8 feb 2022

La navaja.


 Llevamos dos meses y 5 días desde ese día, por aquellos días, comprendí que era necesario e inevitable el decir "adiós", y que el precio de mi dolor fuera tener que recordar con ardor en el alma y con un agujero que cala "El beso" de Gustav Klimt y ya no imaginarnos ahí, pues en una suntuosa imaginería mía de ser tú y yo perdidos en algún museo o vueltos a perder en alguna calle del primer cuadro de la ciudad, me tenté a esa incesante de rehabitar el cuarto en el que me veía a tu lado. Ya de por sí, eras imposible antes de conocerte, y ahora a tu lado y a unos cuantos metros, a veces, lo eres más. 

    Ahora, nos vemos por las ventanas del Metrobús, es un día helado de enero, ha pasado un largo trayecto en que nos hemos visto tragándome las lágrimas hasta desaparecer a gritos. Pero sé que más adelante me tendré que sacar esto, aunque pasen meses, aunque pasen años, aunque tenga qué ocupar la presencia de otra persona y no sea suficiente rellenar ese agujero. 

    Que a mi soledad solo le cambie el disfraz, para despegarte del alma y el coraje que esta otra persona me genere me hará acudir a tí; aunque cualquier intento de cercanía sea suprimido por un choque en que no deje de sentirte como un elemento repelente y así confirmar, que nunca hubo conexión alguna más que la superficial, o quizás sí pero se acabó deteriorando. Y sé que me reiré, o escribiré años más adelante de esto, queriendo hacer patente un intento nuevo de querer deshacerme de este bulto. 

    Ha sido una tarde extenuante, latente está la presencia de un mal en el aire, muchos están muriendo en el oriente, y seguro aquí habrá muchos; sé que mis quiebres anímicos tienen que ver con esa necesidad de querer llenar las oquedades que un "ya no me beses" dejaron, pues al recibir esa solicitud he decidido no ser una molestia y hacerme a un lado no sin antes refrendar mi apoyo con la finalidad de que resuelvas lo que llevas pendiente, ya no por mí, si no porque te quiero tanto que me interesaba verte íntegra, aunque no estés conmigo. Esta noche, por la ventana del autobús, se ha prestado para reencontrarme con cosas que creía recordar, y que acabé no haciéndolo. Es viernes y me he dejado llevar por una avara sed de beber y beber, la universidad no se había puesto tan interesante e intensa. Mi amigo El Principito, me llevó a beber con su rosa y con una persona incómoda; éramos 4 y fue bueno. 

    Con unas cuántas botellas, y siendo las 8 de la noche, la compra y la indecisión por el plan aplazó más el tiempo de disfrutar de todas esas cosas que quería llorar por dentro y acompañarlas de dulzor y licor, si acaso a partir de que decidimos hacer algo, tendré unas 3 horas hasta que emprenda el camino a casa, pues iré de polo a polo. 

    Ya en ese lugar, creí que esto estaba pasando hasta que me preguntaron por ti, y quise negarlo todo, quise ser Pedro al negar a Jesucristo solo que aquí, sí fueron tres ocasiones de negarte, y no fue antes del amanecer. He escuchado y discutido respecto a la situación de "El Principito y su flor", qué bonito saberles juntos, se veían bien, y yo que era el más interesado en tenerlos así. 

    Soy (somos) el "Hombre de la marcha", dejé de ser un "duende chiflado" en el momento en que apostados en aquél balcón del edificio gris que nos cobijaba, en donde me tomabas fotografías, y jugando a que me querías besar y yo de quedarme con "la trompa parada", tomaste la decisión de decir que ya NO. Entonces, yo y mi otro yo, nos envolvimos en una labor dolorosa para despegarme de ahí y que se logró concretar cuando ya dejé de ser visible en muchos aspectos, y así lo he querido hacer. 

    Ahora, estoy en un pequeño cuarto, como un desván, acogible, tengo luces led, un clóset que da muro a una cabecera de una cama, como un camarote. En rueda me preguntan por ti, lo niego todo, y cuando ellos sacaron esos temas que creí solo tu y yo sabíamos a detalle, por haberlos vivido en ese momento fue que me inventé una historia en que no debía quemarme, mucho menos quemarte. No he tenido el alma para admitir que fui un intruso, y que tú accediste con ciertas reservas a ello... No se develaron detalles pues no había qué, para ellos "muchos vieron lo ocurrido", "hablaron de ello", "veían el contacto o cercanía" que había entre nosotros, la supuesta química habida.  

    No bastará recordar eso una vez más, traigo los ojos ardiendo por la sal de mis lágrimas, conmigo el frío de una noche en que, por mi confianza en el clima de hoy me hice no portar un abrigo, y tirito encogiéndome, abrazándome en un rincón de una ventana con mi mochila a medio galope entre cobija, y refugio. Al contar los motivos que me han hecho ya no ser contigo, sentí que algo que estaba apenas cerrando se comenzó a rasgar. Mi sutura comenzó a supurar, no pude evitar sollozar cuando salimos de aquél cuarto. ¡Qué vergüenza! Y qué molestia para ti. Saber que alguien estuvo así de perdido por ti, pero la culpa no fue tuya, simplemente me encariñé con una idea. 

    En este tramo doloroso he hallado personas con las que pocas veces pude congeniar, pude establecer una comunicación y una intimidad que no necesariamente requirió un contacto físico, y la sola idea de que eso ya no lo tendría contigo me hizo partirme en pedacitos, y poco a poco fue siendo así, hasta que parte de esos pedazos los pude ir recuperando cuando retorné a ese camino, qué dicha que nadie se paró a recogerlos, quizás no tenían mucho valor, quizás pesaban demasiado y yo solo era el único capaz de recogerlos. No digo que recuperé todos, algunos se fueron desperdigando por toda la ciudad, algunos más se debieron ir por alguna coladera en el centro, o quedaron en alguna colilla de cigarro, probablemente otros sí lograron irse con el viento, como las veces que simulaba conversar contigo, mientras paseaba a mis perros. 

    Me encuentro aquí, de repente alguien del pasado me quiso voltear la mueca al enviarme un dibujo que ya es parte de la arqueología de mi cabeza, y jamás pensé que alguna vez se pudiera conservar un tesoro así de insulso. Pero no es culpa tuya, ha sido el alcohol el que me desató las amarras de ese embutido emocional, y todo se me regó. 

    Sé que en algún momento, me podré reir o quizás no, y prefiera conservarte con la solemnidad que amerita un buen amor, del que no me he quedado con rencores, salvo nuestras actuaciones postreras; sé que escribiré mucho de esto para quizás, poder sacarte de aquí, o simplemente porque me vea en la necesidad de no hartarme de a veces recurrir a este tema. Sé que hoy día, estás en un armario que es memoria de mi suerte, misma que describe que los amores que mejor conservo, fueron aquellos que no llegaron a más. He hecho de esos eventos algo místico pues todos llegaron con una diferencia de 8 años, y ahora, ya no espero tanto hallar algo así, o quizás sí, y por eso decidí aplazar cualquier movimiento con alguien a 8 años. 

    Querré recurrir a tí, pero no podré acercarme hasta que mi cabeza me haga verte de otro modo, y es mejor así. Te prefiero a la distancia, a esa cercanía que pica o que te incomode, pues yo suelo ser como una maza cuando intentas levantarla y acabas arrastrándola por el peso. 

31 ene 2022

La visión de los vasos.

 

La visión de los vasos, me da la oportunidad de ampliar la mirada hacia espacios que desconocía, que miraba por delante de mis ojos por el transporte, por el camino a pie. Por las veces que transcurría mi vida preguntándome los qué's y por qué's de lo que me había ocurrido meses atras, probando delicias ajenas, y trabajando en algo que por necesidad, había deseado tanto. Son las tumultosas vías de mis 22, los 21 habían sido ligeramente aventurados, hasta la mitad del año en que me maravillé con alguien para quien acabé no siendo suficiente. 

    En estos trechos, largas caminatas explorando sitios que en mi infancia recorrí, me hallo en la trémula metamorfosis de pasar de ser un elemento nocturno, a despertar a las horas tantas antes que el sol haga gala de sus aposentos. Habían sido días grises en el transcurso de ese tiempo, el folk de cierto cantante me hacía sentir en una cruda constante. 

    En esta visión, me hallo, Los Insurgentes se llama el local, estábamos en el cumpleaños de una amiga cuando Alberto, mi amigo llegó, y se aceleró la cosa. Es mi hermano, es mi amigo, es mi sombra... Y le he estado tan agradecido por todo.

    En este trance, he pasado de beber pulque, de mala calidad, y me encuentro rodeado de niñas de pelo de honguito, botas Dr. Martens y algunas con sombrero, escuchando de fondo a Rise Against, Empire of The Sun y Tame Impala. Qué puedo hacer, no podría criticar la música siendo que he visto al sol, los últimos rayos esconderse en un edificio de la calle de El Oro; Insurgentes luce tan común, el ruido, la estación del Metrobús, es viernes y el edificio porfiriano luce tan casual y tan curioso, subir por escaleras empinadas hacia los entrepisos que parecen tapancos, como una casa en árbol, como "La Casa del Tío Chueco"; pasar por las maderas y sentir que truenan, sentarnos en la barra y escuchar el tumulto de las conversaciones casi apagadas, hasta que el alcohol haga de las suyas. 

    Han pasado ya unas 3 horas, son las 9 de la noche, y sin mediarlo, ya estamos próximos a las 11; de no ser por Astrid quien me llama la atención por la jarra que estaba por acabarme, le hallé una relación a la necesidad de ver la hora. No tengo problema en seguir gastando en alcohol, he comido tanto, y tengo tan agrietada el alma que, no me interesa todo lo demás, quiero seguir bebiendo... El mundo seguirá pudriéndose y yo no dejaré que pase más. 

    Ya no es un vaso por el cual, observo a la vida, la euforia del momento ha hecho que los ánimos suban al punto en que me he visto cambiar un tarro, por jarras, y ya llevaba 3. Fui objeto de ser rodeado como un espectacular borracho mientras "Calaveras y Diablitos" se escuchaba al fondo. Mi hermano está al fondo, besando a la pasada de peso del momento, en la esquina y ahí está, yo ando con el alma rota, quisiera que ese pensamiento recurrente, mi deseo estuviera aquí, el solo pensar en ella ha hecho sentir que todo ha ido tomando su curso, y el dolor de hace unos meses ya suena como algo ínfimo. Quisiera que no me viera dando vueltas con una jarra en la boca, y que estuviera carcajeándose conmigo acá, al final, su casa queda a 10 cuadras. 

    Pero sigo aquí, son las 11:30 y tuve que espantarle al Betito su temporal disfrute y compañía, porque ya no alcanzaríamos transporte a "La Nueva". Salimos, pagamos, e íbamos fumando, qué ganas de seguir caminando e irnos con unas cervezas con los cigarrillos en la boca, con el aroma de la ciudad fría por la noche y en viernes. Tenía tantas ganas de platicar con aquel espantajo que es mi amigo, pues desde que entré a trabajar, dejé de frecuentarlo. Hemos entrado al metrobús, esperamos carro, son las 11:40, y no se ve que vaya por "La Piedad". Insurgentes comienza a vaciarse y solo se escuchan los ruidos de algunos centros nocturnos aledaños, de nada servía quedarse hasta muy tarde. 

    Abordamos el camión, no sin antes aprovechar el descuido del policía y acabarnos el cigarrillo dentro de la estación. Traemos una cara fatal, al ser las últimas corridas a Indios Verdes, iba semi lleno el transporte, y antes de llegar a Revolución, omitimos el detalle de que una puerta no abriera; la mísera se atoró, no abrió y se había hecho un desastre en Plaza de la República. Nos bajó hasta "El Chopo" y eso porque le pegamos al mecanismo de apertura, y ya son 11:55, caminar hasta la estación en dirección sur, ya no nos permitirá abordar el último tren a Cuatro Caminos, debíamos estar en la Normal o en Cuitláhuac para tomar un carro. 

    Ya nos dio lo mismo, mejor nos fuimos caminando, la opción era irnos a Eulalia Guzmán ya que estábamos cercanos al norte, pero corríamos el riesgo de acabar como "coladeras" si nos metíamos en ese lugar, de algún modo era el más cercano a la casa del Beto, pero acabaríamos así: agujerados y al suelo. 

    Resignados, fuimos al Oxxo que está en la contra esquina del edificio del PRI, compramos un "seis" de Indio, cada uno y nos fuimos, ya no nos molestamos en entrar al metro, ya eran las 12:01, y mejor agarramos paso hacia la Ribera de San Cosme. 

    Qué distintas se ven esas calles, no es lo mismo el trayecto bajo el sol, con el atosigante calor y el paso acelerado bajo una plancha caliente y fumando. Aquí hace frío, nos preparamos para el evento en el que Desi y yo iremos, aunque falten unos cuantos meses para ello. La noche se ha desplomado, y los edificios se enfundan en traje de gala, el mercado de San Cosme se mira sombrío, llegar al Circuito Interior me hace sentir un ligero alivio, pues estamos próximos a la Normal, lo que no me alienta, es atravesar el fantasmagórico Casco de Santo Tomás, y la posibilidad de ser abordados por alguien. 

    Son las 12 y cuarto, hemos caminado tan rápido, que apenas una lata nos ha durado de Revolución, a la Normal. Apenas escuchamos nuestros pasos, y el sonido de una lata arrojada al pavimento de concreto; en mi mente se recrean las imágenes del ataque militar al Poli en el 68, vamos hablando de todo y de nada... Nada pasa por Medicina, Contaduría, y antes de siquiera pensar en atravesar por Economía, nos pasamos por la "Willy", y entonces sentimos que nuestras gónadas se subieron a la garganta, pues llegando a ese extremo de Calzada de los Gallos, estaban asaltando a una pareja. Y en ese momento en que nos vieron a lo lejos, comenzamos a correr pues, se dieron cuenta de nuestra presencia y estuvimos a punto de ser presas de ellos. 

    
No miramos atrás, corrimos lo suficiente para retornar a nuestro punto inicial, la idea era irlos a perder por Biológicas pero, era meternos a otra boca de lobo; aprovechamos que no había tantos vehículos cruzando y nos pasamos corriendo hasta las vías del tren. Beto acabó pisando un gallo destrozado, pues en los márgenes de las vías, hay casas, y tienen pollos ahí, casi siempre los pollos acaban aplastados por el tren y ese cruce, está lleno de cal por la cantidad de aves despedazadas por los rieles. 

    Caminamos tan rápido que "hasta el alcohol se nos bajó". Y nos empezamos a reír, quién diera la vida por volver a experimentar dicha adrenalina, no quisiera repetir el intento de asalto, pero estar con tu mejor amigo, con el alcohol de 4 jarras y más, y de repente ser perseguidos, nos hizo ver varias perspectivas de la vida, pero no hará falta hablar de ello. 

    Seguimos caminando, nos ponemos los audífonos, al calor de otras 2 latas, y con la furia de "Dive" de Nirvana, nos vamos acabando la noche; salen a vernos, se asoman por las ventanas, por los zaguanes, solo vamos gritando  con una línea incansable de "Dive! Dive! Dive! Dive with me!". 

    La vida ahora, no se ve desde el fondo de una jarra, de un tarro... La lata ahora solo me deja ver la mitad de mi campo visual hacia abajo, mañana, y quizás en algunos años, nos reiremos de esto. 

24 ene 2022

El sueño en Stereo.

 


Quiero que te quedes conmigo, quiero que no dejes de estar aquí, te conocí en una noche en que me invadió cierta necesidad de ser compañía y en consecuencia, me vi en la necesidad de seguir contemplándote. Un cubierto caído al suelo, un piso alfombrado, un derrame de Bailley's, fueron las cosas que me llevaron a resquebrajar un pésimo recuerdo tuyo de nuestros días de escuela. 

    Ahora, despierto, y después de un desayuno que me reanimó, me he quedado con el recuerdo y un poco de burlas, quisiera que nunca hubiera llegado el momento de frenar el consumo de tequila contigo, ni que la plática acabara, mucho menos el baile: tú sin zapatillas, y yo sin habilidades de coordinación de mis extremidades al ritmo de una salsa (no así de un rock'n roll). 

    Es temprano por la mañana, es un día soleado intenso de los últimos días de enero, y pensar que ya no iba a ir a la fiesta que nos hizo encontrarnos. 

    Ya no quiero despejar la idea de lo que encontré al conocerte, y temo que de esto, incurra en la posibilidad de incorporarte a una serie de historias que me dejaré por largo rato clavadas en mi mente; son tiempos de presumir nuestras maravillas por la gloria de los cables y la red, y yo he pensado en la necedad mía de verte tomada de mi mano, del lado izquierdo, en algún sitio verde, en algún lugar soleado, disfrutando de lo que el poco tiempo que nos queda de la adolescencia nos permitirá, era tal mi conexión contigo que, buscaba sitios verdes para estar contigo, y acabaste dedicándote al paisajismo. 

    Es una mala mañana, pero huele como imagino sería pasear contigo, y hoy por la noche, me dispondré a buscar sitios en donde tú y yo podamos acudir a caminar, pues me he formado una idea terca, e inocente de ti. 

    Han pasado las semanas, y mi viaje virtual de sitios en la ciudad por explorar contigo, me ha llevado a nombres que son hoy un "pan de cada día" en mi academia; sin querer, el haberte conocido, me estaba llevando por un trecho al cual debí seguirle la pista desde que entré a la preparatoria. No me arrepiento del trayecto que voy a recorrer. 

    La Romita, el Acueducto de Guadalupe, Los Remedios, Tenayuca, Parque de los Venados, Parque de los coyotes, Parque hundido, Centro Nacional de las Artes, Cuicuilco, nuestra Ciudad Universitaria, Coyoacán, recuerdo con atención los detalles de aquella primera conversación, pero me he perdido entre el paisaje y las máquinas. Ha pasado una semana y recibo una primera nota, y así sucesivamente me he hallado en una idea ficticia de una vida a tu lado, fotografías contigo, la torre Latinoamericana, fotos en la cúspide de ella, tú y yo mirando soberbiamente a la cámara en que alguien nos hizo el favor de capturar ese momento que, se quedó mejor que una fotografía que se acabaría rompiéndose, o borrándose. 

    No puedo esperar a verte, a pensar que alguna vez te volveré a ver, siquiera para tomar un café, beber una cerveza, y platicar largo y tendido. Quiero eso, quiero mi vida en tu vida y viceversa. Quiero que nos perdamos dando vueltas, y rodeados de plantas, de verdor, de azul celeste y de agonizante sol, quiero los colores de una flor, la perpetuidad de una laja al suelo, la calma y la paz de un río que desemboca en un lago, el trinar de las aves, la constante del viento y la luz, contigo. 

    Sé que puedo darte un cariño que creo que puedes merecer, que mi poca visión quizá me permita vislumbrar, porque cuando está oscuro, todo empieza a verse más claro en esta constelación, cuando te invoco por las noches, cuando apareces en la escuela y vas por mí para robarme un rato, entonces, saber que sueles encontrarme en cualquier lugar, me confirma que nada es casualidad; y así tenga la suerte pequeña de acompañarte con tus cosas a salir de la escuela, o a estar jugando en el pasillo perverso donde nuestros talleres se juntan. 

    No quiero dejar pasar este momento, porque en tu andar, veo que los años te endurecerán, forjarán un carácter en ti que, me hará prescindible en tu vida; no por una búsqueda de eterna sumisión en ti, si no porque soy consciente que estás más enfocada a un objetivo, que a la bohemia idea mía de tu entereza profesional, coludida con mi romántica perdición y desvío de mis rutas... En algún momento, nuestros caminos se dividirán, y estará bien. 

    Quiero verte, y sentir que mi mejor amigo nos está cantando, quiero tener el sonido de las cuerdas de un violín, una guitarra y un Rhodes de fondo. Quiero que demos vueltas y vueltas, tomados de la mano, que tengamos una viñeta con tonos oscuros y chispas. Que podamos sacar chispas para encender un fuego intenso, tener un zoom anatómico; y es que, no hay más tiempo que perder, el mundo en unos años más, se irá a la mierda, y yo quiero tener contigo una foto enmarcada, y el aroma de un pastizal quemándose a lo lejos, o de un limpiador cítrico en el ambiente mientras hacemos posible un amor fotográfico. 

    Sé que podremos ir haciendo una plática larga, que ha sido natural esa conexión, y sé que incluso puedo estar haciendo posible un sobre entendimiento de esta conexión nuestra, pero quiero que lo nuestro se vuelva un rito, que podamos pasear por Roma, estando aquí, dulce criatura. Quiero que estés segura y que ya no tengas dudas, destruir mitos juntos, sentir a tu lado que es extraña esta ciudad, e incluso sentirme fuera de escala. 

Pero, sobre todo, hacerte saber que... prefiero seguir tus pasos. 

6 abr 2021

Cuándo te has ido (el amor, el deseo en el hormiguero)


¡Qué días estando allá!

En el montículo de hormigas, donde si bien, todos tenían cuerpo de hormiga, y había mucho maíz por esa zona, y la abrasión de la ciudad en esa zona hizo que otras faunas llegaran a ese punto. Ahí, las tardes, como aquí, se aprendieron a amar, se teñían de amarillo áureo, un naranja amelocotonado, las nubes viajaban y a la vista del cielo azul nunca taparon, el sotavento las llevaba a la puesta poniente creando una gama de celajes imponentes. 

    Han pasado muchos años desde el momento en que cerré la puerta de ese lugar donde residí por última vez, y ahora que he vuelto, no puedo decir mucho de las caras de las personas, pues nunca me interesaron, pero he visto varios puntos que sí se han transformado, la mayoría siguen igual. 

    Hoy, en tiempos de encierro, decidí emprender el viaje desde el Metro Revolución, caminar por la Ribera de San Cosme, esquivando Puente de Alvarado, paso la casa de Mascarones, metro San Cosme, la ESANS, Circuito Interior, el cine Cosmos, el metro Normal, la Normal Superior de Maestros, el Casco de Santo Tomás. 

    Hay carriles confinados de bicicleta, el calor que se percibe es el mismo, mi música igual y es que esta, ha sido preparada con antelación ante la posibilidad de tomar calle y aprovechar ese sol que a mis 21 años tenía la costumbre de caminar. Ese lugar fue lo que el amor en dos personas que no se agradaban, aquí vine a madurar, aquí enfrenté mis primeras decepciones y llorarles mientras fumaba un cigarrillo, mis decepciones laborales, la crueldad del mundo y de los principios mentales que dan origen al placer. Aquí encontré poco a poco razones para amar la nada, aquello que nadie veía  y que solo yo disfrutaba; cuando ya el mundo dejó de resultarme fastidioso, cuando una mujer con nombre de "deseo" me coloreó y saborizó mis días con cerveza y cigarrillos, en un largo trayecto, acabé por rendirme a los pies de esta vida ahí. 

    15:00 horas, después de un largo día de recibir quejas de telefonía y responderlas de manera escrita, de probar unos tacos "campechanos" y un agua de un litro para aguantar las largas jornadas sentado, salía disparado de ese viejo edificio de avenida Yucatán, otro largo recorrido me esperaba en metro, llegar a la Normal caminando desde Insurgentes al metro del mismo nombre, transbordar en Pino Suárez, o caminar a Chilpancingo para hacer el largo trayecto a la línea 2 y transbordar en Chabacano y llegar a mi destino. Tenía la opción de subir a un transporte público, pero era más desesperante la espera, sentado, y la luz del sol pegándome mientras el carro llenaba gente. Opto por seguir caminando, atravesando puestos de comida, a futuros maestros, automotores aparcados, la hojarasca tirada y la sombra de las frondas de los árboles: atravieso la Avenida de los Maestros, llego a la Superior de Medicina del Politécnico, camino por una gran acera. 

    Hay un mix de canciones dispuestas a hacerme vivir el momento, llevo cuatro cigarrillos aún sin encender, hay varias jacarandas aguardando al momento de florecer... Es noviembre, octubre, febrero del siguiente año, ¡qué más da!  Estoy viviendo un momento único, no sé por cuánto tiempo será, pero seguro estoy que está siendo. Llego a Calzada de los Gallos, llego a las vías del tren, he llegado a un oasis llamado Nueva Santa María, mis canciones en español se cuentan una a una y he llegado a Eulalia Guzmán, voy con el sol a plomo, mi mochila Vans ahora no viene cubierta de aroma a cigarrillo pero voy en silencio, solo se me ve caminar por la gran calle, con unos audífonos naranja y la música a todo volumen, pienso en Desirée. 

    Atravieso la avenida, y camino dos cuadras, nada novedoso, solo casas del antiguo fraccionamiento, el Colegio La Paz... enciendo mi cigarrillo. Hace calor (como Los Rodriguez me cantaban), me estoy secando, mi piernas sienten el rigor de andar a las tantas de la tarde y mi deseo en la cabeza. Mis botas pesan, se han aligerado mis pasos, he atravesado el parque Revolución y me dirijo a Guanábana, voy por el segundo cigarrillo, me seco cada vez más, y a pesar de la sequía inducida, continúo avanzando. Mis canciones me han hecho ligero el viaje, a veces suena Jarabe de Palo, a veces es Enrique Bunbury, a veces es Miguel Mateos, Fobia, Las Pelotas, Radio Futura, Andrés Calamaro, Gustavo Cerati, José Fors, Amaral ¡qué lujo que todas esas voces confluyan en el recuerdo de la Desi! ¡Llegar a Azcapotzalco jamás había sido tan grato!

    He llegado a casa, una puerta a tiro de búnker nos abre paso. Tiro las cosas, no me quito las botas a pesar del dolor de piernas experimentado, me he quedado dormido, estoy sudando, estoy pagando la gracia de mi andar. Solo quiero que llegue la puesta de sol. 



Aquí, el atardecer con una cajetilla de cigarros y una cerveza da pie a mi ritual; al atardecer, veo al sol pegarle a las copas de los árboles, a las palmeras, los pájaros conocen el panorama mediante sus vuelos. Todo es color oro, amarillo, celajes de melocotón, como mi casa y su aroma a durazno. 

    El primer trago y suena "Bocanada", y libero mis estreses, mis ansiedades, maximizo al amor y me vuelvo uno con ella, aunque conmigo no esté, aunque solo la haya visto una vez, su recuerdo y persona han quedado para siempre. Con "Audiorama", intento recorrer la cinta de la película que me devuelve a aquél 24 de octubre en que la fui a dejar a su casa tras la feria del libro del Zócalo: Av. Monterrey y Nayarit donde se despide y me abraza, yo sigo mi curso hasta la glorieta de Insurgentes, yo traigo prendado ese recuerdo y en esta tarde, mirando al sol ponerse y romper las nubes. 

Su recuerdo, me baña con la luz del sol, el sabor de la cerveza, y "Córdoba" de Duncan Dhu. 

31 mar 2021

Cuando el invierno toque la puerta.





Cuando la distancia se amplia,
a veces, el rencor carcome,
cuando los silencios nos abandonen,
cuando no hallamos la salida.

Cuando el rencor aparece,
el amor que antes resplandece,
hoy se destroza o se reblandece,
es golpeado y se entristece.

Afloran los dolores ocultos,
la pereza lo alimenta,
los esfuerzos se vuelven tormento,
son el camelo de un amor profundo.

Cuando el rencor aparece,
el despecho florece,
el arrebato se hace manifiesto,
la distancia vence al tiempo,
cuando el despecho vence,
la razón palidece.

Nos convertimos en poseedores,
nos olvidamos de ser amantes,
suponemos que nunca debió ser
supongo que siempre así fue.

Pues en las espinas de la mentira,
se han cobijado los pretextos,
se ha colgado la toalla y en esta pelea,
acabas por culparme del préstamo de tus fallas.

Cuando el rencor nos rompe,
el amor parece solo un nombre,
cuando se nos forza a callar al alma,
cuando se nos obliga a guardar la cara,
entonces la marejada de horror,
nos hará más doliente el amor.

24 mar 2021

El mareo de la noche.



Qué ocurre, de repente me ví acompañado de tres amigas, pero algo me ha hecho virar a los lados, he subido al transporte, es sábado 2 de mayo, 2009. Pasan los minutos y sé que aproximandome a las 8 de la noche, algo pasará que me hará sinuosa la intención de querer salir de mi casa, el día se ha colocado en tonos grises, hay un frío extraño y el resoplo del viento ha hecho que hasta los codos me duelan.

    Tengo $500.00, estoy ansioso porque, veré a mi amada en unos momentos, no es el sitio que me gustaría estar con ella, pero estaré con ella.

    He subido al transporte, francamente siento miedo y el frío de una noche en la que acaba de llover, no ha hecho más que complicar las cosas y el ambiente. "Puente de Vigas" luce tan tétrico, desde antes de salir de casa ya había recibido las primeras reprendas acerca de mi salida, y parecía que ya me habían marcado el destino ahí. Mi teléfono queda sin señal, está oscuro, camino en línea recta regresando de un punto a otro, hasta que decido subir la cuesta de la avenida, subir el puente y llegar al sitio acordado por mi amada, he librado el peligro de estar a 6 km de mi hogar, nos han recibido en el sitio, hemos pagado "un cover" que ya nos ha dejado acceso a comidas, bebidas y baile.
    
    No imaginan cuánto odio esos sitios, la gente se llena de humo, luces, y son sitios para ir de cacería. Nos han llevado vodka, nos han llevado "Malibú", ella me ve con un poco de reserva, quizás dentro de sí hay algo de reserva hacia mi persona, creo que ella está midiendo distancias, y me es inevitable no sentirlo.

    Hay un par de furtivos hombres, han visto a mi novia tras mi renuencia a bailar; yo me he mantenido sentado viendo al vaso lleno de ese líquido blanquecino y empalagoso, que por empalagoso se declara fuerte de alcohol, solo observo una y otra vez el ambiente, luces neón, humo de hielo seco, el aroma de los cigarros y las colillas ahí, amontonadas, los vasos cada uno a uno, yéndose de la mesa por los empleados quienes no dejan de verme, no han parado de mirar cual rastrero animal acechando algo que no debería rondar; he visto que a mi amada se le acercan estos hombres, ella baila con uno de ellos pero, ella misma ha dejado a uno con tal de sentarse conmigo y llenarme la cara de besos. He visto a ese par preparando el ataque, quizás en el baño, quizás en la salida, supongo yo esperaba un navajazo, un puñetazo.

    Siento el aroma del alcohol por la nariz, el cigarro se ha impregnado en mi lengua, he comenzado a flaquear, he mirado al reloj en signo de malestar, solo faltan tres horas para que del lugar nos pidan retirarnos, yo no lo disfruto y he comenzado a sentir sueño, me he quedado dormido, me han sacado de ahí, la cabeza me da vueltas, y en breves episodios recuerdo estar fuera del recinto, en el frío y esperando un transporte que posiblemente nos vaya a llevar o no al destino, en el salón han determinado que no pueden tener a alguien que se ha quedado dormido.

    No recuerdo como llegué ahí, pero estoy en la sala de ella, ese mueble en que semanas atrás en tiempos de pandemia porcina, me vi besando sus mejillas y quitarle su labial color café claro que tanto amaba; ahora me tiene en sus brazos, me ve llorar, no sé por que lloro, pero algo me ha sacado el alcohol, quizás el miedo, quizás he visto lo que se acerca. Ocurrirán las semanas y no podré siquiera recopilar las cosas que pude decir, solo sé que acabé en brazos de ellas cuando se suponía debía ser su guardia. A mi amada no le ha quedado de otra que decidir por mí, supongo le dejé en vergüenza, supongo quise defender su existencia de aquellos furtivos ojos, supongo solo fue escuchar el sufrir de mis ojos por la cantidad de alcohol ingerido, sé que ella me dejará, lo he visto y ella supongo, no hará más extenso mi malestar, ha decidido dejarme.

    Su ausencia no se podrá hacer más patente, me mandará una misiva, y cortará de tajo todo esto, me dejará con la intención de saber qué pasará, qué ocurrió, habrá momentos en que se sabrán con la capacidad de contar y saber lo ocurrido de ese entonces, pero habrá momentos en que el poco valor ganará, y diremos que "no, que es mejor dejarlo así."

Se de todo esto, que el alma la tendré partida por mucho tiempo.

Una flor.


Busco una flor,
que no presuma sus espinas, 
que no alardeé de sus hojas secas, 
que no presuma sus raíces, 
ni que forcejeé a que vean sus otoños.

Que sea auténtica, 
que no clame que miren sus pasados, 
ni sus cenizas, 
que no busque el equilibrio, 
mediante la incesante del conflicto.

Busco a una flor que no se autoproclame perfecta, 
que sea una perfecta imperfecta, 
que sea un alma libre, 
sin ganas de herir a nadie...

28 ene 2021

Fantasmas

 


Cuando una persona muere, su espíritu queda encerrado en el escorzo que forman los muros en donde su cuerpo físico respiró por última ocasión, por ello, las almas penan, quedan ahí y vuelven frío el ambiente, ahuyentan a quien resida en esos lugares, no soportan la idea de compartir espacio con seres vacuos y frívolos por ello recurren al espanto. 

    No les basta que les pongas velas, no basta con llamar al curandero, ni al espiritista para comunicarse con él. Las almas son un lemento etéreo que queda atrapado en las paredes, en los rincones, en el filo de las cornisas, en las juntas de los mosaicos, en las tuberías. Lo mejor es derrumbar la casa, hacer fallar las estructuras y que todo vaya acabando poco a poco para ese sitio, que la ruptura de sus muros deje escapar todos los lamentos, todos los suspiros de este o todos los seres que han transitado en ese lugar.  

    Y si me lo preguntas, respondo a ello que, derrumbar un sitio, significará reconstruir algo que traerá nuevas historias. 

Cuando no estás.


H
e pasado los días, los meses, las vidas caminando solitario por las calles vacías, andando por fríos paisajes y, provocándome el sosiego mediante la sed, que con el alcohol podría ser apagado. 

    Llevo días pensando en esa maravillosa cualidad mía de ganarme a las personas, para el fin inicial, llegar a la meta y sentirme maravillado de tu compañía. 

    Y llegué contigo, después de un largo trecho casi conocido por mí; yo me pasé semanas mirando por la ventana. Me ha costado tiempo y cabello saber en qué momento sería el idóneo para saberme feliz con alguien. Intenté hallar fórmulas, romper algunas ya creadas; ser feliz y tratar de ser tolerante ante la beligerante diferencia mental que me supuso alguna por ahí, me dejé llevar por el curso de la vida... Y no quise repetir esa fallida metodología, regresé a un planteamiento evolucionado. 

    Cuando se mira tanto a la ventana como si se mirara tanto al interior de uno, y se tiene la cabeza llena de cosas, no es fácil que cualquier vibración haga efecto en uno; esa vibración tendrá que ser especial, debe generar música, colores, luz, paz. 

    Entonces, llegamos a nuestro puerto, me invadía la idea de saberme caminando contigo, con los perros, por el parque o yendo a alguno de esos restaurantes a los que acostumbraba acudir a solas; entonces el desear tanto la llegada o materialización de algo, cuando se tiene, se comienza a veces una etapa de desprecio o de desapego progresivo. 

    Yo no quería eso, pero creo que tampoco he podido hacer de lado la historia que te embarga, yo sé que no has podido hacer de lado a esa persona por la que viviste tanto y por tanto. Yo sé que hiciste el apreciable esfuerzo de tratar de vivir el hoy y el ahora conmigo, y te estoy completamente agradecido que por este tiempo me permitieras reimaginar la película que vimos cuando la universidad, y generar escenas mejores, argumentos todavía más sólidos y una vida hincada en el terreno, nuestra realidad no iba a ser capturada en Zaragoza o en Teruel, pero me bastaba con Coyoacán y Santa María la Ribera. 

    Me di cuenta cuando llegué del trabajo en el Castillo, te noté con el diablo adentro; y es que soy tan débil ante tí, que un promontorio en el mar me gritó irritado que las olas eran esa verdad que escondías. Ya no me sorprendía, aunque quise no ver que estabas pasando por una situación en que seguramente, una llamada te hizo toda la revoltura de emociones.

    Amor mío, no me siento derruido por dentro, sin embargo, un golpe a tiro de resquebrajo me dio cuando tuvimos nuestra comida con vino tras tu regreso, y te vi con la cabeza gacha, llorabas al preparar todo, llorabas por las noches y no quisiste decir palabra alguna, solo sonreías musitadamente. El declive de mi ánimo se dio cuando, en una noche en que debía resolver el resguardo de un convento me robaste de la mesa, tú, investida con una camisa mía bajo el argumento del encanto que te provocaba mi perfume, nos vimos enredados en pies y manos en cuestión de minutos... Sollozaste otro nombre. 

    Supuse te sorprenderías, supongo el éxtasis te había consumido que olvidaste mi nombre, o no te percataste de lo que dijiste; y en consecuencia, me gané el olvido, me regalé aislamiento. Me preguntaste posteriormente el porqué, muchas veces llegabas con las cosas de la cena y al escucharte llegar, prefería tomar mis cosas y salir, no volver pasada la medianoche. El estudio se tiñó de azul, y tu provocativa investidura desapareció, por yo haberme hecho a un lado... Cuando ya te cansaste corazón, cuando te agobió la serie de historias creadas por ti y darte cuenta de lo ocurrido al nombrarte al anterior ser humano, solo callaste y apoyaste la frente a la palma de tu mano. Y no lo negaste, ni te empeñaste en confirmarlo, ya no había mayor confirmación que el fondo musical de "Cuando no estás", y el sol del agonizante día.

    Ahora, he vuelto al inicio, mi estudio yace cubierto de focos, he cambiado el interior, y la ventana permanece abierta al resplandor del sol de las tardes, al soplar del viento. Hay aún un parque y los perros en el; los restaurantes también permanecen, pero solamente yo, acudo a gastar mis momentos ahí, suspirando por tu ausencia, y el regocijo de una saludable vuelta a la soledad. 

14 ene 2021

A tu lado...



En el día 44 sin tI, me pasó que veía las nubes, escuchaba pistas saliendo de una bocina imperceptible, invisible, y de repente, lo que estaba cubierto de nubes, ya se había transformado en velos discretos de cielo color lila tornasolado; ya era común ver algo así desde los días 39, 40 y 41, el 42 estuve por tomar la calle y el viento me hizo retraer mi paso para solo terminar por darle vuelta al cerrojo de mi casa y no emprender la huida.

     Y es que en la rutina que llevaba en soledad me iba con la idea, con el pensamiento que había días malos, días flojos y los días fuertes, y de esos solo me quedé contigo que los lunes y viernes eran los fuertes, pues creo en la idea de que el primero era por iniciar la semana, y el segundo, por alguna fiesta, evento o salida que pudiera darse (¡como si eso en una persona tan huraña como yo se pudiera esperar!). Sin embargo, a pesar de todo, de los parches de ausencia, del cambio de volumen y tono tuyos, de asimilar que esto podría ser el siguiente paso a la evolución de lo nuestro. Tengo fé y esperanza de que esto perdure, aunque he deseado tanto tener una bola de cristal que me diga lo contrario, o me lo confirme.

     Aquí en el complejo que supone el ramillete de edificios de la zona norte donde me ubico, al no tener cerveza, cigarros, o algo que me haga querer maximizar tu recuerdo con esta tarde, me da por salir a caminar a estas horas, pero hoy quise poner en "repeat" una canción, pensarte y platicar conmigo mismo con mi taza de café en la mano (siempre lo hago, hago de cuenta que no pasas una plática mía con un recuerdo de tu anterior vida) y los colores de un atardecer tras una jornada grisácea y nubosa. Me da mucha melancolía esto, pero supongo, es mi forma de ir sacando todo lo que tengo atorado.

     Le Corbusier no puede suplir toda la atención que tengo hacia las nubes, logro descartar el sonido de los perros, pues hay muchas canciones que se han dispuesto a abrirle paso a la melancolía, entonces el ver los pocos rayos golpear a una torreta de acero, me hace aún desear el momento en que podamos estar juntos. He intentado desechar todo pensamiento que se pueda echar a perder en mi, he intentado conducirme por el camino de los sueños en que tú y yo podamos vernos caminando por una ancha banqueta, disfrutando del amor que el maleficio en el aire no nos permite disfrutar (o del que me limitaste para tener que dejar para después).

7 mar 2018

Solo por eso.


No te pido que acabes conmigo, tampoco que vuelvas en estas breves ausencias, sin embargo, es difícil no voltear hacia el cielo, hacia las estrellas, hacia el más allá y lo que significa el azul de las tardes o de los amaneceres, los rayos de sol, que inevitablemente me recordarán a ti.

    Mordería mis labios de emoción, al no tener un café, un cigarro, una cerveza para un atardecer, un sitio en el que, los cantos y las aves pueden mostrarme la maravilla de olvidar el peso de mi presente y de los momentos en que me hallo así, lejos de tu calor y el frío de tus manos. Y de paso, celebrar tu tardío regreso y tu primera llegada. 

    Es probable que con estas cosas, solo disminuya el valor de mi vida como un ente en esta tierra, pues alguien podría considerar que no vivo la vida. 
Estuve pensando, eres una mujer ocupada; me tocó estar en casa con los hijos, y no imaginas cómo extrañé tu mirada somnolienta y cansada, hace ya una semana que partiste, hace unas horas que te comunicaste para reportarme tu estadía, tu estado, preguntar por los hijos peludos, fui a dejarte al aeropuerto y quedaste de regresar, ibas tan bella y arreglada, ibas oliendo tan bonito, distinto a como te conocí. Íbamos por el pasillo de la terminal, en la zona de abordaje, sonaban los tacones de tus botas mientras las ruedas de la maleta se deslizaban sobre el suelo ceramizado del lugar. 

    Mientras esperábamos al llamado para el abordaje, quedé imberbe. sin inmutarme; jamás habías estado tan lejos de mí; ni siquiera en los 13 años en los que permaneciste lejos, y hoy me hallo con el temor de que no regreses; el mundo se ha vuelto un sitio lleno de tanta porquería y si me preguntas si a pesar de ello, hallo maravillas... La respuesta es, sí. 


    Pero han dado el llamado, me abrazas, te despides y te veo perderte en la exclusa que te llevará al avión. Hemos sabido de ti por las imágenes que nos compartes, por las videollamadas, por las llamadas; y cuando llamas, qué grato es escuchar tu voz y preguntar cómo he estado, y saber que ante mis cuestionamientos, tus respuestas son positivas, pues estás bien, estás maravillosa, eres maravillosa, y tu voz al teléfono es la esperanza que regresa a mí, después de la oscuridad que significa el dormir por las tardes y cansado por los proyectos en puerta. 


    Ha pasado más de una semana, y no me basta con escuchar al Príncipe para admitir el preludio de la felicidad que la terminal 9 me trae, las canciones que Ana sigue haciendo resonar cuando en estos días y en compañía de Ozzy y Terry, me hallo dando vueltas por la glorieta, o andando entre las calles que nos miran andar juntos todos los viernes al ir a comer un asado, o al ir por un café (o los domingos en los que me ves corriendo con un par de cajas de pizza). Ha pasado una semana en la que, me divierto con la idea de tu regreso, y de repente, apareces, con tu vestimenta, con tu abrigo claro y tu blusa negra. 


    Me veo con el rostro iluminado, con una pancarta que te anuncia que alguien moría por verte y un ramo de tulipanes que se abaten ante el movimiento de mis brazos que se abren para recibir el golpe de tu cuerpo junto al mío, al abalanzarte sobre mi y verme así; ojalá nunca te fueras, ojalá nunca tengas que ir a hacer tus labores en el otro lado pero ¿quién soy yo para impedirlo? Si tantos años me ha costado admitir que la mayor muestra de amor, y la mejor, es la libertad. Aunque también sientas pocos ánimos de irte, y te resistas a ir al despacho sujetando mi cabeza, alborotando mis cabellos acercándome a tu pecho, olor a Carolina Herrera, y la luz del sol por el ventanal y el parteluz de nuestra casa. Nada me quita la felicidad de saberte muy dentro de mí, de saber que te sientes querida, que a pesar de tus agobios y las tensiones de tu trabajo, siempre tienes tiempo para contarme cómo va tu día y qué te preocupa; la forma en como tomas la taza con el café, la forma en como miras hacia la mesa y como te mueves cerrando los ojos cuando me acerco a masajear tus hombros, tan cansados. Y aún así, cansada y todo, tienes música, llevas mucha e inspiras a que escuche canciones que me lleven a ti. 


Y al final... Verte con mis camisas, semidesnuda invadiendo mi estudio. 

2 dic 2017

La espera en la estación.


A tí que estás por llegar, por venir a dejar huella, como probablemente nadie ha hecho, como probablemente nadie lo hará o como harás a tu modo; te escribo esperanzado, mirando las lunas de diciembre y con el corazón al aire, y a la vez en la mano ante el riesgo que se enfríe. Esta temporada, mi núcleo sentimental se pone en modo "retador", mi mejor amigo y yo hemos pasado por tantos desencuentros, por permitirle el paso a personas que no debieron estar, por darme el chance de no ser paciente y ceder ante la presión de "no quedarme con las ganas". 

En esta noche, te escribo a ti, que seguro andas en camino de entrar, de llegar y tocar a mi puerta, si no es que con tus ojos ya llegaste a iluminar los amaneceres en los lugares más grises de mi existencia; me hallo implorando mediante canciones, la paz que mi envolvente llamarada anhela antes que pretender incendiarlo todo, porque estoy seguro que está por consumirse todo y las cenizas que esto deja, duelen cada vez más, conforme cada año muere, y conforme más viejo me hago; pero también me hallo con la ilusión de que la maravilla de tu llegada, sea equiparable al comparar a evolución de las especies hasta nuestros días, vivo con ello desde hace unos cuántos años, desde hace unos meses, desde casi siempre, y ahora, el otoño solo ha hecho que desee estar en varios sitios a la vez, y a la vez en ninguno, me recluyo en la fatiga de ver al mundo desmoronarse y saber que en este universo, soy una nebulosa entre tantas constelaciones. 

Por las noches, al ver la luna, pienso en ti, que aún no te materializas, que aún no apareces, que aún no te escucho ni te siento, pero que estás cerca y te siento así, porque seguro habrás pasado por tantas cosas antes de llegar ahí, como seguro pensarás lo mismo cuando esté por llegar. Pasamos por valles verdes y por laberintos de rosal, en donde chocar con algún extremo del trayecto a la salida o la meta, implicaría salir lastimado a costa de la belleza que nos colma; e intento no llenarme tanto de esa luz que en exceso, para que no nos lleve a la ceguera, que ello no me invada tanto y por ello recurro a la desesperanza para no perder los pies. Te escribo esperando que, aunque ya te encuentres aquí, ni siquiera sepas que en mis adentros ya te esperaba con esas ansias que asemejan a las estrellas cuando oscurece; esa misma impaciencia de la tierra en tiempos de canícula, esperando que las lluvias apacigüen la incesante marcha del calor. 

Te escribo pensando que estás cerca, todas las noches me pasa, todos los años pasa, todos los atardeceres son la forma en la que veo morir al día, en la que podré morir un poco, pero revivo ante la esperanza de poder sentirte a mi lado, y poder dedicarte cada una de las cromas que los celajes vespertinos hoy me dan, y que nos regalarán. 

Admito estar loco en el pasado, creí haberte encontrado en otras personas, hice a un lado a otras pensando que estabas ahí; admito creer que te encontrabas en la locura oculta en la belleza incandescente de aquella con nombre de flor, admito haber hecho una incursión errónea en terrenos que estaban siendo habitados, ilusionado ante la posibilidad de haber encontrado algo más que me llenara los ojos, pues en esa incursión me encontré con alguien que sentí sería el catalizador de todo mi veneno; admito saberme perdido por seres que llegaron haciéndome creer que el cariño que sentían o sienten podía ser inquebrantable, pero ocultaban su rostro al mundo cuando quisieron llevar a cabo su demostración con hechos de todas esas palabras, o me cambiaron en su flagrante turismo emocional... Hubo a quién le cerré la puerta cuando sus reclamos me amargaron la existencia, a quien sus ideas falaces de libertad hicieron que me llenara de furia, a quien quiso tener posesión sobre mi actuación y mis pensamientos sin siquiera haberle dado entero acceso; me declaro abyecto al contacto mediante teclados, pues me ha ido agotando, aprecio las distancias, los reencuentros tras las mismas y las letras escritas a mano. 

Hoy, me encuentro depurando ciertas cosas, asimilando lo que no puedo cambiar, para que el veneno de mis enojos no te haga daño, para mantener la puerta abierta y que el acceso sea solo tuyo, que mi jardín sea verde y te encuentres sentada en un fresco pasto o a la sombra de un roble mientra el sol cambia los tonos verdes del resto de las plantas y que la fronda de este mismo sea la pérgola que de la lluvia de cubra. 

Si llegas, estaré agradecido de la cantidad de situaciones adversas que me condujeron a ti; si demoras, consideraré  el esperarte más tiempo, pues me darás oportunidad de hacer algunos arreglos a la decoración de mi estancia. Y si no llegas, o decides no quedarte, estaré agradecido por el paso de tu estrella fugaz que hizo, me llenara de tanta esperanza y ternura.