda tu atención y, sólo sales de la estación-terminal. Agitado y fastidiado... Llegas a casa. 

    Abres la puerta, te recibe el perro, esa mujer llamó a tu casa, te diriges al identificador de llamadas y su numero aparece a las 18:24 de la tarde, te ha marcado y tú estabas ausente, no pudiste responder pero fue como si la hubieras invocado con la mente. 

    Situación o razón cósmica, justo a esa hora, mirabas el reloj en el puente al son de las burbujas de la cerveza y el sol ocultándose sobre el puente, te acordabas de ella. 

13 jun 2009

Ahora.


Ahora que todo acaba, 
permíteme decirte cuánto te quiero, 
aunque sea por última vez, 
antes de ver tu sombra partir de mis brazos.

Nunca supe si mi cariño, 
te complació de alguna forma, 
no podré saber a ciencia cierta si, 
a mi lado fuiste feliz. 

Ahora que todo acabó, 
no sé si sea correcto confirmarte, 
todo mi cariño como antes, 
por temor a tu mirada, 
por temor a ti.

Las mañanas se yerguen y duelen,  
como el alcohol en la herida, 
como la sal en la llaga, 
las noches se vuelven infernales, 
porque tu canción aparece, 
porque tu recuerdo me inunda de lágrimas, 
porque ya no estás. 

En la soledad me pregunto, 
si todas las rosas que te regalé, 
llegarían a casa, 
o si quedaron a mitad del camino, 
quizás pudiste conservarlas, 
no sabré si mentiste al decirme lo que en ti, 
provocaron sus pétalos.  

Ahora que todo acaba, 
permíteme decirte cuánto te extraño, 
aunque sea por última vez, 
antes de ver tu sombra partir de mis brazos. 

Ahora que todo terminó, 
tus manos y tu rostro perduran, 
ya no como la realidad que me hacía feliz, 
si no como el mas desolador de los recuerdos. 

Ahora que no estás, 
tu voz aún resuena en mi profundidad, 
tus palabras se labran en la piedra de mi memoria, 
y la nube gris que nos daba sombra, 
ahora solo es causante de mi padecer. 

Ahora que partiste, 
mi felicidad parece solamente un sueño.

4 oct 2008

Mónica


Los últimos días han pasado inadvertidos, y a su vez, se han hecho eternos porque he vuelto a comenzar y a tratar de reivindicarme, aunque en el trayecto tuve que soportar la apatía de ciertas personas que me demuestran falsedad, gente de la que, reconozco, dudar de su apoyo y amistad. 

Pero olvido eso, y me encuentro en un ambiente nuevo, mi entorno es estúpido, más no imposible aunque me halle recordando cosas, y me sumerja en una total y completa amargura; mi boca se llena de humo, también se llena de blasfemias contra el amigo que se ha dejado manipular; aparece el objetivo de mi razón en ese ambiente, y me ayuda de forma indirecta a sobrellevar esa situación tan alterada de mi persona.

Su silueta me provoca alteración, su cabello es tan suave, y desprende un aroma a fresa increíble de percibir en un ser humano como ella; sus ojos lucen temerosos y emanan una soledad inexplicable, una piel clara y tersa que envuelve a unas manos pálidas, deduciblemente frías, pero al tacto con una cierta tibieza.

Lo creí imposible, era un error pensar en ello, y ahora es una realidad, me siento atraído por esa serie de adjetivos que hacen de su persona sea una rareza entre las bellezas del ambiente y el aire otoñal, agradable y atractiva a mis ojos que se cristalizan al ver su silueta atravesar el umbral, y sentarse a un costado mío, siempre a un costado mío.

Me provoca alegría verla desde la parte frontal de mi refugio, verla caminar por los pasillos de ese edificio, escuchar su timbre de voz al preguntar por algo de lo que yo no estoy seguro, pero en lo que hago el intento de responder acertadamente; me alegra percibir su presencia a través de su perfume, perfume que me lleva a un lugar que se aleja de cualquier cosa extraordinaria y va mas allá de lo superfluo. 

Me preocupa el solo hecho que me provoca agobio no verla, el no poder expresarle esa sensación que ella me provoca, no escuchar su voz, el no disfrutar de su aroma, el pensar que no se encuentra a mi lado, y el pensar que me agobia su ausencia, y mas agobio me provoca el no atreverme a darle un abrazo, por temor a una reacción negativa. 

Inevitable es también no mirarla, ambos sentados en ese aire de engreimiento, mirando el perfil de su rostro, doblando la vista hacia el cielo que toma su papel coprotagónico para evitar ser tan obvio con mis objetivos. Ahora, a días de que haya comenzado el otoño, la época mas desoladora y feliz del año, a ella le tocó ser la protagonista de esta temporada, y puede ser ella el remedio a la tristeza que se come la mirada oscura y profunda de mi ser.

Ella esconde bajo esa imagen fría una extraña ternura, una belleza que hoy es motivo de mis letras y que es razón por la que mi mente no puede pensar en otra cosa, mas que en poder verle, y tratar de responderle acertadamente para que pueda encajar, sacando alguna gracia bajo mi manga para lograr una sonrisa, tratándome de acercarme a su persona, reluciendo un tema insignificante como pretexto para deleitar a mis oídos con el extraño tono de su voz.

Ahora también, se ha vuelto mi vicio mientras ella no lo sabe, escribo estas líneas mientras ella sueña; pienso en ella mientras esta ausente y la miro a los ojos mientras ella mira hacia el vacío, mi mirada se torna oblicua cuando se percata que la miro y debo disimular, que no me importa tanto para que de mi lado no se aleje.

Mientras ella duerme, yo pienso en su ternura...